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Ante la serie de artículos publicados por El Nuevo Diario sobre el aumento de nicaragüenses que han solicitado visas en los consulados ticos en Nicaragua (Managua y Chinandega), dirigentes de organizaciones civiles promigrantes en Costa Rica advierten que la esperanza de mejor vida con que sueñan los nicas les puede resultar en un espejismo.

Para Quxabel Cárdenas, de la organización Enlaces Nicaragüenses, el incremento del 150% de las solicitudes de visa en el consulado costarricense en Managua --según informó a este diario el canciller Javier Sancho Bonilla-- no deja de causar alarma, debido a que muchos nicas emigran al amparo de una visa de turista, cuya vigencia es apenas de 30 días; la mayoría lo hace sin tener un destino de trabajo fijo, y, en el peor de los casos, cruzan la frontera por puntos ciegos, evadiendo los controles migratorios e infringiendo las leyes.

“Lo que pasa es que no hay políticas de información para el migrante en Nicaragua”, señala, tras exponer que las leyes costarricenses son claras: “solo tienen posibilidad de adquirir cédulas de residencia las personas casadas con costarricenses o que tengan hijos nacidos en Costa Rica”.

Así mismo, recordó que los permisos de trabajo se otorgan únicamente a personas que tengan un contrato laboral desde septiembre del año pasado, “y solo cubre a peones agrícolas, peones, albañiles, carpinteros de la construcción y empleadas domésticas. Nada más”.

Cárdenas explicó que quienes llegan con visa de turista y sin trabajo, podrían encontrar un empleo, pero, como estarán indocumentados, “lo más seguro es que acepten un contrato con largas y arduas jornadas de trabajo por un salario miserable, y sin que su empleador o patrono les garantice las prestaciones sociales que les corresponden”.

Expuestos a explotación

Javier Gómez, miembro de la Coordinadora de Sindicatos Bananeros de Costa Rica, Cosiba, que aglutina a peones nicaragüenses, ticos, y panameños, agregó: “Ante la falta de información, muchos emigran sin saber la dura realidad que les espera aquí… Después de los treinta días las personas caen la categoría de irregulares, y se tornan vulnerables a la explotación laboral y a la deportación”.

Cárdenas y Gómez coinciden en que los ministerios del Trabajo de ambos países deberían informar de manera eficaz sobre las condiciones en que deben viajar los migrantes en busca de trabajo.

Para Gómez, un factor que podría estar empujando las solicitudes de visa, es la multa de US$100, que entrará en vigor en agosto de este año. El monto es por cada mes que el migrante permanezca con visa vencida en el país.

“Muchos han viajado continuamente a Nicaragua para evitar que les apliquen esta multa”, aseveró Gómez.

El incremento en las solitudes de visa en el consulado tico en Managua lo condicionan factores como el desempleo y las plagas en las cosechas, como es el caso de la Roya del café, que afectó 32,000 empleos en el campo, indicó Cárdenas, de la organización Enlaces Nicaragüenses, tras señalar que muchos creen que en Costa Rica se vive mejor porque los salarios son llamativos.

 

"Pero se debe tomar en cuenta que además de los problemas que conlleva el estar irregular o indocumentado, el costo de la vida es alto, hay que pagar alquileres a precios elevadísimos, o vivir en cuartos y precarios (asentamientos) en condiciones paupérrimas. Y lo más triste, es que conlleva a la desintegración familiar".

Quxabel Cárdenas

de la organización Enlaces