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Hoy es día de los muertos, pero al histórico Cementerio San Pedro, ubicado en la capital y clausurado en 1922, no llega ni un alma. El vigilante del sitio, Jorge Antonio Morales, cuenta que en esta fecha las tumbas del camposanto, contrario a las del resto de Managua, permanecen sin flores ni coronas.

Y tiene razón. En cementerios como el Oriental y Central, los visitantes que llegan a enflorar a los difuntos se calculan entre 50 mil y 200 mil, entre el primero y dos de noviembre de cada año. Esto sin incluir a los comerciantes de flores, vendedores ambulantes y limpiadores de tumbas.

Morales refiere que sólo el tres de noviembre tiene visita. “Ese día se aparece por estos lados un señor como de 85 años, bajito y blanco, de allí nunca nadie más viene... hasta en junio o en julio se aparecen los liberales para coronar a José Santos Zelaya (presidente de Nicaragua entre 1893 y 1909)”, comenta el señor.

El visitante en cuestión, según Morales, baja de una camioneta Hilux y luego, a paso cansado, se dirige a una tumba sin inscripción, ubicada cerca del monumento al Maestro Gabriel.

Estando allí el desconocido “tira” a la tumba dos flores rojas. “De allí se va a como vino”, menciona. “Yo no le sé el nombre, en realidad nunca se lo he preguntado, lo único que sé es que cada año viene aquí (al San Pedro)”, recalca tras quejarse por su soledad. Aunque menciona que con el trabajo que tiene le garantiza a su familia unos 1,300 córdobas al mes.


No hallan a sus muertos
En el resto de cementerios, en cambio, la bulla abunda. “Aquí (el Cementerio Oriental) parece un hormiguero, fíjese que la gente ni siquiera halla a sus muertos, a mí me toca ubicarlos todo el tiempo”, cuenta el ubicador de sepulturas Douglas Díaz.

¿Cómo lo hace? Bueno, él dice que con el nombre del deudo y la fecha de sepultura lo logra. “Eso es suficiente porque me voy a registro y veo el grupo y el lote para dar con ellos”, refiere, señalando que nunca se aburre y que por la tarea se gana 3,500 córdobas al mes.

Mateo Jarquín, del departamento de Administración del cementerio, estima que a éste llegan, entre el primero y dos de noviembre, entre 50 mil y 100 mil personas desde pobres hasta ricos. “Nosotros ya no tenemos ni lotes para vender porque el cementerio está copado”, refiere. El cementerio Oriental cuenta con 34 “grupos”, cada una concentra desde 500 a 1,000 tumbas, según Jarquín.

Uno de sus infaltables visitantes es Joaquín Mora, quien acude cada dos meses al cementerio descrito. Aunque en noviembre, de cada año, él hace una excepción: lo visita dos veces para adornar la tumba de su madre Mélida Mora, quien falleció hace diez años.

“Vengo, y a como puedo le pongo sus florcitas, más no se puede hacer”, dice el señor de 78 años. Él vive en el barrio Batahola Sur, con uno de los siete hijos. Sin embargo, siempre llega solo a “coronar” a su mamá. “Le rezo siempre un padrenuestro y una ave maría, y después, bueno, después me voy”, comenta, tras indicar que su gasto es de 15 córdobas por los moñitos de flores.

Aun así, a los vendedores de ese producto no les va mal. Martha Margarita Silva, de Villa Libertad, menciona que sólo ayer vendió diez baldes de flores, cada uno con 50 moños de 10 y 50 córdobas. Es decir, que por lo menos obtuvo 5 mil córdobas.

“Pero el moño que más estoy moviendo es el de diez córdobas... aunque he sacado la inversión”, destaca la joven, quien desde los 17 años tiene ese negocio en el cementerio junto a una docena de comerciantes.


Occidental, el más visitado
El cementerio occidental o General, sin embargo, capta más gente y más vendedores. Su administrador, Elías Zapata, apunta que por lo menos entre 100 mil y 200 mil personas se aparecen por el lugar en los días mencionados. A esas se suman las doce vendedoras que se apuestan desde horas tempranas en las afueras.

“Y hablamos de que en el cementerio ya no se venden lotes, está clausurado porque ya tienen dueños los 33 mil lotes que tiene (cada uno con espacio para dos o diez tumbas)”, señala.

A ese camposanto usualmente llega gente de peso, como don Carlos Tunnerman, connotado intelectual nicaragüense, a quien ayer se le vio coronando algunas tumbas en la zona.

Francisco Vallecillo, jefe de cuadrilla de los operarios del cementerio, indica que previo al dos de noviembre, Día de los Muertos, siempre piden refuerzos para remozar el sitio. “Nos vienen ayudar unos 200 trabajadores, luego se van y nos quedamos ocho cuidando las 36 manzanas que concentra”, reitera. Por esa función los operarios devengan 4,100 córdobas al mes. Mientras Vallecillo recibe 4, 600 córdobas.

Ese sueldo es fijo, sin embargo, otros no tienen asegurada la paga, como los “limpia-tumbas”. Don Pedro Fletes, de 73 años, contó ayer que le fue mal en el día. “Sólo logré limpiar una tumba, me gané 25 córdobas por eso. Y ya es el mediodía y siguen sin aparecer clientes”, dice. A Eustaquio Bermúdez y a José Santos también les fue mal.

El primero llegó desde Matagalpa al cementerio Oriental con la idea da ganarse un buen dinero, pero sólo consiguió limpiar dos tumbas, es decir, ocho tumbas menos respecto un año atrás, y se ganó alrededor de 40 córdobas. Entre tanto, Santos viajó desde Ciudad Darío al sitio, sin embargo sólo 30 córdobas logró ganarse. Aun así, ambos confían en que hoy la “mala suerte” cambiará el rumbo.


Origen del producto más popular
¿Sabe usted de dónde salen las flores para coronar los muertos en la capital? Lejos de provenir de los mercados Carlos Roberto Huembes, Oriental o Mayoreo, las flores son originarias de Costa Rica, Matagalpa y Masaya, específicamente de una comunidad rural llamada Pacayita.

En esa zona los lugareños hacen de todo para sobrevivir. En verano, por ejemplo, se dedican a elaborar artesanía de barro y a cultivar granos básicos como arroz, frijoles y maíz. Mientras en invierno, tras iniciar la siembra de Postrera, el segundo período agrícola del año, preparan también el suelo para el cultivo de crisantemos.

Julio José López es uno de los jefes de familia que apuestan al último quehacer. “Junto con mi socio, Marcelino López, cultivamos este año una manzana de crisantemos blancos y amarillos, producidos con abono orgánico gracias a las capacitaciones del programa Campesino a Campesino, uno de los socios de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG)”, comenta.

De la manzana salen unos 1, 500 moños, que para esta fecha se están vendiendo a entre 35 y 40 córdobas por unidad a los comerciantes de Managua, “porque los costos subieron”, argumenta.