Jorge Eduardo Arellano
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El País

Aunque el colecho (dormir juntos padres e hijos) tiene sus seguidores, un estudio ha puesto de relieve que meter al niño en la cama de los padres cuando se despierta a mitad de la noche aumenta el riesgo de que desarrolle problemas para conciliar el sueño en el futuro.

¿Pueden los comportamientos de los padres influir directamente en los hábitos de sueño de sus hijos a largo plazo? Más allá del colecho, pocos estudios han analizado cómo se establecen los hábitos de sueño de los niños, aunque parece ser que la forma en la que los padres meten a los niños a la cama y sus rutinas alrededor de la cuna podrían tener un efecto en los futuros hábitos y en la calidad de sueño de sus hijos.

Investigadores de la Universidad de Montreal, en colaboración con el Hospital del Sacre Coeur, en Canadá, han publicado un estudio en la revista Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine que relaciona de forma directa ciertos comportamientos de los padres con una previsible alteración en el sueño de los niños a largo plazo, que se manifiesta especialmente entre los cuatro y seis años de edad.

En el estudio participaron 987 padres y madres que fueron entrevistados sobre sus costumbres a la hora de poner a los niños a dormir: si los acunaban hasta que se dormían, si los dejaban despiertos en la cuna o si se quedaban a su lado hasta que caían dormidos.


Tres disfunciones
La investigación estudió tres disfunciones: problemas para conciliar el sueño, pesadillas y dormir menos de lo normal. El equipo de Valérie Simard, una de las investigadoras principales del estudio, concluye que meter al niño en la cama de los padres cuando se despierta a mitad de la noche aumenta el riesgo de que desarrolle problemas para conciliar el sueño en el futuro.

‘Nuestra hipótesis’, afirma Simard, ‘es que estos niños que se despiertan durante la noche y duermen con sus padres no aprenden a consolarse por ellos mismos. Hay estudios que no han encontrado relación entre el colecho y las alteraciones del sueño en otras culturas. Esto es porque en estas culturas (asiática o afroamericana) el colecho es la norma. Por lo tanto, podemos aventurar que el colecho está relacionado con problemas de sueño en las sociedades en las que esta práctica no es lo normal, esto es, en la mayoría de las occidentales’.

La solución equivocada
Así, costumbres como dar de comer o beber a los niños puede solucionar el problema en una primera fase de la vida del bebé, o convertirse un poco más tarde en la solución equivocada. ‘Las madres creen que los niños sólo lloran cuando están hambrientos y pueden acostumbrarse a darles de comer cuando se despiertan, lo que es negativo para bebés de 29 a 41 meses y puede provocar que tengan pesadillas o una reducción de las horas de sueño a partir de los cuatro años’, afirma Simard.

Aunque el estudio no analizó a niños de más de seis años, los efectos de los malos hábitos y del colecho podrían extenderse más allá de la edad de preescolar. ‘Los padres muchas veces practican el colecho como una reacción, pero esto no es lo mejor para evitar problemas en el futuro. Aunque nuestro estudio no ha demostrado esto, mis años como psicóloga infantil me dicen que si un niño tiene problemas de sueño existe un riesgo de que lo asocie con una experiencia estresante. Si el niño, además, duerme con los padres y no aprende a separarse de ellos y consolarse él solo, podría darse el caso de que nunca aprenda este proceso y necesite ayuda profesional en el futuro’, concluye la investigadora.