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Penas y penurias en viejas cárceles de Nicaragua

La estadía fue corta, pero marcó su vida para siempre, porque a raíz de su llegada a las viejas instalaciones de la cárcel La Modelo, perdió el trabajo, el grado de subcomisionado y su imagen.

“Las condiciones son muy duras, de insalubridad total y de hacinamiento. Las condiciones del edificio son precarias”, resume el ex reo, a quien llamaremos “Ricky”.

En Nicaragua existen ocho cárceles, que juntas suman más de 200 años de existencia y tenían una población penal de 9,801 reos hasta diciembre de 2013, según datos oficiales. Hay dos en Managua y una en cada una de las ciudades de Juigalpa, Matagalpa, Estelí, Granada, Chinandega y Bluefields.

“Las paredes están desnudas porque el mismo preso no cuida y todo lo destruye. No hay servicios higiénicos, sino un orificio donde los reos tienen que hacer puntería. El agua también es escasa, incluso te dicen que no es para tomar porque no sé si el manto acuífero está contaminado o qué, pero uno se la toma. Cuando hay agua permanentemente, la gente pasa bañándose todo el día, te bañas y te bañas”, relata“Ricky”.

Camastros de cemento

“Los camastros son de cemento, pero mucha gente duerme en el piso o como murciélagos: guindados del techo en las hamacas. Hay ventanas, pero son pequeñas y enverjadas, igual que el techo. La gente con el tiempo logra hacer espacios en ese tramado metálico, pero no se escapan porque no quieren y porque el centinela que está en la torre te puede disparar”, sigue contando.

“Definitivamente la infraestructura de los centros penales es demasiado vieja”, dice Denis Darce Solís, director de proyectos y capacitación de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), la única organización que este año obtuvo permiso para visitar las cárceles del país y verificar las condiciones de los privados de libertad.

Cuando a “Ricky” le toca describir un día en La Modelo, abunda en detalles: “Te levantás temprano a bañarte, el baño no tiene regadera, tomás un recipiente, lo llenás y te lavás en el mismo lugar donde hacés tus necesidades, porque ahí está el desagüe. Algunos lavan la ropa en la mano, aunque en algunas galerías hay lavanderos”.

Luego viene el desayuno, el almuerzo, la cena: arroz y frijoles. Esporádicamente les sirven carne. “No hay comedor, eso solo se ve en las películas de Estados Unidos”, ironiza.

“Esas carencias en la infraestructura te desmoralizan, pero la ventaja de La Modelo es que vos estás en una especie de cuartería porque es un salón amplio y abren las celdas. Entonces vos podés andar ahí todo el día y te da la falsa sensación de libertad. Cuando te encierran y te enllavan más tarde, vuelve la psicología de preso”, explica.

En la galería donde “Ricky” estuvo preso por violación, había un televisor, lo que él califica como “todo un lujo”. Quedó libre en 2009, tras permanecer dos meses y medio en la galería para menores infractores, donde lo acomodaron porque había sido policía.

Cuando un jurado lo declaró no culpable, el trámite de excarcelación duró 12 horas que le parecieron una eternidad. “Nunca había valorado tanto la libertad como cuando puse los pies fuera de La Modelo”, recuerda.

Piden aseo

Martha lleva cuatro meses de estar yendo a visitar a su hijo de 19 años, quien permanece preso en La Modelo. El joven todavía no ha sido condenado.

“Un día encontré a mi pobre hijo lempo y temblando, le pregunté qué le había pasado y me dijo que tenía frío, tos y calentura de tanto dormir en el piso. Yo le dije, ¿y por qué no me dijiste? Aunque me empeñe, buscaré cómo comprarte una colchoneta o una hamaca, pero en el suelo ya no dormirás, le dije. Fue horrible saber eso, tal vez por vergüenza él no me decía nada”, comenta la mujer con los ojos llorosos.

Al sumar los años de funcionamiento de cada reclusorio, juntos reúnen más de 200 años de existencia. La Modelo fue inaugurada en 1958, según versiones no oficiales, y la remodelaron años después. Las otras datan de la década de 1980.

Denis Darce, de la CPDH, señala que algunas de las instalaciones que hoy son utilizadas como centros penales, además de ser obsoletas por sus más de 20 años de existencia, no fueron construidas con ese propósito.

Esto lo ha reconocido la Procuradora de Cárceles, Helena López.

Dos centros nuevos

El Nuevo Diario solicitó por escrito una entrevista con autoridades del Ministerio de Gobernación, para conocer si existe un diagnóstico oficial sobre la infraestructura de cada reclusorio, el presupuesto y qué planes hay para construir nuevas cárceles. La solicitud no tuvo ninguna respuesta.

“Los actuales penales se siguen utilizando porque no hay muchos recursos para nuevas instalaciones”, afirma López, funcionaria de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.

“En el caso del penal para mujeres La Esperanza, su vida útil expiró y está en construcción el nuevo penal, siempre en carretera a Masaya. El proyecto, con un perímetro de 20 manzanas, contempla una granja para sembrar hortalizas y criar aves y animales de corral, con lo cual mejorarán sus condiciones de estadía y su dieta alimenticia”, revela.

López asegura que el penal de Bluefields también será clausurado, porque “originalmente era una casa que se utilizaba de oficina, sin condiciones y no da abasto, de tal manera que hay más privados de libertad en las celdas preventivas (de la Policía) que en el penal”.

Aunque la procuradora López no da detalles de dónde será construido el nuevo reclusorio de Bluefields, indica que este y el de mujeres cumplirán con los parámetros establecidos para penales modernos y, además, tendrán instalaciones para reeducar y luego reinsertar a los reos en la sociedad.

“En el caso de la penitenciaría La Modelo, lo que tendrá será una ampliación para contener a los reos de mayor peligrosidad”, anuncia.

Para la CPDH, el problema de fondo en las cárceles es el hacinamiento que presiona los servicios básicos y afecta las relaciones entre custodios y reos y entre los mismos presos, mientras la infraestructura se deteriora mas.

La situación de los centros penales no es una situación sobre la cual solo un gobierno tiene responsabilidad, porque son problemas que llevan más de 20 años".

21

millones para reemplazo y ampliación del sistema de seguridad en Tipitapa

43.5

millones para mejorar y ampliar sistemas hidrosanitarios en los penales

28

millones para construcción de un nuevo centro penitenciario en Bluefields.

41.5

millones para rehabilitar y ampliar todas las penitenciarías del país.