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“El  desafío de Sánchez Cerén es que la economía crezca”

El nuevo presidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, mantendrá como prioridad las relaciones entre El Salvador y Estados Unidos, vaticina el Dr. Arturo J. Cruz Sequeira, profesor pleno del INCAE.

En el caso de Costa Rica, donde el próximo domingo será la segunda ronda electoral, el virtual ganador, Luis Guillermo Solís, tendrá como desafío el tema fiscal, cuyo déficit es mayúsculo, afirma Cruz al ser consultado por El Nuevo Diario.

Hay expectativas sobre los cambios que pueden suscitarse en El Salvador, al asumir el exguerrilero Salvador Sánchez Cerén. ¿Cuál es el cambio que avizoras frente a la administración Funes?

Avizoro muy poco cambio. A partir de 1996, El Salvador ha registrado bajas tasas de crecimiento económico, lo que significa, entre otras cosas, que los ingresos tributarios del Estado salvadoreño son insuficientes para satisfacer las exigencias de su ciudadanía. En el 2014, apenas se anticipa un crecimiento de 1.6%, con un déficit fiscal que ronda 4.0% del producto, y el agravante de una deuda pública, cuyos niveles, organismos como el FMI clasifican de preocupantes. La insuficiencia tributaria no se resuelve aumentando la carga impositiva, la cual ha aumentado en los últimos cinco años, sino más bien, por el lado del crecimiento. Mientras tanto, los márgenes fiscales del gobierno para profundizar en la agenda social de Mauricio Funes son muy estrechos, por lo cual y con mucha dificultad, lo más probable es que además de los subsidios al gas licuado, energía eléctrica y transporte público (cuyos montos dependen del precio del petróleo y en ocasiones han superado los 400 millones de dólares anualmente), el gobierno de Sánchez Cerén continúe con los programas del vaso de leche, útiles escolares y zapatos para los estudiantes de menores recursos.

Sánchez habla de mantener "el programa de nación". ¿Cómo podemos interpretar eso con relación a las corrientes de izquierda que hoy gobiernan en Latinoamérica?

Creo que se refiere a lo que acabo de decir. Un compromiso de Sánchez Cerén, a pesar de las múltiples presiones a que el gasto público se expanda, de mantener los desequilibrios fiscales dentro de parámetros manejables. El desafío de Sánchez Cerén es que la economía crezca, para lo cual las tasas de inversión deben superar el 15% del PNB (el promedio de los últimos 5 años), lo que requiere que los empresarios nacionales y extranjeros se animen a asumir los riesgos de invertir sus ahorros en El Salvador. La noche del 9 de marzo, ante sus seguidores, Sánchez Cerén expresó respeto a la propiedad privada y ofreció a los empresarios su voluntad de cooperar y mantener con ellos una comunicación fluida, concluyendo con su deseo de cultivar relaciones amistosas con el gobierno y el pueblo de los Estados Unidos. Después de todo, 35% del PNB salvadoreño está ligado a las remesas, maquilas y turismo nostálgico; en otras palabras, a la economía norteamericana. Las relaciones entre El Salvador y Estados Unidos continuarán siendo la prioridad del gobierno del FMLN, y si el nombramiento del Canciller es un indicador de lo dicho, es bien sabido que el regreso de Hugo Martínez a ese cargo, es visto con entusiasmo por el establishment de política exterior en la capital estadounidense.

¿Qué puede pesar más en el nuevo gobierno de El Salvador en términos de políticas públicas: los millones de salvadoreños en Estados Unidos o las alianzaspolíticas con gobiernos de izquierda, como el de Venezuela?

Los dos millones de salvadoreños en el extranjero, cuya mayoría residen en los Estados Unidos, representan transferencias netas para sus familiares en El Salvador de casi cuatro mil millones de dólares anualmente. Este monto supera con creces los flujos de inversión extranjera directa, y se acerca al valor de las exportaciones del país. Por el otro lado, cabe preguntar: ¿El gobierno de Venezuela, a través de PDVSA, se encuentra en capacidad de absorber a otro gobierno nacional como receptor de su cooperación económica? La producción de petróleo venezolano se estima en 3 millones de barriles diarios, de los cuales, 740 mil son para el consumo nacional, 120 mil para Cuba, 60 mil para Nicaragua y República Dominicana, además de los 300-500 mil barriles diarios con los que se cumple el pago de los anticipos financieros que China continental le extendió al gobierno de Venezuela. Estos números le dejan a PDVSA un balance cada vez más precario para cubrir su multitud de compromisos que requiere el "gasto público expandido" en Venezuela.

¿Cómo marcará el futuro político de El Salvador el hecho que la elección final haya sido tan cerrada, ganando el FMLN por milésimas?

Se va a prestar a que los de ARENA pongan entre dicho la victoria del FMLN, sobre todo cuando se toma en cuenta que el ciclo electoral no ha terminado de cerrarse, ya que en marzo del 2015, son las elecciones para diputados nacionales y para las autoridades de gobiernos municipales. Lo que es indiscutible es la magnitud del triunfo del FMLN aún con una ventaja de solamente 6.364 votos, algo que analistas tan distinguidos como el comandante guerrillero Joaquín Villalobos consideraban prácticamente imposible, alegando que el FMLN con un candidato presidencial "pura sangre", no podía ganar en primera vuelta, y mucho menos en segunda. La victoria del FMLN es equivalente a como si Daniel Ortega en el 2006, hubiese ganado las presidenciales con el 50% de los votos más uno.

También se esperan cambios en Costa Rica, con el ascenso sorpresivo del académico Luis Guillermo Solís. ¿Qué giro podemos esperar en la política tica?

Los comicios próximos en Costa Rica, más que una elección, es la aclamación de Solís a la primera magistratura del país, ya que el candidato de Liberación, ante lo que profetizaban las encuestas, optó por renunciar, no a su postulación, pero si a la campaña para la presidencia del país. El principal desafío de Solís será la cuestión fiscal, con déficits mayúsculos registrados durante los años de la presidencia de la señora Chinchilla, lo que obligo a que su gobierno adquiriese deuda pública a ritmos preocupantes. Todavía Costa Rica tiene espacio para continuar contrayendo obligaciones financieras, mientras encuentra la manera de cerrar la brecha entre el gasto y los ingresos públicos. Esto último sin embargo requiere de una ley fiscal con mayoría calificada, lo cual es muy difícil si se toma en cuenta la fragmentación en la representatividad parlamentaria. En el cuatrienio 1988-2002, de los 57 diputados, 50 pertenecían a Liberación y a Unidad Social Cristina, los dos grandes partidos de la Costa Rica de las últimas décadas; este número disminuyó a 30 en el cuatrienio 2010-2014, con los otros 27 diputados distribuidos en 6 partidos. En el cuatrienio 2014-2018, Liberación y Unidad Social Cristiana cuentan con 26 diputados, y el resto se distribuyen en siete partidos. Entre los siete partidos restantes se encuentra el de Luis Guillermo Solís, Acción Ciudadana, con 13 diputados, destacándose entre los de su bancada, el fundador del partido, Otón Solís, con posibles pretensiones a un liderazgo compartido. Es tal vez por lo dicho, que el futuro Presidente de Costa Rica anunció que por los próximos dos años se dedicará a que todos paguen sus impuestos, y solamente después de este esfuerzo, propondrá una nueva ley tributaria.