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Cuando cumplió 14 años, Walkiria Gunera tuvo el valor para retar los planes que su mamá tenía para ella. “Le dije: ‘Mire mamá, lo mío es ser bombero, no ser policía’”.

Gunera logró su sueño, pero ahora, a sus 18 años, ya no sale tanto a las calles para atender emergencias. Una lesión en uno de sus tobillos la mantiene ejerciendo labores administrativas en la Asociación Civil Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Nicaragua, Accbvn.

“Me doblé un tobillo atendiendo el incendio en el volcán Masaya (abril de 2013), me mandaron dos meses de reposo y luego pasé a trabajo de oficina”, cuenta.

La joven, quien ya es madre de un niño de tres años, forma parte del grupo de ocho bomberos que trabajan de forma permanente con la Accbvn, en Managua.

La organización nació hace 21 años para apoyar el trabajo de la Dirección General de Bomberos, DGB, y hoy tiene presencia en una veintena de municipios.

“Mi mamá siempre me decía que no vale la pena ser bombero voluntario, que estaba gastando mis energías a cambio de nada”, relata Gunera.

Sin salario

Otro de los bomberos es Geovanny Mora, de 30 años, quien se dedica a esa labor desde los 20.

Ni Gunera ni Mora devengan un salario, pero han expuesto sus vidas para atender las emergencias de otros.

Mora nunca olvidará las palabras de una anciana a la que trasladaron de urgencia en una ambulancia desde su casa, al hospital.

“Nos dijo que éramos ángeles enviados por Dios, porque ayudábamos sin recibir nada a cambio, que siempre iba a estar agradecida con nosotros”, recuerda. Luego, sin titubear, enfatiza: “Yo voy a ser bombero voluntario hasta mi último suspiro”.

El edificio

En la Accbvn de Managua lo más moderno son tres camiones cisterna y una ambulancia, donados por Wisconsin Nicaragua Partnership y el gobierno de Rusia.

El terreno que ocupan en Las Colinas es prestado por la Fundación “Angelita Morales”, y aunque es amplio, solo cuenta con dos construcciones pequeñas, una en el centro y otra en el fondo de la propiedad.

En la construcción del centro están parqueados los “medios”, como llaman a los vehículos; también hay una polvosa mesa de billar, un viejo comedor para ocho personas, un escritorio con una computadora, y un cuarto donde se divisan algunos catres y casilleros.

Aquí no hay un tubo por donde se deslizan los bomberos desde una segunda planta al escuchar un llamado de emergencia. Aquí unos cocinan mientras otros barren o limpian los “medios”.

El mayor Ignacio Pantoja, jefe de la Estación de la Accbvn en Managua, explica que aparte de los ocho bomberos voluntarios, que se dividen en dos grupos de 4 para hacer turnos de 48 horas cada uno, cuentan con el apoyo de 80 bomberos voluntarios que, a pesar de tener un trabajo fijo en otros lugares, cumplen con 12 horas de servicio a la semana.

Los de “medio tiempo”

Entre esos 80 bomberos voluntarios hay médicos, arquitectos e ingenieros, entre otros. Pantoja afirma que una vez recibieron a un niño que tenía incrustado un anillo en uno de sus dedos medios, así que lo llevaron a la clínica del doctor que colabora con ellos y allí tuvieron acceso a medios especializados para quitárselo.

El bombero voluntario Geovanny Mora tiene tres hijos, una niña de un mes de nacida y dos niños de 5 y 12 años. Ellos y su esposa, que es ama de casa, son las razones por las que en algunas ocasiones ha pensado en dejar este trabajo, más allá del hecho de no recibir ningún salario.

“No es por lo económico, es por el tiempo que dejo de dedicarle a mi familia”, afirma. Y es que al ser parte del grupo de bomberos voluntarios permanentes, Mora entra, por ejemplo, un lunes a las ocho de la mañana y sale el siguiente miércoles a las nueve de la mañana.

Emoción y realidad

Mora asegura que una de las cosas que más le gusta de su trabajo es el momento en el que salen a atender una emergencia: suena el teléfono, les dicen de qué se trata, se alistan en un minuto y se montan en la ambulancia o en el camión cisterna, rumbo al lugar del hecho.

Dice que aunque eso le provoca mucha emoción, lo primero que hace es pedirle a Dios regresar tal y como está saliendo. “Por eso me da mucho coraje cuando al final se trata de falsas emergencias”, indica.

El año pasado la estación de la Accbvn en Managua atendió ocho falsas alarmas, aun cuando no reciben las llamadas que los ciudadanos hacen a los números de emergencia, porque tienen un número convencional directo.

A Gunera, por su parte, le apasiona el trabajo de bombero, sobre todo el rescate en estructuras colapsadas, la extinción de incendios y la atención de emergencias médicas, pero cuando el capitán Ignacio Pantoja llegó a su casa, en Ciudad Sandino, para notificarle que debía dedicarse a labores administrativas, no le quedó más que acatar la orientación.

Sin embargo, las tardes de los sábados se queda en la Estación para apoyar a sus compañeros en la atención de alguna emergencia, mientras que los domingos los ocupa para terminar su bachillerato en el Instituto Costa Rica, y para estar con su hijo.

“También atiendo un bar-restaurante de mi papá y con eso me ayudo económicamente”, comenta.

¿Cómo se mantienen?

Los bomberos voluntarios no reciben ningún presupuesto del Estado ni de algún organismo internacional, por lo que obtienen recursos realizando inspecciones eléctricas en empresas y casas, y capacitando en primeros auxilios, evacuación y extinción de incendios.

Algo paradójico es que estando expuestos a tantos riesgos para su vida y su salud, los bomberos voluntarios no tienen seguro social. “El Hospital Central Managua nos apoya con chequeos periódicos a los muchachos o cuando alguno de ellos sufre alguna lesión, y también vamos a los hospitales públicos como cualquier ciudadano que no tiene seguro social”, revela.

Uno de los principales retos de los bomberos voluntarios es el acceso al combustible. El mes pasado, por ejemplo, el gasto en combustible fue de C$62,000, asegura Pantoja. En el 2013 la Accbvn de Managua atendió 1,312 llamados de emergencia, entre los cuales hubo 315 traslados de pacientes, 174 accidentes de tránsito, 82 enjambres de abejas y 17 incendios.

“Tocarle la bolsa a la gente es lo más difícil; nos exigen atención, pero si les pedimos para el combustible, ¡ni quiera Dios!”, afirma.

 

"Nos dijo que éramos ángeles enviados por Dios, porque ayudábamos sin recibir nada a cambio".

Geovanny Mora

Bombero voluntario

 

"Mi mamá siempre me decía que no vale la pena ser bombero voluntario, que estaba gastando mis energías a cambio de nada".

Walkiria Gunera

Bombero voluntario

 

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VOLUNTARIOS de tiempo completo tiene la Asociación Civil Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Nicaragua

 

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VOLUNTARIOS son de “medio tiempo”