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La fama del municipio de Diriomo de ser un “Pueblo Brujo” está llamando cada vez más la atención de los turistas, que por interés de conseguir ayuda para resolver algún problema o para conocer de cerca lo que se dice del lugar y de la gente, acuden con mayor frecuencia a esta ciudad.
Algunos de los “curanderos” o adivinos afirman que los han visitado hasta turistas que han llegado en los cruceros que arriban al país, quienes los han buscado para recibir atención sobre diferentes problemas.

Turistas “embrujados” en Diriomo

Localizar su vivienda resulta lo más fácil y no es necesario hacer cita previa para ser atendido. La hora tampoco es ningún inconveniente. Los conductores de mototaxis del Parque Central se ofrecen de guías a los visitantes.

La casa de Andrea Peña Aguirre, en el barrio El Rastro, en Diriomo, es visitada diario por decenas de personas de todos los rincones del país, porque hace más de cuatro décadas que se dedica a “ayudar a las personas que padecen enfermedades que la ciencia no puede curar o mejorarles su suerte”, según explica.

La casa, construida de adobe, con techo de tejas y un corredor en el centro, como toda casa de la época colonial, no se diferencia de la mayoría que hay en el pueblo.

Andrea ronda los setenta años, tiene las facciones de los indígenas que poblaron primero la zona, los chorotegas, lo que hace más difícil adivinar su edad. En la sala de su casa y en su consultorio hay más de un centenar de imágenes de santos, la mayoría del Divino Niño, de quien dice ser devota y al que celebra cada año.

UNGUENTOS Y CÁSCARAS

“No soy bruja, ni nada por el estilo, soy curandera y guía espiritual”, aclara de entrada. Se identifica como médico naturista, sanando a los pacientes con ungüentos a base de plantas y cáscaras de árboles. También se auxilia de velas y oraciones como armas para vencer la enfermedad y la mala fortuna.

Su casa dista mucho de lo que se conoce como el refugio de una bruja. No es oscura ni tétrica, ni llena de telarañas, y tampoco usa sombrero negro de pico. No tiene bola de cristal ni se aprecia ninguna escoba voladora alrededor. Al contrario, tiene teléfono convencional, celular y TV con cable, y a los visitantes obsequia tarjetas de presentación.

En la sala, ocho personas esperan con paciencia ser atendidas. Curiosamente, todas mujeres. Los motivos de sus visitas son diversos, desde tratarse una enfermedad, saber con quién se la “pega” su marido o conocer el futuro mediante la lectura de las cartas.

Las mujeres no tienen ningún reparo en responder el motivo por el que consultarán a Andrea, pero se niegan a brindarnos su nombre, y menos ser fotografiadas.

“Vengo porque desde hace días ando un dolor en el cerebro, ella es muy buena, yo le tengo fe, ya he venido otras veces”, expresa “María”, habitante de Masatepe, mientras amamanta a su bebé.

ACLARA ROBOS

“María” cree en la eficacia de Andrea por experiencia propia. Hace un par de años se perdieron unas herramientas en el taller de ebanistería de su familia. Al consultar a Andrea supo que el ladrón había sido un trabajador y lograron recuperar los equipos.

Hace poco un ladrón se metió a la vivienda de “Darling” y “Sofía”, ubicada en Masaya, llevándose varios electrodomésticos. En vez de poner la denuncia ante la Policía, decidieron ir a consultar a Andrea. “Ir a la Policía es pérdida de tiempo”, aseguran. “Mejor venimos a la fija consultándole a doña Andrea”.

El nombre que la curandera les dio, era de quien ellas sospechaban.

Pese a la existencia de programas que se instalan en teléfonos móviles, ordenadores y tabletas para identificar el lugar en que está el dispositivo una vez que se enciende tras el robo, muchas personas, incluso jóvenes, acuden a Andrea para recuperar sus equipos.

A “Massiel”, una joven universitaria de 19 años, de Masaya, le robaron una laptop. Visitó a Andrea, quien le dijo el nombre y apellido de un “amigo” que aún la tenía en su poder, pero con intenciones de venderla.

UN EMBARAZO MISTERIOSO

Dice Andrea que aprendió a leer las cartas y la mano con un señor, a quien visitó para que la aliviara de sus males. Ella padecía de un extraño embarazo: solamente se le notaba la panza por las mañanas, hasta el mediodía, y después era como si no andaba nada.

“Mis suegros me llevaron donde ese curandero, y me dijo que estaba embarazada y que tenía un aire colocado y por eso la criatura no desarrollaba. Me pusieron en tratamiento, me sacaron un entierro y ya quedé buena”, relata.

Desde entonces quedó con el interés de aprender cómo se “cura” a la gente, y ahora ayuda a las personas que acuden en su auxilio. Afirma con orgullo que son “muchísimas” las personas que han sido desahuciadas por los médicos y ella les ha salvado la vida.

Comenta que siempre existe gente que le quiere hacer daño a las demás personas mediante hechizos o brujería, pero lo bueno es que estas cosas siempre se curan.

La consulta con Andrea tiene un costo de 200 córdobas, pero a quien no tiene dinero o no le alcanza para cubrir la tarifa, igual le atiende. Lo único que les pide es tener fe y confianza en sus consejos, que se tomen la medicina que les brinda.

“Solo trabajo para hacer el bien, si alguien viene a pedirme que le ayude yo le ayudo, pero si lo que buscan es hacerle daño a alguien, de una vez le digo: no cuente conmigo para eso, mejor váyase”, enfatiza.

FAMA SIN FRONTERAS

La fama de Andrea cruzó las fronteras de Nicaragua hace rato. A su casa llega gente de los departamentos más alejados del país, y de otros países como Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Estados Unidos. Y afirma que no se trata solo de personas con escasa educación, sino también profesionales.

Ha recibido turistas que vienen a Nicaragua en cruceros y recorren los llamados Pueblos Blancos, que incluye a Diriomo. Algunos son creyentes de la curandería y otros por curiosidad van a que les lea las cartas del tarot o las manos.

SOBRENATURAL MAS CARO

Otro de los curanderos famosos en Diriomo es Luis Antonio “Toñito” Castellón, quien heredó el oficio de su difunto padre, Luis Castellón. Es reacio a dar entrevistas.

“Toñito”, quien fue vicealcalde entre 2000 y 2004, atiende los días martes, miércoles y viernes de ocho de la mañana a dos de la tarde en su casa de habitación. No brinda consultas los lunes ni los jueves por ser Día del Santísimo. Los domingos tampoco por ser para el descanso.

Por consulta cobra 250 córdobas, pero el precio del tratamiento depende si se trata de una enfermedad natural o “sobrenatural”, siendo esta más cara. Acuden a él personas con la salud deteriorada, gente que ha tenido mala suerte en el amor y los negocios, o que son afectadas por envidias en el trabajo.

Los pacientes deben llevar una foto para que sea estudiada por Toñito, quien descubre el problema. También les pide una muestra de orina. Según los pacientes que esperan turno en el consultorio, este curandero no utiliza la hechicería “ni hace maldad” como otros.

UN ATRACTIVO DEL PUEBLO

Algunos visitantes llegan a Diriomo atraídos por la brujería. En este pequeño poblado con menos de 15 mil habitantes vive una veintena de curanderos o “brujos”, aunque solo seis, cuando mucho, son los de trayectoria reconocida, dicen habitantes del pueblo.

Todos tienen consultorios en sus casas y todos reciben “pacientes” a diario. Existen brujos de magia blanca y los que utilizan sus conocimientos para hacer daño por dinero, explican los consultados por este periódico.

También hay charlatanes que usurpan la identidad de un brujo o bruja reconocida, en complicidad con mototaxistas, quienes se aprovechan de las personas que llegan por primera vez al pueblo.

El trabajo de estos “médicos naturistas” o “consejeros espirituales”, como gustan autodefinirse, también es un elemento importante para la economía de este pintoresco poblado, porque los visitantes utilizan servicios de transporte locales, visitan restaurantes y compran artesanías y cajetas típicas.

 

250 CORDOBAS cuesta la consulta a un curandero en Diriomo


100 CORDOBAS Cuesta leerse las cartas o las manos

 

"Solo trabajo para hacer el bien, si me buscan para hacerle daño a alguien les digo: no cuenten conmigo para eso, mejor váyase”. Andrea Peña, curandera.