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Eneyda Duarte Baca tiene los ojos rojos por el desvelo y se le ve cansada. Está sentada al borde de una cama de madera y sostiene un mango en sus manos; dice que no ha comido y tampoco logró cerrar los ojos en toda la noche. El terremoto del jueves, al final de la tarde, le arrebató más que el sueño; perdió la vivienda pequeña y sencilla donde habitaba con sus dos hijos en Nagarote.

Los niños de Eneyda fueron trasladados a uno de los dos albergues que habilitó la Alcaldía de Nagarote, municipio de León, donde 744 familias resultaron afectadas por el movimiento telúrico de 6.2 grados en la escala de Richter.

El viernes por la mañana, más de 15 horas después del terremoto, Eneyda se resistía a dejar la vieja casa derruida por temor a que le robaran las pocas pertenencias que le quedaban. Esa vivienda, parte de una cuartería ubicada en la entrada del poblado, conocida como el anexo del reparto Orlando Cáceres, es alquilada. Ella y otras familias han pagado C$800 por mes por ese techo que el jueves se vino abajo.

Un patio lleno de camas, de roperos y de televisores, y alrededor techos de tejas en el suelo, es la primera impresión que tuvimos, de la tragedia, al entrar ayer a Nagarote.

“Lluvia” de ladrillos

Acomodada en una silla, cuidando sus enseres y viendo pasar a la gente por la calle, está María Martínez. Tiene 67 años, y asegura que nunca en su vida había sentido un temblor tan fuerte como el del jueves a las 5:30 de la tarde.

Relata que mientras la tierra temblaba, su hijo José Antonio Aguilar, de 30 años, estaba acostado, y “los ladrillos le cayeron en la cabeza y la espalda”.

“Lo que hizo fue tirarse debajo de la cama, y hasta que pasó todo se reunió con nosotros, tenía mucha sangre y tuvo que ir al centro de salud”, dice María, al contar el infortunio de su hijo.

El informe preliminar de la comuna nagaroteña registra seis personas que fueron trasladadas al Hospital “Oscar Danilo Rosales Argüello” (Heodra), de León, y 37 que fueron atendidas en el puesto de salud de la localidad, entre estas el señor Jaime Salinas, de 58 años, a quien tuvieron que practicarle ocho puntadas en la cabeza para cerrarle una herida, luego de que le cayó una lámina del cielo raso de su vivienda.

“Estábamos reunidos en la sala de la casa, lo primero que hice fue cubrir con el cuerpo a mi mamá, que tiene 97 años, y después nos trasladamos al patio con los demás familiares”, cuenta Salinas.

Entrampado en un baño

En la calle que conduce a la escuela “Marvin Palacios” hay mucho movimiento. Son las 12 del mediodía del viernes y el sol es fuerte. Un camión de la alcaldía recoge los escombros regados en las aceras. Las familias aprovechan para sacar fragmentos de ladrillos y trozos de adobe, también televisores y otros aparatos que resultaron destruidos por el sismo.

Allí están Martha Lorena Castillo, sus hijos, amigos y vecinos cercanos, quienes le ayudan a remover los pedazos de lo que fue un muro de su vivienda. En el interior también se observan muchos daños, parte del techo se desplomó, igual que las paredes internas.

Martha comenta que un sobrino suyo quedó entrampado en el baño y otro en un cuarto, donde les sorprendió el terremoto. “Fueron minutos de agonía, tuvimos que mandar a romper las puertas para poder sacarlos, no tuvimos noche, pasamos en vela”, expresa Martha.

Según la evaluación de la comuna, 174 viviendas quedaron no habitables. Para atender a las familias damnificadas, la municipalidad activó dos albergues, el primero en la escuela “Ricardo Morales Avilés”, con 19 familias, y el segundo en la Antigua Estación del Ferrocarril, con seis familias.

Al empezar la misa

Benito Pentzke, párroco de la iglesia Santiago Apóstol, recuerda que se disponía a oficiar la misa del Santísimo cuando sintió el temblor. “Los monaguillos ayudaron a sacar a las personas de la tercera edad”, afirma.

El sacerdote señala que los daños en la infraestructura del templo son cuantiosos, ya que varias paredes se fracturaron y del techo se desprendieron algunas piezas. Con el movimiento, tres imágenes cayeron.

Explica que es un templo colonial que data del año 1600, y por estar construido con adobe su estructura no resistió más.

Suelos porosos y casas viejas

RAFAEL LARA•END/ El responsable del Comité de Gestión de Riesgos de Nagarote, Fernando Oviedo, explicó que el gran problema allí es que las bases del municipio están bajo terreno poroso compuesto por piedra pómez.

“No hubo una zona más afectada, la situación fue general en Nagarote. Son tres metros de piedra pómez, y sobre esto están construidas todas las casas del municipio. Esto hace muy vulnerables las construcciones, y al momento de cualquier movimiento sísmico la infraestructura es muy vulnerable”, dijo el funcionario.

Oviedo señaló que la mayoría de casas dañadas son viejas, con estructuras de adobe y de taquezal, o sea, reglas de madera, ramas, cal y lodo. Si bien este tipo de construcción era tradicional por su bajo costo y por su frescura, también es una infraestructura altamente endeble y de alto riego en caso de sismos.

El vicealcalde de Mateare, Marvin Roa, dijo que la mayoría de las casas están construidas de piedra cantera artesanal o ladrillo de cuarterón.

“Aquí lo importante es que debemos tener la conciencia de contar con un sistema de construcción confiable. Usar columnas, y estas deben estar amarradas por las vigas, pero algunas de estas casas no tienen las vigas”, comentó Roa.

Evalúan daños

José Luis González

Corresponsal de León

El Comité Municipal de Atención y Prevención de Desastres, Comupred, de Nagarote, contabilizó ayer tarde 597 viviendas dañadas, de las cuales 19 están totalmente destruidas.

El alcalde Juan Gabriel Hernández dijo que hacen un censo de la gente más afectada. “Estamos esperando la ayuda humanitaria del Gobierno central. Estamos conscientes de que todos necesitan ayuda, pero vamos a priorizar a los más necesitados”, afirmó.

El funcionario comentó que desde la semana pasada iniciaron en Nagarote la implementación de la estrategia de seguridad humana y ciudadana. “El primer eje de esta estrategia es la protección de la familia ante desastres naturales, estamos educando a la gente en los barrios, porque la principal responsabilidad recae en la familia”, dijo Hernández.