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Los dos policías y el soldado de Ejército acusados de perpetrar la masacre en la finca El Encanto fueron declarados no culpables, el miércoles por la noche, por un jurado de conciencia, bajo la protesta del Ministerio Público y de los defensores de derechos humanos.

Ante esto, oficialmente el Ministerio Público informó que no están de acuerdo con los resultados, pues había suficientes elementos probatorios en el juicio realizado en Bluefields, Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS), indicando que se aplicó fuerza excesiva por parte de los imputados.

A pesar de la valoración de la Fiscalía en este proceso, la judicial dio clausura anticipada al proceso del soldado del Ejército, Wilfredo Adrián Reyes, alegando falta de pruebas que lo inculparan en la acusación de homicidio contra el campesino Santos Reyes. La víctima recibió varios impactos de bala en la espalda cuando intentaba escapar de la casa de la finca, donde instantes antes habían ocurrido las otras dos muertes. Sus paredes de madera con unos 30 orificios de proyectiles de fusiles AK, son testigos mudos del exceso de fuego que aplicaron contra una persona que tenía en su cinto un revólver.

De esta manera, los agentes policiales Feliciano de Jesús Rodríguez Chavarría y José Miguel Romero Corea, además el soldado Reyes, quedan libres de responsabilidades penales por la muerte de los campesinos Wilfredo Salazar, Santos Reyes y Marvin Reyes Leiva, la mañana del pasado 21 de mayo en comunidad El Pavón, finca El Encanto, jurisdicción de La Cruz del Río Grande.

Ayer, en horas de la tarde, la Fiscalía anunció que apelará en el caso de la clausura previa del juicio al soldado del Ejército, el cual disparó en la espalda al campesino que intentó huir tratando de eludir la masacre.

Impunidad anunciada
Gonzalo Carrión, Director del Área Jurídica del Cenidh, y quien dio seguimiento al caso y visitó el lugar de los hechos, indicó que desde el inicio observó diversas irregularidades, desde no preservar la escena del crimen hasta la falta de exhumación de los cuerpos, entre otras. A esto se agregan las diferentes versiones del Ejército sobre los hechos, lo cual comenzó oficialmente como choque armado, para después rectificar la incursión en propiedad privada. Algo que se realizó sin orden de allanamiento ni de captura.

“Todo indicaba la impunidad por la muerte de los tres campesinos y el final era una historia ya hilvanada. El problema es que la sentencia viene de un jurado de conciencia y no tiene apelación. Por lo tanto, el caso queda en la impunidad, y como parte del expediente de violaciones a los derechos humanos en Nicaragua”, expresó Carrión, quien ya había compartido sus preocupaciones sobre el caso.

Comentó que las instancias supuestamente encargadas de velar por la justicia en Nicaragua, dejaron la situación en la impunidad. Según el abogado, esto lleva a la desconfianza, dejando el mal sabor de que la impunidad ya no es extraña en nuestro país.

¿Hubo amarre?
José Ríos, uno de los copropietarios de la finca El Encanto, dijo que el caso fue bien impulsado por el fiscal Luden Montenegro Barrera, quien presentó una docena de testigos; pero más allá del trabajo del Ministerio Público, observó sospechosas las acciones del defensor de los acusados, entrando y saliendo de las oficinas judiciales, hablando con los testigos, y las supuestas palmaditas en el brazo con la juez a cargo; esto, sin faltar que en manos de la Policía de Managua, convenientemente, se perdió el documento de la requisa del arma del Ejército.

“Por otra parte, creo que la juez ya tenía su cuadro rayado. Llamó a uno de los defensores del soldado del Ejército, y directamente dijo que no había pruebas contra su defendido antes de que el juicio terminara. Esto es una payasada. Con tanta evidencia y testigos no podemos creer en esta sentencia. Entonces, pensamos que pudo haber algún amarre”, considera Ríos, señalando que había una inusitada presencia policial en la sala judicial, y aseguró que “metieron en miedo” al jurado, haciendo correr la voz de que si los acusados salían culpables, alguien resultaría muerto.