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El país vive hoy su quinto día de angustia. Todo bajo sus pies tiembla, y anochece con el pronóstico de que algo peor puede suceder. Amanece bajo la misma amenaza y sus pobladores ven impotentes cómo las grietas se marcan para siempre en las paredes de sus viviendas, mientras se sacude el suelo.

Primero fue la alerta amarilla; después, en menos de seis horas, subió a alerta roja, y pasamos después al llamado de cuido extremo. Según informes --todavía preliminares-- unas 2 mil 300 casas han sufrido daños y más de 300 familias viven desde hace 48 horas en albergues.

La vida normal dejó de ser, para vivir un día a la vez, un minuto a la vez. El horror hasta ahora ha causado dos muertes.

En Managua y sus municipios muchos han olvidado lo que es dormir más de tres horas continuas y los niños están aprendiendo a vivir a la intemperie. Todos sufren, lo que dos generaciones anteriores sufrieron aquella madrugada de hace 42 años.