•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Web

Retirados del Ejército y sus familias que habitan en la comunidad Lidia Saavedra, a unos 500 metros de las faldas del volcán Apoyeque están clamando por agua, colchonetas y víveres a las autoridades, quienes están temerosos de los sismos.

La mayoría de ellos que habitan en ese sector desde hace más de 2 años se autoevacuaron a casas de familiares o parientes y en el sitio permanecen entre tres a cuatro hombres que cuidan en unas champas de plástico negro en el lugar.

Ana Mercedes Amador, tiene tres años de vivir en esta comunidad relató a El Nuevo Diario que el día de los fuertes sismos la única manera de protegerse fue aferrándose a los árboles.


El principal problema que tienen y que se ha acentuado más a raíz de la actividad sísmica es la carencia de agua para sus habitantes, relató.

Por su parte, Juan Antonio Morales, otro de los habitantes de la comunidad y quien asegura tener estudios empíricos en relación al movimiento de los astros, indicó que él había predicho hace un mes que el volcán Apoyeque daría problemas a la población.

“Hace un mes descubrí aberturas y derrumbes cerca del volcán, y eso me dio la certeza de que nos iba a dar problemas”, expreso el hombre de 64 años.

Al mediodía de hoy jueves en la zona de Los Brasiles se desplazaban camionetas con colchonetas las que eran entregadas directamente a las personas que se encontraban en un albergue, donde se refugiaron tras el terremoto de hace una semana.

Un equipo periodístico de El Nuevo Diario llegó hasta las faldas del Apoyeque y constató que se siguen produciendo derrumbes en sus laderas y la existencia de pequeñas grietas aparentemente de reciente data, sobre el camino que conducen hasta donde se ubican unas antenas cerca del volcán.