Heberto Jarquín
  • BLUEFILDS, RAAS |
  • |
  • |

El descalabro del juicio --que para algunos familiares de las víctimas fue un ‘show’ orquestado por el Ministerio Público y la Policía Nacional para favorecer a los procesados-- comenzó cuando el capitán Jorge Uriarte (perito policial) presentó sin acta de ocupación el fusil AK con el que supuestamente Wilfredo Adrián Reyes había disparado a Santos Reyes, después que éste levantara las manos en señal de rendición implorando que no lo matara.

Inmediatamente Juan de Dios Guevara, abogado del soldado, pidió que se retirara esa prueba por inexistente al no contar con la respectiva acta de ocupación. La jueza de juicios Hellen Lewin dio ha lugar a la objeción de derecho de Guevara, y como un castillo de naipes fueron cayendo todos los testimonios de los otros peritos que después de titubear ante el jurado se refocilaban al ver el efecto que provocaban sus propias inconsistencias que no permitieron poner en evidencia la culpabilidad de los imputados.

Después del desafortunado desfile de los peritos, al caer la noche, el fiscal especial Luden Antonio Montenegro --que en varias ocasiones se mostró desconcertado y titubeante-- solicitó la presencia de Rodolfo Eleuterio Sandoval, un soldado que resultó gravemente herido en el operativo de El Encanto, y que no fue procesado por haber matado al campesino Marvin Reyes porque desde un inicio se constató que actuó en legítima defensa.

Montenegro esperaba que Sandoval señalara a su compañero de armas como la persona que mató a Reyes, sin embargo, el testigo dejó impávidos a todos los que estaban presentes en el estrado, al decir que Wilfredo Reyes no estaba en ese sector (lugar de los hechos) “y fue otro (aludiendo a los policías procesados) quien ultimó al campesino”.

Sorpresa
Aprovechando el efecto del testimonio de Rodríguez, el defensor Guevara solicitó la cancelación anticipada del juicio al soldado Reyes argumentando que ya habían desfilado nueve testigos que no vinculaban a su defendido con el hecho, “y el Ministerio Público no ha podido probar la culpabilidad de mi defendido”.

A pesar de la obstinada objeción del fiscal Montenegro, quien argumentaba que los mejores testigos oculares los había dejado para el final del juicio, la jueza Lewin determinó que la solicitud de Guevara estaba apegada a derecho y admitió el recurso de la defensa.

Conmoción
Un familiar de una de las víctimas --que omitió su nombre por temor a represalias-- declaró compungido que ya sabían lo que iba a pasar. “Se investigó el crimen por la presión de los medios de comunicación y de las organizaciones de Derechos Humanos, pero estábamos claros de que el juicio no era más que una jugada para lavarse las manos”, comentó.

Este ciudadano lamentó que en Nicaragua la vida de los pobres no valga nada. “Con esto que pasó, con la burla a nuestros parientes de parte de los que mandaron a matarlos como si fueran animales, puede suceder algo peligroso, y es que algunos policías y soldados que están ubicados en comunidades alejadas podrían verse tentados a matar campesinos por encargo”, concluyó.