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  • EFE

La canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, sobria y solemne, no escapó a la omnipresente mirada de la cámara de los dispositivos electrónicos que tanto peregrinos como autoridades no dudaron en utilizar en presencia del papa argentino.

Y es que esta doble canonización, calificada ya de histórica, suscitó la curiosidad de cientos de miles de personas que llegaron a la Ciudad Eterna para participar en la ceremonia.

Durante esta jornada, conocida ya como “de los cuatro papas”, tanto los peregrinos como las autoridades presentes hicieron lo posible para tener una foto junto al papa.

El papa Francisco proclamó la santidad de los dos pontífices ante medio millón de peregrinos llegados de todo el mundo a la Plaza de San Pedro y sus aledaños, según datos del Vaticano, que estimó en cerca de 800,000 los que se congregaron en Roma para la ocasión.

Con la fórmula pronunciada en latín, Francisco pidió que se inscribiese a los dos papas en el Libro de los Santos, y un fuerte aplauso se oyó en San Pedro y en las plazas de Roma donde se seguía la ceremonia, que evitó la lluvia.

Fue también el día histórico de los “cuatro papas” ya que además de que Francisco proclamó santos a Karol Wojtyla y Angelo Roncalli, con los cardenales presentes, a la izquierda del altar, estuvo el papa emérito Benedicto XVI, a quien el papa argentino abrazó antes de comenzar la misa.

El papa argentino comenzó la misa comentando el episodio bíblico sobre Santo Tomás que toca las llagas de Jesús resucitado y el pontífice argentino subrayó que Wojtyla y Roncalli “tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado”.

Asistieron 24 jefes de Estado

Durante la ceremonia se exhibieron en el altar las reliquias de los papas recién proclamados santos, las mismas que en la beatificación, el relicario en plata con la sangre del papa Karol Wojtyla fue llevado a Francisco por Floribeth Mora Díaz, la mujer costarricense cuya sanación en 2011 fue considerada el segundo milagro que sirvió para canonizar a Juan Pablo II.

 

Mientras que la reliquia de Juan XXIII, el “papa bueno”, era un trozo de piel que fue removido de su cuerpo, fue entregado por los sobrinos-nietos de Roncalli.

El papa terminó la ceremonia saludando al papa emérito y a las 93 delegaciones, entre las que había 24 jefes de Estado y Gobierno, y entre los que se encontraban los reyes de España y de Bélgica, además de los presidentes de Paraguay, Honduras, El Salvador, Ecuador, Albania, Croacia, y Polonia, entre otros. Las delegaciones siguieron la ceremonia bajo unos toldos por la predicción de lluvia en la ciudad.

 

Fieles visitan tumbas

Miles de fieles comenzaron desde ayer a hacer fila para poder acceder al interior de la basílica de San Pedro y detenerse unos instantes ante la tumba de los ya santos Juan Pablo II y Juan XXIII.

A pesar del cansancio, ya que muchos durmieron a la intemperie en los aledaños de la Plaza de San Pedro para no perderse la ceremonia, muchos volvieron a esperar horas para entrar en el templo y venerar a los nuevos santos de la Iglesia.

La tumba de Juan Pablo II se encuentra en la capilla de San Sebastián y ya desde ayer fue colocada una nueva lápida de mármol con la inscripción “Santus Ioannes Paulus II”, que sustituye a la anterior, en la que se le describía como beato desde 2011.

El cuerpo embalsamado de Juan XXIII se muestra en una urna desde su beatificación en el año 2000.

Debido a la gran afluencia, los peregrinos cuentan con pocos instantes para detenerse ante la tumba de los nuevos santos.

 

Hombres y mujeres polacos, levantaron sus banderas en homenaje al nuevo santo de su país.