Jorge Eduardo Arellano
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Buenas noticias para los periódicos. Los ciudadanos siguen buscando información en soporte de papel ante los grandes acontecimientos, ante las noticias que cambian el curso de la Historia. Es lo que ocurrió el miércoles en EU. Más de 70 millones de norteamericanos habían visto por televisión la gran noche electoral, habían tenido acceso a cada detalle de la elegante aceptación de la derrota de John McCain, del emocionante discurso de Obama. Habían podido seguir en un sinfín de webs, minuto a minuto, cómo se iba moviendo el mapa electoral. A pesar de todo, querían más. Por la mañana los ciudadanos corrieron a los quioscos a comprar periódicos. Querían ver y guardar las históricas portadas.

        Hubo colas y reventas. En e-Bay y en la página web craigslist se revendían periódicos por 50 y hasta por 200 dólares. Las tiradas especiales de los principales diarios no fueron suficientes para satisfacer la enorme demanda. The Washington Post imprimió un 30% más de su tirada habitual, pero los ejemplares se agotaron en cuestión de horas. Pusieron a la venta también una edición especial conmemorativa de 350,000 copias.

            Los Ángeles Times, que en un primer momento había impreso 40,000 copias extra, amplió la tirada con 30,000 más. The New York Times sacó 225,000 diarios más a la calle. Lo mismo ocurrió con la mayor parte de la numerosa prensa local. Los ciudadanos se quitaban de las manos las primeras páginas que anunciaban lo que en ese momento ya se sabía: “Obama gana”, “Obama hace historia” o, simplemente, “Obama”.

Los diarios de Chicago, la ciudad donde se celebró la victoria junto a centenares de miles de seguidores, fueron los más beneficiados. Esa misma noche se empezaron a vender los primeros ejemplares del Chicago Tribune junto al Grant Park. Se hizo a la antigua usanza. Periódico en mano, los vendedores pregonaban: “Llévese el Tribune. Hoy se ha hecho Historia. Compre su ejemplar, que se acaba”.

Los que acababan de salir del evento, aún emocionados, hacían cola para llevarse sus ejemplares. El conservador Tribune había apoyado a Barack Obama. Era la primera vez en sus 161 años de historia que se inclinaba por un candidato demócrata en una elección presidencial. El diario puso a la venta 200,000 ejemplares más de lo habitual. Y vendía copias individuales con precios que iban desde los 30 a los 50 dólares. También las vendían ya enmarcadas por 120 ó 160 dólares. Hubo largas colas frente a su emblemático edificio en el centro del Chicago.

Profecía de una primera plana
Muchos ciudadanos habían llegado al Grant Park esa noche con camisetas que simulaban una portada del Chicago Tribune. “Obama gana”, se anunciaba. Horas más tarde, se fueron a sus casas con su ejemplar real bajo el brazo. Sólo se había modificado ligeramente el titular. “Es Obama”, decía el verdadero en su primera edición. La profecía se había cumplido.