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El cine en Nicaragua intenta resurgir

El cine en Nicaragua atraviesa una suerte de resurgimiento por la incursión de una nueva generación de jóvenes que con buen suceso, pese a la escasa capacitación, poca demanda del mercado y de oportunidades laborales, trabajan piezas de ficción, experimentales y documentales.

Esta generación apuesta a realizar cine a bajo costo, aprovechando los avances tecnológicos y la digitalización, aunque persisten grandes retos: lograr mayor calidad, tecnificación y financiamiento.

La situación es compleja y tiene varias aristas. El desafío no es solo encontrar financiamiento para producir, sino también capacitar personal en las diversas áreas: sonidistas, especialistas en música para películas, guionistas, etcétera. Superados estos obstáculos, quedan las dificultades para distribuir y exhibir la pieza.

“Nosotros podríamos estar contando la historia de que hubo cine en Nicaragua, pero podemos decir que hay cine en Nicaragua. ¿Es muy difícil hacer cine? Sí, es muy difícil. ¿Es muy costoso? Sí, lo es. ¿Se produce menos que lo que se producía en los ochenta? Sí, la producción de los ochenta no tiene términos de comparación, pero creo que esa semilla, la del cine, se sembró”, dice Martha Clarissa Hernández, documentalista y cineasta formada en el desaparecido Instituto Nicaragüense de Cine (Incine), hoy Cinemateca Nacional.

UNA GENERACIÓN PERDIDA

Para entender la raíz de este florecimiento del cine hay que remontarse a 1979. El cine en Nicaragua surge “en los años ochenta al fragor de la guerra y del combate; surge como un movimiento masivo de expresión cinematográfica y se formó con apoyo de cineastas de todo el mundo, era gente comprometida con gente militante”, cuenta Frank Pineda, uno de los fundadores de Incine.

“Incine se convierte en un instrumento político ideológico y cuando el Frente (Sandinista) pierde (el poder), se pierde también una generación de cineastas. Se fueron dispersando más de 300 personas que estaban formadas”, agrega Pineda, quien en la década de los noventa fundó Camila Films junto a su esposa, Florence Jaugey.

Martha Clarissa Hernández recuerda que ninguno de los miembros de la generación que empezó a hacer cine en Nicaragua había estudiado algo relacionado al séptimo arte. “Nadie estudió cine, pero sí teníamos asesores de distintas partes del mundo. Incine fue una escuela, fue la metodología de aprender haciendo. Para mi generación eso fue un absoluto privilegio”.

No obstante, en los últimos años de la Revolución Sandinista (1979-1990) Incine sufrió por los recortes presupuestarios y la producción bajó. Entonces hubo fisuras dentro del gremio y se creó la Asociación Nicaragüense de Cinematografía (ANCI). Cuando el Frente Sandinista es derrotado en las elecciones de abril de 1990, Incine entró en un proceso de desmantelamiento, olvido y ahogo económico.

“En los noventa seguimos haciendo cine pero sin la estructura gubernamental. Tuvimos que reinventarnos. De esa generación actualmente existe Luna Films y Camila Films, el resto está dedicada a otras cosas”, explica Martha Clarissa Hernández, quien fundó Luna Films junto a María José Álvarez.

Según Hernández, la producción como tal ha mermado en las últimas dos décadas. Jóvenes que estaban formándose en el extranjero y regresaron al país en los primeros años de la década del noventa, no tuvieron más que dedicarse a la publicidad, a la realización de videos institucionales y de videoclips.

2000: EL RESURGIMIENTO

En el año 2000 emergió una generación de jóvenes, cinéfilos en su mayoría, con ganas de contar historias y de reconstruir la identidad del país.

Esa nueva generación de cineastas empezó a “experimentar con el video arte y posteriormente con la producción de cortometrajes; sin duda alguna, “La Yuma” (2009), el primer largometraje de ficción filmado después de muchos años en Nicaragua, de Florence Jaugey, marcó el inicio de ese renacimiento”, considera Gloria Carrión, parte de la nueva generación de cineastas y quien se encuentra realizando su primer largometraje documental.

LOS OBSTÁCULOS

Pablo Hernández, fundador de la Canica Producciones, dedicada a la producción y realización de audiovisuales, es de esa generación de jóvenes que crecieron “viendo películas y documentales nacionales hechos en los ochenta y noventa” y que han apostado por incursionar en producciones de menor costo, que con los avances tecnológicos y la digitalización se volvieron posibles.

De cualquier forma, aún con la posibilidad de hacer cine de menor presupuesto, esta escuela sigue siendo sumamente compleja y es difícil de encontrar los recursos para su realización”, indica Pablo Hernández.

A criterio de Martha Clarissa Hernández, el gran reto de esta nueva generación es capacitarse, conocer y dominar el lenguaje cinematográfico. “Tan importante es la historia que querés contar como el soporte técnico”, dice.

Para Ricardo Zambrana, presentador de televisión y egresado de la Escuela Internacional de Cine y TV de La Habana, en Nicaragua “una película es difícil de escribir, bastante más difícil de filmar y casi imposible de distribuir y exhibir. Son muchos obstáculos los que hay que enfrentar y no siempre se tiene el tiempo, la motivación, los recursos o la sabiduría para cruzar cada uno de ellos”.

A criterio de Zambrana el principal problema sigue siendo la falta de fondos para producir. “Hay interés, y educación cada vez hay más. En los últimos años, varios compañeros nicaragüenses han ido a estudiar a diferentes partes del mundo el arte de hacer cine. Ahora existen cámaras que no son dolorosamente caras, con las que se puede conseguir imágenes bellísimas. Cada vez hay más actores formándose y sobre todo, las historias comienzan a hervir en la mente de sus creadores”.

Florence Jaugey, directora de “La Yuma” y de “La Pantalla Desnuda”, considera que es difícil hacer una película por debajo del millón de dólares. A la par de esto, surge otro problema: en el país no hay suficiente personal calificado para la realización de las películas y se precisa viajar a los países vecinos para terminar el proceso de post-producción. “Pero si no se pueden hacer aquí es porque no está la demanda”, aduce Jaugey.

La cineasta va más allá: “¿Y de qué te servirá tener gente formada si no hay mercado laboral?”.

A criterio de Martha Clarissa Hernández, en Nicaragua hace falta apoyo para la formación en el campo cinematográfico. “Los proyectos te sirven de escuela para formar gente pero eso no es suficiente, necesitás gente que estudie historia del arte, sonido, edición, que lea literatura para que pueda sacar historias y hacer guiones”.

Persiste aún la ausencia de una ley que en la práctica favorezca la producción nacional y que motive a productores extranjeros a filmar en Nicaragua.

EN BUSCA DE FONDOS

Florence Jaugey sostiene que Nicaragua ofrece una infinidad de ventajas de paisaje y de clima para atraer producciones extranjeras, pero se necesita voluntad estatal y una política de incentivo fiscal.

Muchas veces las empresas grandes te dan un tercio de lo que le darían a un tico, a un chileno o a alguien de Miami. Después te dicen: lo que hicieron ellos es mucho más imponente, ¡pero claro!, lo que hicieron ellos fue con el triple de presupuesto”, ejemplifica Jaugey.

Por eso Jaugey ve como una prioridad que se entre a fondos internacionales como el Programa Ibermedia y DocTv, a los cuales es necesario que se ingrese como Estado. El año que pasó Nicaragua incursionó en DocTv y la joven Rebeca Arcia ganó la convocatoria.

“Hay esfuerzos que se celebran, como la existencia de DocTv que el año pasado abrió una convocatoria para la producción, post-producción y exhibición de un documental televisivo. Sin embargo, necesitamos más apoyo financiero, pues el cine es una actividad de altos costos, pero que es fundamental para el desarrollo cultural e identitario de un país”, considera Gloria Carrión.

RUTEADOS

Álvaro Cantillano Roiz creció viendo películas en VHS y desde los 19 años se cuestionó sobre su vocación de cineasta. Hoy va tras su tercer proyecto. Se juntó a Tomás Arce, Joel Molina, Nicolás Abaunza, Myrna Báez, Bruno Cortina, Gabriel Benavente, Silvio Balladares y Ariadna Arce, todos profesionales de la comunicación, filología, marketing y diseño, para hacer cine con pocos recursos y así nació RuteadoS.

RuteadoS nace por las ganas de experimentar con la ficción. Yo tenía unas ideas para unos cortos de alrededor de cinco minutos cada uno y Tomás también tenía ideas que podían convertirse en cortos. Así que nos juntamos, empezamos a escribirlos y buscar cómo crear un solo proyecto”, cuenta Cantillano Roiz.

La pieza cuenta la historia de cinco personas que viajan en el recorrido de un bus urbano en Managua. “Durante el recorrido de un bus interurbano diversos personajes comparten tiempo y espacio. Mientras continua el movimiento del bus, el ojo de la cámara nos traslada a las historias que esconden los rostros de estos personajes, grabando momentos fundamentales en la cotidianeidad de sus vidas”, dice la sinopsis.

Además de producir comerciales y visuales para bandas de música en el país, Pablo Hernández, de la Canica Producciones, hace las investigaciones para su documental sobre los puertos de montaña de la RAAN.

Aunque la producción nica no está siendo tan premiada como en los años ochenta y noventa, hay trabajos de jóvenes de esta generación que son reconocidos a nivel regional.

El documental nicaragüense “Lih Wina, el viaje sin retorno”, que aborda los hábitos de consumo de la tortuga verde desde el punto de vista cultural, así como su comercialización en la Costa Caribe Norte, fue seleccionado como el Mejor Cortometraje Documental Centroamericano en el Festival Ícaro 2013, que reúne las más selectas muestras de cine de la región. Fue dirigido por la costeña Dania Torres.

Rodolfo Neyra ganó el premio de mejor corto experimental con “Estaba sufriendo”.

UNA INICIATIVA: KINO

En 2012 la iniciativa internacional Kino se concretó en Nicaragua. “La gran necesidad es de profesionalización. Los jóvenes realizadores queremos aprender y nuestra sed de conocimientos nos lleva a acercarnos a Kino Managua, que brinda ese espacio para crear y aprender”, cuenta Rodolfo Neyra, parte del grupo coordinador del movimiento.

En Kino hay un laboratorio de creación audiovisual denominado “Kabaret”, que reúne a una cantidad importante de jóvenes que tienen el reto de escribir, producir, filmar, post-producir y proyectar un cortometraje.

“Si bien los trabajos proyectados no tienen una gran calidad cinematográfica, su fin es otro, es el de motivar a estos jóvenes a seguir en esta carrera”, considera Neyra.

El año pasado la Cinemateca Nacional mostró interés en Kino y apoyó con equipos. Este año seguirá

apoyándolos.

Incine: la raíz

Incine contaba, entre otros, con un departamento de Noticieros y uno de Documentales. El primero fue el “más importante y clave para el desarrollo del cine nacional”, según Frank Pineda.

“Los noticieros desempeñaron un papel educativo y formativo para nosotros y fueron una verdadera escuela gracias a la cual aprendimos a realizar etapa por etapa, todo el proceso de aprendizaje de la producción cinematográfica”, considera Pineda.

Esos noticieros estaban filmados en 35 mm, en blanco y negro, con una duración de diez minutos y se presentaban cada mes en las salas de cine a nivel nacional. Las temáticas de mayor profundidad se realizaban bajo el género del documental.

“En esos años en que Nicaragua era una mina de acontecimientos, muchos cineastas de diferentes partes del mundo llegaron a realizar documentales que fueron éxitos enormes”, relata Frank Pineda, quien sostiene que las coproducciones internacionales “fueron nuestra segunda escuela y gracias a este aprendizaje pudimos luego abordar el género de la ficción con nuestros propios recursos”.

Incursionaron también en el cine experimental y existía un departamento de Cine Móvil que llevaba el cine a lugares remotos. Luego de cinco años de existir, Incine se proyectó como una institución sólida con más de sesenta proyectos en diferentes géneros.

“Contábamos con una empresa de distribución y exhibición de películas, una cadena de cines, un departamento de producción cinematográfica bastante sólido, un departamento de relaciones internacionales. Habíamos logrado también alcanzar proyección y reconocimiento internacional gracias a la cantidad de premios ganados en festivales en diferentes partes del mundo”, recuerda Frank Pineda.

 

La Cinemateca Nacional fue reactivada con la asunción de Daniel Ortega al poder, en 2007, pero no juega un rol protagónico en la producción cinematográfica. Resguarda la Colección Nacional Fílmica, hace talleres e intenta reactivar el cine móvil.

El Nuevo Diario solicitó una entrevista a Idania Castillo, quien está al frente de la Cinemateca. Castillo no dio respuesta ni permitió tomar fotografías al archivo fílmico y a los aparatos de edición en la Cinemateca.