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Pedro González visitó varias armerías en Managua para dar a reparar su revólver 38, pero en ninguna le dieron el servicio, por una sencilla razón: no portaba la licencia que otorga la Dirección de Armas, Explosivos y Municiones, Daem.

El artículo 72 de la Ley 510, Ley Especial para el Control y Regulación de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y otros Materiales Relacionados, establece que los propietarios de armas deben contar con la licencia Daem, para ser atendidos en estos negocios.

“Esto es porque el propietario del taller de armas debe tener un registro de control de usuario, con número de cédula, características del arma a reparar y la licencia de dicha arma. El libro de registro es autorizado por la Daem Nacional”, señaló el teniente Léster López, jefe de la Daem del Distrito IV de Policía.

La Policía Nacional tiene registradas 86,990 armas legales a nivel nacional, aunque no precisamente es el número de portadores, ya que la ley no restringue cuántas armas debe poseer cada propietario de licencia Daem.

Sanciones

“Hasta la Policía Nacional cuando manda a reparar sus armas tiene que dejar la debida portación; se hace a través de un documento donde se especifica cuántas armas se dejan en reparación y se describe cada una de ellas”, recalcó López.

Si algún propietario se “tira las trancas” y acepta reparar un arma que no tiene permiso de portación, lo que es considerado ilegal por las autoridades policiales, se arriesga a sanciones administrativas y hasta al cierre del negocio.

“En caso de que se efectúe la reparación y no presente los requerimientos de ley, dará lugar a la cancelación del servicio de operación o cierre del negocio y al decomiso del arma ilegal”, agregó el teniente López.

El cierre del negocio no es la única sanción fuerte que establece la Ley 510, sino que el propietario hasta puede enfrentar un proceso judicial.

Al juez

“Además, al propietario o gerente del negocio se le sumaría la responsabilidad penal; uno de los delitos podría ser posesión ilegal de armas, aunque cada caso se tiene que evaluar”, manifestó el jefe policial.

“Han venido personas solicitando los servicios de reparación, pero si no está legal, no se puede atender, y ¿cómo me doy cuenta de eso? Pues con la licencia Daem, para eso es. Yo les aclaro que por hacer un favor no voy a arriesgar mi negocio, ellos comprenden y no insisten”, señaló Léster Javier Lemus, propietario del taller de armería Lemus, ubicado en Ciudad Jardín.

“A esta armería, para ser sincero, no han venido personas que requieran los servicios sin la documentación requerida, porque saben que somos respetuosos de la ley y que no vamos a prestarnos a algo ilegal”, refirió por su parte Carlos Flores, hijo del propietario de la armería Lagos y Volcanes, ubicada en El Paraisito, en Managua.

Otras prohibiciones

La misma ley contempla otras prohibiciones a los propietarios y empleados de armerías, como la modificación de armas de fuego.

“No se puede alterar las características de fabricación, como por ejemplo, borrar los números de serie, o modificarlas para que disparen en ráfaga, esto último no está permitido por la ley, al igual que los silenciadores”, detalló el teniente.

Lo que sí está permitido es remarcar la serie del arma de fuego, pudiera ser que está casi invisible o se haya borrado por el uso, pero deberá contar con un permiso emitido por la Daem.

“Para el remarcaje, el permiso lo otorga la Daem, bien puede ser la Nacional, de un Distrito o de cualquier departamento. Porque puede ser que la persona es de Matagalpa y allá se le extienda el permiso, pero él busca el taller de su preferencia y este puede estar en la capital; todo es que venga firmado, sellado y especifique la serie que se va a remarcar”, explicó el teniente López.

Laboratorio

Para evitar que algún cliente le “meta gol” a las autoridades policiales, estas hacen investigaciones internas para verificar si el número a remarcar es el real, además, si es el que se señala en la licencia Daem otorgada.

“Si nosotros consideramos que hay alteraciones o que a simple vista no se visualiza el número de serie, se manda al Laboratorio Central de Criminalística de la Policía Nacional, para que se verifique el número de serie. Si no lo es, el arma se decomisa. Para remarcarla puede ser a solicitud de nosotros o bien lo puede hacer el propietario del arma de fuego”, aclaró el jefe policial.

Según datos periodísticos, en Nicaragua apareció la primera armería gracias al francés Emile Meynar, alrededor del año 1800, en La Libertad, Chontales. Y por el año 1948 la trasladaron a Managua.

En Nicaragua no hay escuelas que enseñen a reparar armas de fuego, en los talleres existentes el conocimiento es hereditario, como el caso de la armería Meynar, que lleva alrededor de 37 años en el mercado. Luego surgió por los años 80 la armería Lagos y Volcanes, propiedad de Santos Lagos Flores.

“Nosotros hemos aprendido a reparar armas porque nuestro negocio es familiar y uno le transmite los conocimientos a otros”, refirió Carlos Flores.

“Yo he aprendido ese arte porque trabajé muchos años en diferentes armerías, pero hace dos años me independicé y puse mi taller. Esto es un negocio rentable, porque no hay mucha competencia, además uno ya tiene sus clientes, yo por ejemplo trabajo con empresas de vigilancia”, señaló Léster Javier Lemus.

 

300

córdobas cuesta el mantenimiento rutinario de un arma.

 

100

dólares es el valor de “empavonar” un arma, es decir dejarla como nueva.

 

La Policía Nacional, que inspecciona los talleres, no reveló cuál es la cantidad de armas que circulan legalmente en Nicaragua.

 

Requisitos para dar mantenimiento a un arma

El propietario no debe tener antecedentes penales, menos en casos donde se haya utilizado armas de fuego.

Tener un aval emitido por los Bomberos.

Debe tener un permiso de la municipalidad.

Contar con un permiso que otorga la Dirección de Armas, Explosivos y Municiones, Daem.

 

 

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