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El tiempo no hace mella en la vieja Florentina, cuya edad supera los cien años. Altísima, como todas las de su especie, tiene una cara hecha de lata, unas orejas hermosas y pelo de cabuya. En su tiempo fue de las más lindas y populares, pero un día alguien la vendió y fue a parar al árido Somoto. De ahí fue rescatada en agosto de 2013.

La encontraron llena de polilla, sucia y descolorida. Pese a que una sonrisa ha regresado a su rostro, hay unas sesenta que le adversan. Está la Xochilt, la Estrellita, La Kassandra y la Salomé, entre otras. Ninguna tiene la vejentud que hace especial a la Florentina, la gigantona de mayor data en León, una ciudad cuya población ha crecido viendo bailar en sus calles a enormes muñecas que en el pasado fueron usadas por los indígenas para representar a la mujer española.

Las nuevas caras

Francisco Pérez, reconocido en León porque su familia ha sido gigantonera desde antaño, dice que la gigantona fue fabricada por su abuelo, Hernán López, a quien el ya fallecido historiador Edgardo Buitrago identifica como rescatador de la tradición.

En una esquina de la casa de Francisco Pérez, ubicada a pocos metros de la estatua del Cacique Adiact, se encuentra la Florentina, que hoy viste un traje azul elaborado con entre veinte y veinticinco yardas de tela. Cuenta Henry Gutiérrez, nieto de Pérez, que al fallecer Hernán López, la gigantona fue heredada a uno de sus hijos y que la esposa de este la regaló o vendió. El año pasado la encontraron en Somoto y negociaron su regreso con el dueño.

“Llegamos al acuerdo de que él nos iba a dar la Florentina y nosotros le íbamos a dar una gigantona nueva”, cuenta Henry Gutiérrez, quien contribuyó junto a su abuelo a la fabricación de la gigantona más grande el mundo, también llamada Florentina, que está en el parque central de León, mide 11 metros y 44 centímetros y en cuyo vestido fueron empleadas entre 250 y 300 yardas de tela.

Una de las grandes diferencias entre las gigantonas de ahora con la vieja Florentina es que la cara de esta última es de lata. Hoy se hacen de madera o de papel reciclado. Benita Esquivel hace gigantonas usando esta última técnica, llamada engrudo. “Es papel licuado con resistol y se pega a cualquier superficie, después se le echa una masilla y lo lijás con tres tipos de lijas”, explicó Esquivel.

Niños tamboreros

Cada noche de noviembre, diciembre y enero los padres de Mauricio y de Guillermo Alfaro Lira apartan unos cuarenta córdobas para bailar cuatro de las gigantonas que a diario pasan por su casa, ubicada en el barrio Zaragoza.

Los pequeños son amantes de esta tradición, recorren cuadras enteras detrás de la gigantona y del Pepe Cabezón e, incluso, tienen una gigantona de 1.4 metros con la que juegan los meses del año que en León no se les ve por las calles.

El periodo establecido por la Comunidad Indígena de Sutiaba para los bailes de las gigantonas en las calles es de noviembre a enero. En esa época varios grupos de niños y adolescentes salen a recorrer la Ciudad.

Los gigantoneros

Alexander Ríos, es un pequeñito que carga la enorme cabeza del Pepe Cabezón y negocia el precio de la bailada con padres como el de los niños Alfaro Lira. “¿Quiere de C$10 o de C$15?”, pregunta el chavalo en tono seductor. La gente pide de C$15 porque a la par tiene a una barra de chigüines pidiendo que baile una vaquita, que últimamente ha sido agregada a la danza.

Pero es el otro Alexander, el de más edad en el grupo, quien lleva la voz cantante en entre estos seis chavalos que recorren León todas las noches bailando una gigantona, la Salomé, que tiene entre sus atributos el mover extrañamente sus posaderas.

Este Alexander, de apellido Rojas Darce, baila la gigantona desde los ocho años. Inició, como comienzan todos, tocando el tambor y el redoble, pero ahora es el coplero. “A los 10 años ya andaba con la “Kassandra” y la “Mercedita”. Después salí con la “Esmeralda” y ahora con la “Salomé”. También he andado en contratos, dependiendo de la hora. Mi mamá no se preocupa, pero me dice que tengo que estar en la casa a más tardar a las 12”.

Hasta tragedias en copla

Según cuentan los chavalos, ser el coplero es lo máximo. Y es que los niños que los persiguen no solo se alegran al ver bailar a una muñeca enorme sino al escuchar las burlas que contienen las coplas.

“Aquí tienen a mi enano que le baila al son de su bombom, y aquí tienen a este gordito que tiene cabeza de molejón”. Los niños que persiguen a la gigantona y su conjunto estallan en risas, por eso el chavalo sigue empeñado en molestar al gordito: “Aquí tienen a mi enano que le baila de nuevo, aquí tienen a este gordito que tiene cabecita de huevo”.

Hay coplas tradicionales y otras que ellos han inventado: “Muchas casas destruidas el agua se las llevó, se perdieron los maizales, también la cosecha de arroz, se escucha el llanto de una niña que a su madre ya perdió, es el deslave del Casita que a mucha gente mató, ya son 15 años, hermanos de Posoltega, descansen en santa paz, que esta tierra de León jamás los olvidará…”.

“Sutiaba es bonita, si historia es como una joya, las ruinas son nuestra alegría, como las playas de Poneloya, que viva el punche de oro…”, es otra copla. Alejandro Rojas Darce dice que “algunos piden vulgaridades y a nosotros no nos gusta porque hay niños”.

 

6

mil córdobas puede costar una gigantona de tres metros.

 

12

mil córdobas puede costar todo el conjunto: enano, tambores, redobles.

 

100

córdobas se les alquila el conjunto cada noche a los chavalos.

 

500

córdobas cuesta una gigantona de 1.4 metros con cara de papel reciclado.

 

"Nosotros trabajamos para mantener la tradición. Damos capacitaciones y talleres en los que se enseña el son de la gigantona y la forma del baile. A veces nos buscan para presentaciones fuera de León".

HENRY GUTIÉRREZ

PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE GIGANTONEROS

 

El negocio

José Trinidad Tercero es uno de los que alquila sus gigantonas. Se metió a este negocio hace casi cuatro años por “amor a la cultura”, dice. Tiene a la “Esmeralda”, a la “Rubí” y a la “Salomé”.

“Yo hago los cuerpos y los vestidos. Se invierte bastante, tal vez para hacer una gigantona completa se gasta C$12,000, eso incluye todo, también los instrumentos. A los muchachos se las alquilo en C$100 por noche, cuando son contratos se les cobra por hora, dependiendo si es dentro o fuera de León”, dice Tercero.

En un día bueno, como los sábados, domingos, siete, ocho, 24 y 31 de diciembre, cada uno de los chavalos puede ganar C$70. “A veces salimos a C$12 cada uno, a veces a 20, pero lo hacemos para divertirnos, para conocer León”, cuentan.

Hay barrios alejados a los que van, como el William Fonseca y San Carlos, donde cobran más. “Pero aquí, en la Ciudad, si les pedís C$20, dicen uyyyy, qué caro”. Ahora que terminó la temporada los tambores se han dejado de escuchar y no hay niños corriendo en grupo detrás de las gigantonas.