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Todo el aparato estatal en recursos humanos y materiales que el FSLN tuvo a su disposición en la campaña electoral, se volcó ayer domingo en las Juntas Receptoras de Votos donde prácticamente ejercieron el control en todo el proceso de votación y escrutinio.

En algunos lugares abrieron después de misas negras; en otras, cerraron cuando había personas en fila, admitían las cédulas en mal estado cuando sabían que el voto era para la casilla dos y rechazaban las que estimaban no les serían favorables.

Aplicaron el artículo 41 sólo cuando convenía al partido gobernante, expulsaban fiscales, a algunos los sacaban alegando el color plomo de las camisetas que evocaban a Ética y Transparencia como si eso fuera delito, y en general, se vio que se estaba viviendo un proceso electoral como se dice popularmente, de “burro amarrado con tigre suelto”.

Sacan a los fiscales
En algunos lugares de Managua, y sobre todo en León, las credenciales a los fiscales de la oposición se las entregaron tardíamente y con los apellidos alterados para que luego fueran rechazados.

Fue notorio que el aparato de cinco o seis personas de cada junta, toleraba únicamente a los fiscales que permanecían mudos, ya que cualquier gesto de beligerancia era motivo para expulsión de la JRV auxiliados por la policía electoral, la mayoría reclutada por el propio FSLN.

Cierran y se llevan urnas
Pese a toda la gran cantidad de votantes y evidencias que sería muy difícil contener, la avalancha de votos y al parecer el FSLN optó por cerrar a tempranas horas de la tarde las JRV, expulsar a los fiscales de la oposición donde los hubiera y contar los votos entre ellos.

Tal como lo dice Ética y Transparencia, se trata de las elecciones más irregulares, por no decir fraudulentas, que se han producido desde los tiempos del somocismo.