Matilde Córdoba
  •   Managua, Nicaragua  |
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Los jóvenes son el grupo más afectado por el delito y por la violencia en América Latina. Por un lado, son sus responsables más comunes, y, por otro, son sus principales víctimas, sostiene el Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

De acuerdo con el PNUD, es “necesario subrayar” la condición de víctimas de los jóvenes para “evitar su criminalización y estigmatización”.

“Las violencias y los delitos cometidos por jóvenes suelen desarrollarse en el contexto de dinámicas colectivas que incluyen desde grupos transitorios y poco estructurados --como las barras deportivas sudamericanas-- hasta pandillas criminales altamente jerarquizadas”, indica el informe, que hace énfasis en que este último tipo de pandilla se considera un problema serio en la región, y son las que operan en Guatemala, El Salvador y Honduras.

En el estudio se evidencia que en países como Belice hay pandillas centroamericanas “de alto perfil delictivo”. En Nicaragua, sin embargo, no se registran casos de este tipo.

Colombia y México

Aunque las maras en el Triángulo Norte son el ejemplo de violencia juvenil más visible, el informe explica que, según algunos análisis, en México hay por lo menos 30,000 menores de edad que cooperan activamente con la delincuencia organizada, “en actividades que van desde la extorsión y el tráfico de personas hasta la piratería y el narcotráfico”.

El informe, que fue presentado la semana pasada, sostiene que en Colombia “la combinación entre paramilitarismo, guerrilla, narcotráfico y delincuencia organizada ha intensificado el reclutamiento, en algunos casos forzados, de jóvenes y niños por parte de las bandas criminales”. En Brasil la situación no es tan diferente, las organizaciones criminales utilizan a jóvenes como mano de obra para el ejercicio de la violencia callejera.

Pese a este panorama, el informe destaca que “no todas las pandillas son de carácter criminal, ni mucho menos tienen entre sus objetivos centrales el delito y la violencia”.

“Diversos estudios señalan que, en la mayor parte de los casos, las pandillas siguen funcionando como espacios de socialización entre pares y como mecanismos de autoprotección entre jóvenes, más que como organizaciones vinculadas al delito organizado”, precisa el documento, que es una suerte de radiografía de la seguridad ciudadana en América Latina, en la que se indica que la tasa de homicidios en la región creció 11% entre 2000 y 2010, y en algunos países, en los últimos 25 años, los robos se han triplicado.

Blanco de homicidios

Aunque los jóvenes son asociados a la violencia, son las principales víctimas de los homicidios que se cometen en América Latina.

“En muchos casos, la violencia en contra de los jóvenes se origina en las instituciones de seguridad y procuración de justicia del Estado (incluidas las cárceles, las policías y los órganos del sistema de justicia), así como en otras que pueden considerarse ‘privadas’ (como las familias) o ‘mixtas’ (como las escuelas)”, se analiza en el capítulo sobre Las grandes amenazas a la seguridad ciudadana.

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