Edwin Sánchez
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El fracaso del presidente Hugo Chávez el recién pasado fin de semana es más grave de lo que su propio malabarismo puede ocultar al público, dijo el doctor Sergio García Quintero, quien al hacer una operación matemática, precisó que el 80% de la población de Venezuela se rebeló contra la propuesta faraónica de una presidencia vitalicia.

Fue una “derrota total y contundente”, aseguró el analista, quien replicó así al doctor Aldo Díaz Lacayo por su visión de un “triunfo” en medio de la derrota chavista. El jefe de Estado de Venezuela saca el 48% y fracción del 56% de la población votante, que en la sumatoria total, vendría a significar únicamente cerca de un 20% de los votos totales del pueblo.

El doctor García Quintero explicó que el 44% que no fue a las urnas electorales, prácticamente votó de manera tácita, por el “No”, y, por lo tanto, ese 44% tendría que sumársele al 51% y fracción del 56%, del total de votantes. Esto constituiría un 80% del pueblo que de manera expresa votó contra el plan de Chávez.

“Aldo Díaz Lacayo es un intelectual de valor indiscutible en el país, además un amigo personal a quien respeto, pero leí su entrevista y me parecieron, en realidad, un tanto contradictorias sus palabras; pareciera que se acuerda de aquel juego de la infancia, gánala-pierde, y en ese sentido el que salía derrotado era aplaudido por todos, y ponía cara de vencedor”, expresó el jurista.
Sueños de opio
Indicó que el líder sudamericano “ha demostrado gran calma, un gran dominio de sí mismo” para hacer creer que quedó conforme con los resultados y que su derrota es un triunfo, “pero es puro sueño de opio, pura mentira”.

Hoy el controversial mandatario apenas presenta el respaldo de un 20% de la población, lo cual implicaría que la gran mayoría del pueblo venezolano está en su contra, dijo.

Esto va a hacer que Chávez no continúe gravitando en Nicaragua ni ayudándonos tanto, supuso el analista, porque con su ayuda es que hemos llegado al grado de crisis más grande de nuestra historia: con los precios más altos en el petróleo y en los artículos básicos de la dieta nacional.

“Hay una inflación que amenaza salirse del control de los economistas que rodean (al presidente Ortega), y acentuar la enorme miseria que está pasando nuestro pueblo, sin precedente en la historia del país”.
La mejor ayuda
El doctor García Quintero dijo que ahora, la mejor ayuda que puede dar Chávez es no ayudarnos más. Todo se agravó, el pueblo de Nicaragua lo que quiere es que mejor el presidente ayude al pueblo venezolano que pasa tanta hambre como nosotros.

Solamente el deseo de él --puntualizó--, su gran capacidad histriónica, porque es un actor de primera línea, es que le ha hecho sacar esa cara y con una advertencia sonriente de “por ahora la situación se ha detenido”, lo cual manifiesta que dentro de un año o más adelante, va a continuar con su plan trazado.

Se cree un Moisés con las tablas del socialismo
El doctor García Quintero se atrevió a señalar que el gobernante “bolivariano” de socialismo “lo único que ha demostrado es que no sabe absolutamente nada”.

“Él podría aprovechar las lecciones de una socialista de indiscutible preparación como la presidente Bachelet, una autoridad en la materia, que tiene coherencia, que no promueve el manejo de una política difusa y confusa, la cual mantiene confundida a Latinoamérica y ahora al resto del mundo”.

No sólo se siente por encima del Libertador --Simón Bolívar--, sino que se presenta como el nuevo profeta del universo y señala caminos que pueden redundar en beneficio del mundo. Él se cree el nuevo Moisés bajando con las tablas sinaíticas, pero que nadie toma en serio, señaló.

Las consecuencias del fracaso de lo que ocurrió el domingo pasado en Venezuela tendrá sus primeras víctimas, como el caso de Evo Morales. Es un verdadero sismo para los allegados a Chávez.

El presidente de Bolivia, dijo, ya clamó a la OEA para que le ayude a detener la indignación del pueblo boliviano, insatisfacción que amenaza, como ha sido periódico en ese país del altiplano, con revolución o con golpe de Estado. Y, lógicamente, Ortega tampoco puede manifestarse indiferente u optimista de que nada a ocurrido en Venezuela y de que nada puede afectarle a él.

En ese orden, García Quintero definió al mandatario nicaragüense como “el acólito más oficioso y más identificado con Chávez, y ha querido establecer un paralelismo, entre la fenomenología política de Venezuela y de Nicaragua”.

“Ambos han pretendido permanecer por mucho tiempo en el poder, ambos han pretendido hacer reformas constitucionales de fondo, y ambos han obtenido fracasos rotundos en sus políticas”, comentó.

El “No” nacional que sufrió el presidente Ortega fue en la Asamblea Nacional, cuando desautorizaron los CPC como órganos del Ejecutivo. Y en el Parlamento está representada la mayoría indiscutible del pueblo, sostuvo.