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Elsa Palou empezó su carrera como infectóloga en la década de los ochenta, en la época más dura para las personas infectadas con VIH. Hoy, más de tres décadas después de aquel inicio, explica paso a paso lo que se debe saber sobre esta pandemia y, en principio, desmitifica la enfermedad: el VIH es una dolencia crónica, como la diabetes o la hipertensión y las personas que la padecen pueden vivir más de veinte años, siempre y cuando sean diagnosticados a tiempo y reciban su tratamiento.

Palou, quien llegó al país para participar en el IV Congreso Centroamericano y del Caribe de Infectología, y en el Primer Encuentro de la Asociación Panamericana de Infectología en Centroamérica y el Caribe, insiste en la necesidad de que la población se realice la prueba de VIH, sobre todo los que son parte del grupo de riesgo: hombres que tienen sexo con hombres, trabajadores sexuales, personas promiscuas y usuarios de drogas intravenosas.

“La sobrevida en pacientes con VIH es mayor de 20, 25 años, ¿cuántos cánceres duran 20 años?”, exclama.

Desde 1985 está usted en la lucha contra VIH…

Sí, yo estudié enfermedades infecciosas en Estados Unidos y me tocó empezar a ver en ese país los primeros casos de VIH entre 1981 y 1985, y me tocó también empezar a ver los primeros casos de VIH en Honduras. Creamos un centro de atención para pacientes con VIH, tanto de hospitalización como de consulta externa. Capacitamos más de 300 médicos y enfermeras en manejo de VIH y con esa capacitación se lograron abrir 49 centros de atención integral distribuidos en todo el país y con tratamiento antirretroviral. Actualmente en el país tenemos más de 10,000 pacientes con antirretrovirales y están estos 49 centros.

Pero tantos años después se sigue asociando el VIH al miedo, al estigma

No debería. VIH ya no se considera una enfermedad mortal, es actualmente una enfermedad crónica, como diabetes, como hipertensión, como insuficiencia renal, ¿por qué decimos esto? Porque la sobrevida en pacientes con VIH es mayor de 20, 25 años, ¿cuántos cánceres duran 20 años? no la podemos considerar más una enfermedad mortal.

Se convierte en una enfermedad mortal si no es diagnosticada y tratada a tiempo. Si por el miedo a no saber si es VIH positivo o negativo deja pasar el tiempo y llega al hospital demasiado tarde, sí se convierte en algo mortal. Pero si lo detectamos con tiempo es una enfermedad tratable como, le mencionaba, un diabético, que si no usa insulina se muere; un hipertenso, que si no tema antihipertensivos, se muere; un paciente con VIH no toma sus antirretrovirales y se muere.

¿La clave es que nos hagamos la prueba entonces?

Claro que sí, eso es lo importante, ¿qué síntomas incentivan a que se haga la prueba? Si pierde peso de forma inexplicada; si tiene diarreas crónicas; si desarrolla fiebres inexplicadas; ganglios grandes en el cuello o en otras partes, sobre todo si son personas que tienen varias parejas sexuales, si son personas que utilizan drogas o si son amas de casa cuyos esposos tienen varias parejas; o si son hijos de madres que tienen VIH positivo y eso es importante de decir: toda embarazada idealmente debe hacerse la prueba porque si no se la hace y tiene VIH, el porcentaje de probabilidades de que el niño salga infectado es del 30 al 35%; si se hace la prueba y toma tratamiento, el porcentaje disminuye a menos del 1%, uno puede prácticamente erradicar el Sida pediátrico dándole tratamiento a la embarazada.

¿Cuáles son las expectativas de vida de esos VIH positivos que presentan síntomas?

Son buenas, claro que sí. Lo que me dice cómo disminuye su expectativa de vida es la cantidad de sus defensas y qué tanto virus tiene en su sangre, ¿cómo nos damos cuenta de eso? A través de la medición, del conteo de las células CD4 y de la carga viral. Las células CD4 me dan una idea de qué tanto se ha destruido el sistema de defensa de una persona. Si un paciente entra a tratamiento con cerca de 500 células CD4, su expectativa es mucho mayor que uno que entra con menos de 100.

¿Una persona sin el virus cuánto tiene de células CD4?

Normalmente de 800 a 1,200 células CD4… entonces, ¿qué es lo ideal? Que una persona entre al tratamiento cuando todavía su sistema de defensa no ande muy mal. Si yo sé que tengo factores de riesgo para tener VIH, debería de hacerme la prueba cada año para empezar el tratamiento lo más temprano posible.

Hay muchas personas que saben que tienen factores de riesgo, que saben que sus esposos son promiscuos, o que ellos mismos son promiscuos, saben que han tenido múltiples transfusiones o usan drogas intravenosas, pero tienen miedo a saber si lo tienen. Ese miedo es el que los puede matar porque es el que hace que lleguen muy tarde a buscar tratamiento.

Da la impresión que aún persiste el estigma en los mismos sistemas de salud, no se ve a un VIH positivo como a un enfermo crónico, como a un diabético, sino como al enfermo que nos puede contagiar.

Ese es un problema que se vivió en todo el mundo en las etapas iniciales, en los años 80, pero ahora, 30 años después, eso es cada vez menor en todos los países. El personal de salud está obligado a saber que debe guardar la confidencialidad de una prueba VIH positiva. Es el paciente quien decide si quiere que el resultado sea dado a su familia o no. Ahora, el paciente está obligado a darle el resultado a su pareja sexual porque si no hace, la está poniendo en riesgo.

¿Y en el caso que haya sido una relación efímera?

Tiene que decirle a sus contactos. En el caso de las trabajadoras sexuales, cuyos contactos son múltiples, no puede continuar trabajando. Es muy importante entrar al tema de prevención.

¿Cómo prevenimos? El método 100% seguro es abstinencia sexual, no usar drogas intravenosas y no transfundirse, aunque ahora todos los países tienen sangre segura o razonablemente segura, pero como esta es una utopía, entonces están los métodos de prevención como el uso del preservativo, la educación sexual a niños y jóvenes.

¿El preservativo es 100% seguro?

No es, pero es entre 95 y 97% seguro, tiene que ser de látex, tiene que saber colocarse, pero de tener un 97% de protección a no tener ninguna, ¿qué escoge la gente?

Luego que se es diagnosticado y se recibe el tratamiento, ¿qué tantas probabilidades hay de que continúe contagiando?

Mientras menos virus tiene en su sangre, menos probable es que contagie. Actualmente hay muchos trabajos de investigación en todo el mundo que demuestran que cuando uno le da tratamiento a un paciente con VIH, a la vez que está controlando la enfermedad está previniendo que infecte a otras personas porque la posibilidad de que transmita el virus cuando está en cantidades ínfimas en su sangre es mucho menor.

¿Y qué posibilidad hay que se haga resistente al tratamiento?

Siempre hay posibilidad. Por ejemplo, en Honduras de los 10,000 pacientes, el porcentaje que demuestra datos de resistencia varía entre 2 y 4%.

¿Qué pasa con ellos?

Se tiene que dar otro tipo de tratamientos con otro tipo de drogas que son más costosas, más potentes y que pueden tener un poco más de efectos secundarios.

Me decía el doctor Guillermo Porras que un ejemplo de éxito en detección es Brasil.

Sí, tiene una campaña para detección temprana, para tratamiento. Inclusive, Brasil ha logrado producir los medicamentos para tratamiento. En Honduras en los años 90 teníamos una epidemia que andaba en los niveles más altos, una prevalencia de 2% de población general pero actualmente bajamos a menos del 1% con campañas de educación, con la creación de estos centros de atención integral para tratar de detectar a las personas infectadas y ofrecerles tratamiento.

Es importante hacer campañas para que la gente se haga la prueba. Mientras más temprano se detecta, más chance hay de que sobreviva. Normalmente la gente que se infecta es joven y la gente joven tiene hijos pequeños.

¿Qué le dice a los pacientes que continúan creyendo que morirán luego de ser diagnosticados?

Algo que nos ha ayudado es que tenemos psicólogos y trabajadores sociales que le ayudan al paciente a manejar el miedo, el tema del estigma y a manejar aquello de: “Tengo sida, me voy a morir”. Eso no es cierto, es: “Tengo sida, debo tratarme y voy a vivir muchos años”. Los psicólogos y trabajadores sociales nos han ayudado mucho en esto y también en lo que se llama la adherencia, el paciente que empieza el tratamiento debe continuarlo. Si usted toma el tratamiento cuando quiere, lo único que hace es producir resistencia y mientras más resistencia, menos posibilidades de vida.