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El alcohol, independiente del manto con que se pretenda encubrir, por lo general conduce a la misma conclusión: representa el factor de riesgo de mayor impacto negativo a nivel social, familiar e individual.

Recientemente, en un seminario taller con adolescentes sobre hábitos y actitudes requeridas para abrirse paso en la vida, les explicaba que era indispensable enfrentar las plagas que contaminan, envenenan y destruyen a las personas, particularmente: el licor (cualquiera sea su presentación). Uno de los participantes abrió un debate interesante, asumiendo una posición de defensa de quienes optan por consumir este producto tóxico, argumentando “que consuma el que quiera, siempre y cuando lo haga con responsabilidad y respete al que no lo hace”.

“¿Dónde está la responsabilidad y el respeto del adulto que prioriza el consumo de licor por encima del bienestar psicológico y económico de quienes dependen de él? ¿Cuál es la responsabilidad y el respeto que muestra quien conduce un vehículo bajo los efectos de unas cuantas copas de licor o cerveza, y causa un accidente? ¿Cuál es la responsabilidad y el respeto que tiene un hombre cuando bajo los efectos del licor agrede psicológica, verbal y/o físicamente a su pareja?, fueron los cuestionamientos planteados, y al final prevaleció que lo indicado era rechazar el consumo, no adquirir el mal hábito o desterrarlo de sus vidas.

La primera copa

Alcohólicos anónimos, con mucha sabiduría y con sustento en las millones de experiencias vividas por sus miembros, refieren que el daño lo causa la primera copa, pues se trata de un proceso progresivo hasta caer en el alcoholismo.

El Dr. E. M. Jellinex habla de tres fases: la prealcohólica, la prodrómica y la crónica. La fase prealcohólica se subdivide en consumo ocasional de alivio y consumo constante de alivio.

En relación con el tema de la primera copa y con el proceso progresivo del alcoholismo, la biblia dice: “No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece en la copa; entra suavemente, pero al final como serpiente muerde, y como víbora pica”, Proverbios 23: 31-33.

Los que hemos vivido en carne propia las consecuencias devastadoras del licor, debemos trabajar para que su consumo sea moralmente inaceptable para la sociedad, y, particularmente, para los adolescentes y jóvenes.

Los adultos debemos ponernos al frente para proteger a nuestros hijos y nietos del flagelo del licor, eliminándolo de nuestros hábitos, declarándolo non grato en nuestros hogares; en vista de que los jóvenes se introducen al consumo por lo que ven, especialmente en la familia.

Amiga, amigo, te invitamos a plantarte en la brecha y librar la batalla contra el uso de licor, te instamos a tomarte de la mano de Jesús, con Él todo es posible. Dígale: Jesús, abro mi corazón y le acepto como mi Señor, salvador, sanador, restaurador y libertador, deme fortaleza para enfrentar y salir airosa (o) de la lucha frontal que debo librar contra el uso de alcohol en mi familia.

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com