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La elaboración de artesanías en el Taller Tikay tiene un valor agregado y peculiar: las iguanas que salen de una bodega, se reúnen en el techo del local y llaman la atención de los turistas.

Francisco Ticay Ortiz, propietario del taller situado en el barrio indígena de Monimbó, tiene 35 años en el oficio. Empezó con la fabricación de ataúdes y muebles de madera.

En 1989, el negocio dio un giro de 180 grados cuando incursionó en la elaboración de artesanías en madera, las que ha expuesto a miles de turistas que descienden de los distintos cruceros que atracan en los puertos nicaragüenses durante el año.

En familia

Ticay Ortiz considera que ha encontrado la combinación perfecta, pues en su taller trabaja con dos de sus nueve hijos y eventualmente con su esposa, cuando tienen pedidos grandes.

“En el taller elaboramos aretes, brazaletes, anillos, cadenas con sus dijes, 60 diseños diferentes, paneras, fruteras; también artículos para oficina como porta tarjetas, algo religioso como candelabros y fabricamos utensilios para la cocina, cacerolas en madera terminada con aceite natural, para que no sea contaminante para el consumidor, hasta animales tallados”, enumera Ticay Ortiz las artesanías que produce.

Las iguanas

En cuanto a la “compañía” de las iguanas en el taller, relató que todo empezó hace 23 años, cuando viajaba seguido al campo a buscar madera para elaborar sus artesanías. En uno de esos viajes un amigo le regaló un par de “mascotitas”.

Las dos iguanas se multiplicaron de tal manera que hasta el día de hoy tiene unas 50 y ninguna es para consumo o comercio, sino para conservar la especie y evitar su extinción.

“Como jefe del taller asigné un pequeño presupuesto para su alimento, porque es reconfortante la armonía con la naturaleza, ver esa especie cómo sale de la bodega y se reúnen en el techo a la espera de repollo, tomate, tortilla y, lo que más les gusta, trozos de pan. Ellos ya me conocen porque me ven a diario andar por el patio”, mencionó el artesano.

Atracción turística

El taller y las iguanas han despertado el interés en algunos hoteles, como Escuela Hotel Mariposa, en San Marcos, ya que durante el año ofrecen tours a sus huéspedes e incluyen en el recorrido una visita al Taller Tikay.

“Los turistas conocen al artesano, productor y expositor de iguanas que conserva en la casa; (…) es un acto de bastante apreciación para el extranjero, les gusta, porque se llevan fotografías del lugar y de paso compran algunas artesanías”, dice Ticay Ortiz.

Agregó que hace unos días llegó un grupo de 20 norteamericanos --gracias a un hermanamiento que existe con la Universidad Centroamericana y una universidad de California, Estados Unidos--, y ese día las iguanas quedaron bien porque hicieron un show para los visitantes.

“Creo que es una buena fórmula, aunque un poquito rara, pero pienso que para el turismo y el futuro de Nicaragua nos apoya algo; creo que es muy bonito ofrecer a alguien que llega a tu taller, ver que trabajás en tu profesión y tenés algo extra para conservar la fauna y que se mantenga viva en el país”, expresó el artesano.

Están libres

Cabe señalar que, a diferencia de otros criaderos, en el Taller Tikay estos reptiles no tienen malla de protección.

Ticay Ortiz considera que sería bueno tener un lugar especial para las iguanas. Igualmente, también piensa que esta especie debe tomar experiencia en cuanto a su comportamiento, ver quién lo aprecia y detectar a sus depredadores, para buscar un refugio, que en este caso es la bodega del Taller Tikay.

Artesanías en San Juan del Sur

Francisco Ticay Ortiz, dueño del Taller Tikay, expone sus artesanías en el puerto de San Juan del Sur, uno de los principales destinos de los cruceristas que llegan a Nicaragua.

VARIEDAD

Explica que las artesanías que elabora son compradas por los extranjeros. Dice que lo más práctico es llevar el producto en cajas.

INTUR

En 2000, el Instituto Nicaragüense de Turismo lo contactó para que vendiera artesanías a quienes llegaran en el primer crucero de esa temporada.

PRECIOS

La artesanía nicaragüense, agrega Ticay Ortiz, es “bien apreciada” por los extranjeros, por su calidad y por su bajo precio.

TEMPORADAS

El artesano almacena sus productos en espera de la temporada de cruceros, que le reporta mayores ventas e ingresos.