•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La aguja mayor está a escasos pasos de llegar al punto en que oficializará que son las ocho de la mañana. Puntuales, como siempre, 50 estudiantes están preparados para la faena del día.

Con diligencia sacan sus materiales de trabajo. En un espacio pequeño se encuentra Harold Castro. Él sufre parálisis cerebral y tiene problemas de lenguaje, sin embargo, es profesor. Sí. Es el maestro del taller de hamacas que se imparte en la fundación Activos por un Mundo Solidario.

Su habilidad tejiendo los hilos para elaborar una hamaca es increíble. Sus alumnos siguen sus indicaciones atentos. Sus ojos están puestos en los movimientos que él hace con sus manos. Así aprenden sin necesidad de instrucciones verbales.

Laboriosos

Ellos, al igual que su maestro, tienen discapacidad, no obstante, nada les impide aprender el oficio. En otro taller, Kevin, con precisión, toma el papel crepé de colores para dar vida a unas piñatas que garantizarán la diversión en algunos cumpleaños.

La profesora de este taller, Mayra Rivera, es sorda y su alumno de turno tiene síndrome de Down; pero ambos tienen un espacio para desarrollar su talento en esta fundación que desde hace 14 años brinda atención en la ciudad de Diriamba, por medio del programa “Nosotros también podemos”, a personas con discapacidad para prepararlas laboralmente.

“El objetivo es formar a los jóvenes para un futuro laboral, aprovechando que la Ley 763 (Ley de los derechos de personas con discapacidad) incrementa la posibilidad de que puedan llegar a tener un empleo”, dice Isabel Medina, una española que está en el proyecto desde que nació.

“La idea es ubicarlos en puestos y los preparamos con nuestros talleres de artesanías, que les ayudan a trabajar en la concentración y a desarrollar la creatividad”, agrega.

Potencian autonomía

Asimismo, comentó que tienen 53 alumnos matriculados, pero que tres se atienden fuera del centro. En el día a día, los jóvenes son trasladados en la mañana desde sus hogares hasta el centro, donde todos están ubicados en talleres laborales y algunos ya pueden producir diversas manualidades.

“Tenemos taller de hamacas, de piñata, de bisutería y papel reciclado, pero también están los enfocados en enseñarles a ser autónomos. Hay un curso de cocina en distintos niveles, aprenden desde hacer café hasta cosas más complejas, como cortar alimentos y otras actividades que les podrían preparar para trabajar como asistentes en cocina”, señala Medina.

“También les enseñamos ubicación, para que puedan andar en las calles, cómo usar el transporte y los instruimos en manejo de dinero”, explica.

Todos los servicios que garantiza la fundación, creada con fondos españoles y sostenida en la actualidad con ayuda de diversas fuentes ante la crisis económica de ese país europeo, son gratis; sin embargo, los jóvenes reciben un porcentaje de dinero de las ventas de los productos que elaboran.

Actualmente, la Embajada de Japón está construyendo las que serán las instalaciones de esta fundación; no obstante, ellos apelan a que el Gobierno central asuma parte de la inversión, algo que hace la Alcaldía de Diriamba con una pequeña partida presupuestaria para ayudar a la formación de estos jóvenes, quienes además de ser atendidos, reciben un almuerzo.

Materiales y ventas

La fundación acusa diversas necesidades. Una forma sencilla de colaborar con ellos es donando papel periódico y materiales que les sirvan para confeccionar piñatas. Igualmente, pueden llevar hilos para hamacas o cuentas de bisutería para las prendas que elaboran en los talleres.

Otra manera de contribuir es adquiriendo los productos que ponen a disposición del público, entre los que se cuentan collares, pulseras, piñatas, hamacas, tarjetas de papel reciclado, separadores de libros, entre otros.

Silvio quiere una casa

Tiene 41 años. Él sufre una parálisis cerebral que le merma su capacidad psicomotriz. Hace algunos años su mamá falleció y su vida cambió por completo.

Silvio Gutiérrez aprendió a ser autónomo en Activos por un Mundo Solidario, trabaja como conserje en la institución y cuando concluye sus tareas se traslada a otro centro donde desarrolla también tareas de limpieza.

Ante la falta de su mamá, él alquila un cuarto para vivir, sin embargo ha ahorrado y cuenta con una modesta cantidad de dinero que le permitiría comprar un terreno. En vista de eso, solicita ayuda para completar el esfuerzo que ha hecho y hacer realidad su sueño de tener una casa propia.

 

14 AÑOS avalan la labor de la fundación en Diriamba.

 

53 ALUMNOS están matriculados en el proyecto.

 

763 ES EL NÚMERO de ley que promueve el derecho de inclusión laboral.

 

El proyecto pretende lograr que los alumnos sean lo más autosuficientes posible.

 

Integración laboral

Capaces• Isabel Medina comentó que también cuentan con un grupo de sensibilización laboral, que se encarga de ir a las empresas a concienciarlos sobre por qué deben contratar a personas con discapacidad.

“Estos chicos son muy responsables, puntuales y dedicados; valores que no son fáciles de encontrar. Mucha gente no cree que ellos son los que hacen los trabajos, porque no los ven capaces, pero aquí les demostramos que sí lo son”, destaca Medina.

Dos de los jóvenes de la fundación ingresaron hace dos años a trabajar en la zona franca, aunque uno se quedó sin empleo por el cierre de la fábrica.

Medina admite que con todo y la Ley 763, es difícil que las empresas entiendan que se les tiene que integrar. Sin embargo, ellos predican con el ejemplo y sus dos conserjes tienen discapacidad, y son tan empeñados que uno de ellos tiene otros trabajos en algunos negocios de la ciudad.

Todos los alumnos, sin excepción alguna, tienen metas de vida. Uno de ellos se visualiza trabajando en una oficina como mensajero, mientras otro quiere ser pastor de una iglesia evangélica. En realidad, nada los detiene; están seguros de que pueden hacerlo.