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Katiuska Medina es una entre muchos nicaragüenses sin empleo. Para ella el miércoles empezó a las 2:00 a.m., pues tenía que estar a las 3:00 a.m. en el Consulado de Costa Rica para realizar un doble visado y viajar al nuevo sueño de los migrantes: Panamá.

“Es impresionante ver cuánta gente va para allá, duermen afuera del Consulado para estar de primeros en la fila. En mi particular, llevo muchos años sin conseguir trabajo; la única forma que pensé para adquirir dinero fue emigrar. Aquí no me dan oportunidades porque buscan solo jovencitas, y a mis 40 años ya no me aceptan”, explica Medina.

Sus cuatro hijos --de 5, 8, 10 y 11 años-- son el motor que la impulsan a emigrar, dice.

“Necesito ayudarlos con sus estudios, ropa, comida, y sin trabajo no puedo darles nada; allá podré laborar de doméstica. Me duele dejarlos, pero no tengo otra opción”, admite con voz entrecortada.

Otro caso

Así como Medina, Carlos Manuel Darce, oriundo de León, se encontraba desde tempranas horas de la mañana haciendo una larga fila en el Consulado costarricense, para gestionar una visa e irse a Panamá.

“Yo viajo para ver si encuentro trabajo, aquí tengo un año desempleado. He trabajado de responsable de bodega y de tienda, pero ahora el empleo está escaso. Soy el sustento de mi familia y necesito llevarles el pan. Me iré, y volveré con dinero para poner un negocio”, comentó Darce.

Nuevo destino

Hasta la fecha, no existen cifras exactas de cuántos migrantes nicaragüenses hay en Panamá.

Carolina Rodríguez, divulgadora del Consulado de Costa Rica, dijo a El Nuevo Diario que desde el 11 de diciembre de 2013 hasta el 21 de julio del presente año, recibieron la solicitud de 8,944 visas de doble ingreso, las que necesitan los nicaragüenses para llegar hasta Panamá, pasando por territorio costarricense.

Por su parte, Emma Pelegrín, quien trabaja en el área de investigación del Servicio Jesuita para Migrantes, dijo que Panamá empezó a tener un fuerte impacto en la población nicaragüense a partir de los atentados contra las torres gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, ya que a partir de eso, Estados Unidos (destino principal para migrantes) comenzó a restringir la entrada y aplicó medidas migratorias más estrictas.

“Es por eso que los nicaragüenses empiezan a estudiar otras posibilidades para migrar y empiezan a centrarse en la región centroamericana. Es aquí que Panamá comienzaa ser un atractivo”, afirma Pelegrín.

Cifras

Pelegrín manifestó que antes de 2000 había unos 5,000 nicaragüenses en Panamá, sin embargo, en la actualidad se calcula que unos 15,000 nicas viven en el país canalero.

“Lo que pasa es que Panamá tiene varios atractivos. Para empezar, es un lugar muy seguro, tiene un contexto social y económico bastante cómodo, aunque lo fundamental es que su economía está dolarizada y hay un boom económico en los últimos años”, explica Pelegrín.

Actividades frecuentes

Según Pelegrín, la actividad a la que más se dedican los nicas en el país centroamericano es la construcción, y algunas veces también se insertan en áreas de servicios (restaurantes y comercio).

“Actualmente muchos trabajan en la ampliación del Canal Interoceánico” de Panamá, precisa.

Menciona que si bien es cierto que hay nicaragüenses que realizan trabajos informales, el desarrollo de esta labor es bastante difícil, y de alto riesgo, pues hay una normativa en Panamá que privilegia a los panameños en estas actividades.

“En cuanto a las mujeres, trabajan en áreas de servicios (como) domésticas y (dando) cuidados a personas de (avanzada) edad. Lo que está claro es que ambos sexos emigran porque el salario mínimo en Panamá está en US$400, y aquí está muy por debajo”, finaliza Pelegrín.

“Crisol de razas”

Lourdes Guevara, otra nicaragüense que viajará a Panamá, dijo que se hospedará con sus hermanas, quienes poseen residencia permanente tras regular su estatus migratorio con unprograma que el Gobierno panameño bautizó como la feria “Crisol de Razas”.

Esta se realizó por primera vez en julio de 2010, cuando el Gobierno del ahora expresidente Ricardo Martinelli permitió a los extranjeros que llevaban al menos dos años de vivir en el país sin autorización legal, sacar permisos de residencia y de trabajo por dos años.

Según Guevara, desde que sus hermanas asistieron a esta feria reciben todos los beneficios laborales, incluidos el pago de horas extras y el derecho a recibir atención médica de la Caja del Seguro Social, una entidad estatal.