•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El ser humano, en tanto concebido a imagen y semejanza de Dios, es un ser trino: es espíritu, tiene alma y mora en un cuerpo. El alma es ese espacio en donde residen: emociones, sentimientos, pensamientos y voluntad. Asume el rol de ese ser interior (el yo de Freud) que controla y dirige nuestras vidas.

En el alma se acumulan vivencias, aprendizajes, luchas, éxitos, fracasos, alegrías, tristezas, amor y desamor, esperanzas y desesperanzas, frustraciones, etc., resultantes de la vida cotidiana y de las relaciones interpersonales que establecemos. En gran medida de ella depende el bienestar psicológico de la persona y por ende las conductas puestas en práctica por la misma.

Por lo general en la niñez, independiente de las condiciones económicas del entorno, recibimos mucho amor, vivimos con alegría, tendemos a ser apacibles, pacientes, el estrés nos es ajeno, casi todo es juego, etc.

Sin embargo, en la medida que pasamos a nuevas etapas de desarrollo de la personalidad, van surgiendo situaciones que poco a poco nos van trasladando de esa vida apacible de la niñez, a otra, donde aparecen las pérdidas, los fracasos, el dolor, en fin, los obstáculos que hacen más difícil la existencia cotidiana.

Es en estas circunstancias difíciles aflora nuestra vulnerabilidad, tendemos a perder el sentido de la vida, y cuando esto ocurre, se activa el autointerrogatorio incansable que pretende encontrar respuestas al significado de la vida: ¿Quién soy?, ¿para dónde voy?, ¿para qué vivir?

Si este proceso de búsqueda se da en el contexto de episodios de dolor o depresivos, es muy probable que aparezca la idea de suicidio como una solución al conflicto existencial. El proceso de suicidio, según algunos expertos, se estructura en cuatro etapas, que son: a) Ideación suicida (aparece la idea recurrentemente y de igual forma es rechazada); b) Planificación del suicidio (se elaboran modalidades de ejecución); c) Ejecución o acto deliberado de morir o intento de suicidio (se pone en práctica el plan, el resultado puede ser fallido o no); y, d) Suicidio consumado o muerte.

En cualesquiera de las etapas que se encuentre una persona, el psiquiatra Dr. Augusto Cury postula que quien enfrenta esta situación “en ningún caso pretende acabar con su vida, lo que persigue es desprenderse de los problemas que le angustian”.

Desde nuestra experiencia personal, la solución a los problemas de la existencia no está en el suicidio, por el contrario, dicha solución se encuentra en buscar y alcanzar vida plena, la cual encontramos en Jesús, ese artesano del alma que la renueva, que transforma tristezas en alegrías, te enseña a vivir y superar las dificultades llenando vacíos existenciales con amor perfecto, expulsando temores, angustias, ansiedades, y preocupaciones, que te muestra la luz al final del túnel.

Amiga, amigo, te instamos a invitarlo a tu corazón a tomarte de Su mano, con Él todo es posible, dígale: Jesús, abro mi corazón y le acepto como mi Señor, salvador, sanador, restaurador y libertador de mi vida, líbreme de los problemas que son una carga pesada para mí, lléneme de su amor y deme vida plena.

 

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com.