•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

I

La piñata

¿Cómo es que usted y yo aprendimos a ser violentos? El veterano psiquiatra Humberto López tiene la respuesta: en la niñez. “Los primeros siete años de la vida son sustantivos para la formación de la personalidad. Hay mensajes que quedan grabados: ‘quédate solo’, ‘no seas tú mismo’, ‘ten miedo’, ‘sé violento’, ‘destrúyete’, ‘destruye a los demás’”, explica el médico.

Influye mucho cómo los padres corrigen a sus hijos. Las pataletas son reducidas a golpes, y “claro —dice López— a golpes se le enseña a un elefante, de esa forma lo estás amaestrando, no le estás enseñando; no querés que sea violento, pero le enseñás a obedecer con violencia”.

Hay detalles que revelan la transmisión inconsciente de la violencia, a criterio del especialista. “Al niño le gusta un osito, entonces en la celebración de su cumpleaños él va a desbaratar a palos al osito, lo va a destruir. Muchas veces los niños lloran cuando se quiebra la piñata y los padres no se dan cuenta por qué”.

La reproducción de la violencia en la vida adolescente y adulta está determinada en gran medida por el nivel de agresividad recibido en su infancia, sostiene el especialista. “A veces de dos o tres meses les dan nalgadas”.

El psiquiatra forense Nelson García sale del ámbito familiar al explicar las causas de la violencia: “Nuestra sociedad está marcada por la enseñanza de la violencia. Recuerdo todavía que los profesores en la escuela nos pegaban en las manos o en las piernas con una regla de dos pulgadas de ancho por una de grosor. El castigo físico era la prevalencia”.

Otro elemento determinante —dice García— es que se usa el lenguaje denigrante y agresivo para corregir “y eso provoca heridas tremendas”.

“La persona que es maltratada tiene muchos riesgos de maltratar después, porque la relación o las pautas de interacción familiar que conoció en la niñez son las que va a llevar en la vida adulta. No conoce otras. Aprendió que para controlar un problema en la casa su papá utilizaba el enojo, la ira y el golpe”, explica García.

No menos importante es la violencia expresada en los medios de comunicación, transmitida a través de las guerras que grandes naciones llevan a cabo y, entre otros, por medio de los videojuegos.

No solo los hombres

La violencia no se circunscribe a los hombres, sin embargo, es en ellos en quienes se refleja la parte más impulsiva. “Las mujeres también desarrollan una actitud para la violencia, pero utilizan otros elementos, son formas no evidentes físicamente, algunas sutiles como la manipulación. La sumisión impuesta por el hombre es una posición que facilita la violencia, y esa sumisión es transmitida a la hija”, dice García.

La clave, insisten ambos psiquiatras, está en la educación. “Todo se puede cambiar. Así como todo se ha construido, todo se puede reconstruir”, sostiene García.

La enseñanza de la no violencia debe darse desde el preescolar. “Cuando deconstruyamos a un niño y a un padre de la violencia, y cuando ese niño llegue a ser adulto, todo será distinto”, enfatiza.

II

El agresor

—Nos tratábamos mal. Ella a veces me llamaba estúpido, yo le contestaba que era una animal. Me decía caballo, yo le respondía que la caballa era ella y así…

El que habla está esperando su turno para pasar con el psicólogo Manuel Leiva, del consultorio Trascender. Su esposa lo acusó por violencia psicológica leve, mediaron y él se comprometió a acudir a terapia y a no acercársele. Tiene ya dos meses yendo a cita y le faltan seis meses más. Su caso no es el peor, dice él. En los talleres de masculinidad está un tipo que maltrataba a su mamá, se drogaba y la ofendía, casi la golpeaba, cuenta.

—¿Y vos ya sabés en qué fallaste?

—Fui infiel a los cuatro años de estar con ella y eso rompió todo lo bueno que teníamos: la confianza, la seguridad, aunque no hubiese motivos, ya estaba marcada. Le fui infiel porque me sentía superman, porque los hombres pensamos que tenemos licencia para hacer todo.

Calla y revisa unos documentos.

—Con ella todo era un ciclo, pasábamos bien dos meses y después discutíamos, liberábamos la tensión, nos ofendíamos y volvíamos a ser la familia feliz.

Su caso no es el más grave, es cierto, pero no debe minimizarse. Como este hombre hay aquí otros once más, algunos más violentos. Todos están en un proyecto piloto de reeducación de agresores; unos fueron acusados por violencia en los juzgados de Managua y otros llegaron hasta allí por voluntad propia o motivados por sus familias.

Lo lógica es esta, explica Manuel Leiva, especialista en temas de violencia y de masculinidad, y uno de los cuatro profesionales a cargo del proyecto: “Juan le pegó a María, lo que hemos hecho hasta el momento es decir que a María le pegaron, pobrecita María, y nos centramos en ella, no tratamos a Juan”. A su criterio, es necesario reeducar a los victimarios, porque de nada sirven un centenar de hombres presos.

Pero no hay que ir tan rápido. No se trata de ser condescendientes con los victimarios. Leiva sostiene que la Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres, Ley 779, contempla en el artículo 19, numeral b, que debe haber un proceso de reeducación. Hasta ahora solo se conoce la parte punitiva de esta legislación, y no se ha emprendido ningún proyecto en el otro sentido.

“Hicimos una sistematización de todos los programas que existen en otros países. Cuatro profesionales nos reunimos, hicimos una investigación documental, vimos las similitudes. Las grandes disyuntivas entre unos y otros tenían que ver con la cantidad de sesiones, unos van desde 10, otros llegan hasta 45 sesiones, unos trabajaban únicamente el tema de ira, otros trabajaban el tema de masculinidad, y otros, más que todo, la parte psicoeducativa: qué son los derechos humanos, qué es violencia, el ciclo de la violencia”, explica Leiva.

Todos los programas, a su criterio, “se quedan chingos”, pues no tratan los asuntos emocionales. “Decidimos crear nuestro propio modelo, que tiene cuatro etapas, la primera es la evaluación, es un filtro: se hace una prueba psicológica, una psiquiátrica y una evaluación psicosocial para obtener un perfil, porque tenemos criterios de exclusión”.

El programa estaría dirigido a los hombres acusados por delitos contemplados en la Ley 779, cuyas penas son menores de cinco años y que admiten mediación .

Los criterios

Están excluidos del proceso de reeducación en libertad aquellos victimarios con problemas de personalidad y con problemas psiquiátricos. En el resultado de la evaluación se indicarán los predictores de riesgo.

“Una de las cosas que se mide es la ideación suicida y la ideación de causar daño a otros; si ese ítem sale alto, es un riesgo inminente. Si asociado a eso, en su historia de vida hay abuso de sustancias, consumo de alcohol, eventos anteriores de violencia con cuchillos, armas de fuego, es mejor que ese hombre pase un proceso en cárcel”, explica Leiva.

En la segunda etapa se da el proceso de reeducación, en la tercera un monitoreo que dura dos meses, y en la cuarta se le integra a una red de prevención de la violencia o a una agrupación.

Se precisa como mínimo de seis meses de terapia, asistiendo una vez a la semana. Ese es el “modelo más corto para deconstruir algunos mitos y para que el hombre se permita exteriorizar sentimientos y decir que no lo sabe todo”, de acuerdo con el especialista.

“El programa de nosotros va orientado a que deje de hostigar, de golpear, a que deje de ser violento, a deconstruir el concepto de la masculinidad, a que aprenda que ser hombre no es golpear, que puede ser sensible, que puede, por ejemplo, tener una sola pareja”, entre otros.

Las posibilidades de reeducación son de hasta un 40%, pero dependerá mucho de la persona. Lo primordial, como en todo, es la voluntad. “Si pretendemos que el hombre pase de un extremo A a uno B, de machista a feminista, no lo vamos a lograr, si acaso alguno va a quedar integrado a una red. En el proceso nuestro, antes de salir él tiene que pertenecer a un grupo externo al nuestro, de redes de masculinidad; esto es para que quede integrado, pero sabemos que difícilmente va a perdurar”.

La psiquiatra Martha Muñoz es parte del proyecto piloto, y explica que lo que se pretende es que el hombre sea reeducado “a partir de la capacidad que tiene el cerebro de aprender información nueva”.

María Teresa Blandón, directora del programa feminista La Corriente, sostiene que sí hay hombres que pueden ser reeducados, pero “siempre y cuando reciban señales correctas: que no haya impunidad ni tolerancia, y que haya una valoración del entorno inmediato del agresor”.

“Si les andamos dorando la píldora, que (fue violento porque) es que estaba deprimido, (o le pegó porque) la mujer era muy malcriada”, no se logrará el propósito, dice Blandón, cuyo programa organiza anualmente un ciclo de formación en derechos sexuales y reproductivos dirigido a hombres y que dura seis meses.

“Para nosotros cualquier intervención con agresores pasa por tener como referencias las causas estructurales que provocan la violencia de género, y en ese sentido no podemos estigmatizar a circunstancias patológicas o específicas”, sostiene por su parte Juanita Jiménez, del Movimiento Autónomo de Mujeres, MAM.

Según Jiménez, los agresores que están en las penitenciarías deberían ser encaminados en la deconstrucción de la violencia, y ese proceso debe ser acompañado con otras acciones del Estado.

III

La masculinidad y la sociedad

A gran parte de los hombres no les enseñaron a tener límites, considera María Teresa Blandón, del programa feminista La Corriente, y “por eso el niño ve bien subirle la falda a su compañera en la escuela y pegarle una nalgada a una chavala en la calle”.

“Me hago hombre en la medida en que me distancio de las mujeres y aprendo a tener dominio sobre ellas. Ese dominio puede ser mayor o menor, tiene distintas tonalidades”, analiza Blandón, quien sostiene que el hombre “ha sido educado para construir su virilidad a costa del abuso y posesión de la mujer”.

“Nadando contra la corriente”, un libro escrito por Oswaldo Montoya, de Puntos de Encuentro, explica que “la dominación a las mujeres se manifiesta —entre otras cosas— en el control masculino sobre el tiempo, el trabajo, los bienes, la movilidad y los cuerpos mismos de las mujeres”.

Douglas Antonio Mendoza Urrutia, coordinador de Programa de Masculinidades de Puntos de Encuentro y miembro de la Comisión Coordinadora de la Red de Masculinidad, sostiene que lo más complejo en el proceso de deconstrucción del concepto de hombre que tienen los varones es “dejar de usar los privilegios” que el sistema les da.

“El machismo nos permite hacer cualquier cosa con otros hombres y con las mujeres sin que nadie nos interpele”, dice Mendoza Urrutia. Ir contra la corriente es uno de los grandes inconvenientes, demostrar afecto y cariño a otros hombres y poder aceptar y hablar con amigos homosexuales y trans.

Desde el programa que dirige promueven otra forma de relacionarse con las mujeres, otra manera de ser hombre, y los métodos para desaprender el machismo.

 

30 por ciento del total de la población penal masculina en el primer semestre de 2014 está detenida por la Ley 779.

1,170 estaban detenidos por amenazas, informó el magistrado Rafael Solís.

600 hombres estaban detenidos por lesiones psicológicas leves.

400 por lesiones físicas leves.

52 femicidios hasta julio registra la organización Católicas por el Derecho a Decidir.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus