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  • Tomado de El País, España

Amnistía Internacional, AI, publicó un informe (Limpieza étnica a niveles históricos: Las minorías del norte de Irak, objetivo sistemático del Estado Islámico, EI) en el que acusa a los yihadistas de perpetrar una “limpieza étnica” en el norte de Irak, donde el Estado Islámico, EI, se hizo fuerte el pasado junio con la toma de Mosul.

El documento, de 26 páginas, recoge numerosos testimonios de supervivientes a las atrocidades del EI, como el del tendero Khaled Mrad, de 38 años: “Ese no era el camino hacia la montaña. Cuando miré hacia abajo vi un grupo de cuerpos. Sabía que (el EI) nos iba a matar”. 

Los yihadistas llevan a cabo una campaña de terror en zonas de Irak y Siria --donde pretenden instaurar un califato islamista-- que consiste en practicar la crucifixión, lapidación y decapitación.

Esta última brutal forma de asesinato fue la que sufrieron los periodistas estadounidenses James Foley y Steven Sotloff.

Los expertos cifran en 50,000 los yihadistas que combaten bajo la bandera negra del Estado Islámico. De ellos, 20,000 serían extranjeros. El pasado mes de junio, el EI anunciaba la creación de un califato que se extiende por territorio sirio e iraquí.

Modus operandi

“Las matanzas y los secuestros que lleva a cabo el EI ofrecen nuevos y desgarradores datos que indican una oleada de limpieza étnica en el norte de Irak”, señala desde la zona Donatella Rovera, investigadora y asesora para AI.

Los testimonios de los iraquíes que la ONG británica ha recopilado durante los últimos tres meses indican un modus operandi del EI muy regular: secuestran a los ciudadanos —no árabes y no seguidores de la rama suní del Islam— y los llevan a la escuela secundaria local; separan a las mujeres de los hombres y les quitan las joyas, el dinero y los teléfonos móviles.

“No sé dónde está mi familia (su mujer y siete hijos). No sé si están vivos o muertos”, relata Elías Salah, un enfermero de 59 años. Según los testimonios, en su inmensa mayoría de varones, los yihadistas les ofrecen primero convertirse al Islam.

Después los suben a una camioneta “con otros 20 hombres” y los alejan de las urbes, para fusilarles. “A mí me dispararon tres veces, dos en el brazo y una en la cadera”, describe otro superviviente. “Cuando (los yihadistas) se marcharon, otro hombre y yo nos levantamos. Todos los demás estaban muertos”, añade.

Campos de muerte

Los yihadistas extraen las joyas, el dinero y los móviles de sus víctimas antes de fusilarlas.

Rovera, que se encuentra actualmente en Irak, critica los “crímenes despreciables que han transformado las zonas rurales de Sinyar (norte) en campos de muerte empapados en sangre en su brutal campaña” para borrar todo rastro de las minorías iraquíes.

Rovera ha acusado también al Gobierno iraquí, aún en período de formación, del chií Haider Al Abadi, de hacer la vista gorda y de armar a los voluntarios contra el avance del EI.

Estados Unidos y algunos países de la UE como Alemania han aprobado recientemente el envío de armas a las fuerzas kurdas —los peshmerga— para combatir a los yihadistas. Ante esta situación, la asesora de AI exige a las autoridades que se centren en la protección de los civiles —sin hacer distinciones de etnia o religión— y que los responsables de estos crímenes sean juzgados.

Investigación

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU, reunido en Ginebra (Suiza), aprobó por unanimidad el envío de una misión especial a Irak para investigar las atrocidades perpetradas por las milicias del EI.

El anuncio lo hizo el mismo día en que la organización publicó el último dato alarmante: 1,420 iraquíes murieron tan solo durante el mes de agosto como consecuencia de los combates.

“Estamos frente a un monstruo terrorista”, declaró ante el organismo multinacional Mohammed Shia al-Sudani, ministro iraquí de Derechos Humanos.

 

Un vídeo publicado en internet por los yihadistas mostraba la ejecución sumaria de 250 uniformados sirios tras la captura de una base.

 

6,000 combatientes islamistas sirios se han sumado al Estado Islámico.

 

Tablero estratégico se rediseña

Cambios • La irrupción del Estado Islámico, EI, está obligando a replantearse alianzas y enemistades en Oriente Próximo.

Su amenaza territorial ya ha impulsado la cooperación militar entre los hasta ahora enfrentados Gobierno central de Irak y el regional kurdo. También Estados Unidos y sus aliados se encuentran al lado de viejos enemigos, sean las milicias chiíes, el régimen de Bachar el Asad o el Irán de los ayatolás. En algún caso, las consecuencias pueden ser contraproducentes.

Si la coincidencia de intereses de Estados Unidos e Irán en la zona puede trazarse al derribo de Sadam Husein en 2003 —e incluso, dos años antes, al desalojo de los talibanes de Kabul—, la posibilidad de beneficiar indirectamente a El Asad ha hecho que el presidente Barack Obama esté pensando dos veces extender los ataques a Siria.

El Gobierno de Siria, que desde hace tres años justifica su brutal represión de las protestas populares por la lucha contra el terrorismo, se siente reivindicado por la reacción internacional ante el desafío yihadista.

Amigos y rivales

Pero no solo Washington afronta una difícil dicotomía. Teherán, convertido en faro del islam chií desde su revolución de 1979, ve con contenida satisfacción cómo la aviación estadounidense debilita al EI, extremistas suníes que consideran a los chiíes apóstatas indignos siquiera de la conversión.

Así que, llegado el caso, tendrá que hacer encaje de bolillos para rechazar o justificar los eventuales bombardeos de Estados Unidos al grupo en territorio sirio. El régimen de Damasco, su principal aliado árabe, ha dejado claro que los considerará una agresión si se efectúan sin su permiso.