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Es “referente social y legal” a nivel nacional e internacional del trabajo sexual vinculado al VIH, violencia, promoción de derechos humanos y laborales; además, destaca por su lucha contra el estigma y la discriminación.

Eso dice la hoja de vida que la Red de Trabajadoras Sexuales, RedTraSex-Nicaragua, preparó para presentar a Elena Eva Reynaga, secretaria ejecutiva de la organización en Latinoamérica y el Caribe.

Pero la hoja de vida se queda corta en la descripción, porque Reynaga era analfabeta cuando le ofrecieron el cargo en la organización, el cual no aceptó en ese momento. Luego aprendió a leer y hoy es todo un personaje a nivel mundial.

Reynaga, originaria de Argentina, visitó recientemente Nicaragua para capacitar a las trabajadoras sexuales en comunicación e incidencia política.

 

¿Cuántos años tiene de pertenecer a la Red y cómo llegó a ella?

En realidad yo soy fundadora de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, la fundamos más o menos en 1994 y después, en 1997, en un encuentro en Costa Rica, se fundó la Red Latinoamericana. En ese momento me eligieron como la presidenta, pero como no sabía leer ni escribir no quise asumir semejante responsabilidad, estaba todavía muy inmadura. En 1999 nos volvimos a encontrar en Venezuela y así sí disputé el lugar. A partir de 1999 soy la secretaria ejecutiva de la Red.

 

¿Quiere decir que usted aprendió a leer estando dentro de la organización?

Fui a la escuela a los 48 años, tengo 61 y entonces por eso yo insisto mucho ante los Gobiernos en esta cuestión de no subestimarnos y pensar que nosotras, por ser mujeres, necesitamos que nos rescaten del trabajo sexual y nos manden a una máquina de coser. No, nosotras decimos que detrás de cada mujer hay una líder que hay que pulir para que haga el bien para todo un colectivo, que somos las trabajadoras sexuales o para otras mujeres; no importa si fuiste a la universidad o no, porque a veces nos meten en la cabeza a nosotros los pobres que valen más los que fueron a la universidad que los que no fuimos. La universidad te da un conocimiento intelectual y científico, pero la vida también te da otro conocimiento.

 

¿La organización la educó?

Nosotras como argentinas estamos dentro de la Central de Trabajadores Argentinos y allí hay una escuela para adultos a la cual yo empecé a ir, en algún momento (la) pensé, porque a veces te dicen que no. ‘Ya sos grande, no vale la pena y para qué’, pero estando en la organización me di cuenta de cuál era el para qué: la educación es poder. Cuando uno se educa tiene conocimiento y este te da poder y empoderamiento, te levanta la autoestima.

 

¿Usted ejerció?

Sí, durante 30 años, empecé como bailarina y después ejercí mi trabajo sexual.

 

¿Ahora ya no?

No tengo tiempo ni edad, porque la organización me requiere. Yo vivo viajando en todos los países y por suerte la organización me da un salario para que yo pueda poner todo mi conocimiento al servicio de un colectivo. Si me siguiera parando en una esquina, la única que se beneficiaría con ese trabajo soy yo, en cambio estando en la Red Latinoamericana nos beneficiamos todas. Creo que nosotras las trabajadoras sexuales deberíamos trabajar hasta los 45 años, por eso es importante tener una ley que reconozca el trabajo sexual, el cual es insalubre, como el del minero o del que maneja un taxi.

 

Y de alto riesgo…

De alto riesgo por la clandestinidad en que hoy estamos. No hablemos de alto riesgo epidemiológico. Hablemos de la violencia institucional en general: nosotras somos violentadas cuando un médico te discrimina, cuando la enfermera te discrimina, cuando un policía te chantajea y termina pidiendo sexo sin consentimiento a cambio de no molestarte más.

 

¿Este problema está generalizado en todos los países de América Latina o hay particularidades especiales en ciertos países?

Bueno, creo que en Centroamérica es un poco más agudo el tema de la discriminación, porque tiene que ver con sociedades un poco más conservadoras, tiene que ver con que la religión católica es como una cosa que cala hondo y tiene que ver con el machismo. Me parece que el tema de la discriminación y la violencia de género no es un problema de las trabajadoras sexuales. Hay que empezar a trabajar con el hombre.

 

A nivel de las sociedades centroamericanas se ha tildado el trabajo sexual como un problema social, ¿cuál es la visión que usted tiene?

El problema social que tenemos todos los centroamericanos, los latinoamericanos y los ciudadanos del mundo es que nosotros tenemos que comenzar a ser libres y libre quiere decir que la religión nos caló profundo a todos y todas, y no disfrutamos de la sexualidad. Entonces no solo discriminamos a las trabajadoras sexuales, discriminamos a las compañeras lésbicas, al gay y qué pasa con ellos. Tenés que hablar de la sexualidad. No la estamos disfrutando. Tenemos que dejar tanto prejuicio, porque Dios es amor y no discrimina.

 

¿Ha aumentado el número de trabajadoras sexuales estos años o ha disminuido?

No, no ha aumentado ni ha disminuido. Eso no tiene que ver con el nivel de pobreza, me parece que tiene que ver con una cuestión de más liberación: las mujeres no queremos depender más, no queremos ser más la señora ‘de’, en todo caso si soy la señora ‘de’ no quiero estar con ‘de’ por lo que él me da, o sea no quiero casarme ni vivir en pareja por que ese señor me mantenga, yo quiero vivir con ese señor o esa señora porque quiero compartir los días de mi vida.

Ya que mencionó el tema, en algunos grupos se tiene la creencia de que cuando una trabajadora sexual encuentra con quién casarse, hizo realidad un sueño.

No, mentira, lo de “Mujer bonita” es pura ficción, mi vida. Yo no me quiero casar con nadie nunca más. Yo hace 20 años y pico que vivo sola y ¡bárbaro!, no me quejo. Creo que las mujeres hemos crecido intelectualmente y nos hemos empoderado. Queremos estar en los espacios donde se toman las decisiones, donde se discute la política, queremos igualdad y equidad de derecho, pero en serio, no queremos una mera ley que diga que hay un cupo para determinada mujer en el Gobierno, en la legislatura, en el congreso o en una empresa, no queremos ser más florero de nadie ni justificación, queremos ser actoras políticas.

 

Entonces una mujer que ha ejercido esta profesión podría acceder a la política…

¿Por qué no?

Porque aquí en Nicaragua nunca se ha visto…

Sí, pero por eso vamos a formar a las compañeras, es un desafío. Yo tengo muchos ofrecimientos en mi país para el 2015, lo que pasa es que me enamora más hacer lo que hago, pero veré… No milito en ningún partido político, porque soy antipartido, porque los Gobiernos y los partidos están hoy y nosotras estamos siempre.

La verdad es que hay una disputa feroz ahí adentro y a veces desleal, y no doy el perfil para eso, soy una mujer políticamente incorrecta, digo las cosas donde y a quien tengo que decirlas y parece ser que en la política tiene que haber como mucha falsedad.

 

¿Cuál sería el mensaje que le dejaría a las mujeres latinoamericanas?

Nosotras tenemos que empezar a ser libres, empoderadas y felices, y dejar de criticarnos, porque a veces las mujeres somos muy malas con nosotras mismas. Me parece que tenemos que empezar a juntarnos, no importa si yo soy trabajadora sexual o vos sos comunicadora.

 

La historia

Elena Eva Reynaga

Activista y trabajadora sexual en retiro

Junto a un grupo de mujeres, formó en 1994 una organización en Argentina para defender sus derechos humanos ante las constantes violaciones de las que eran víctimas.

El 10 de marzo de este año el Senado de Argentina la galardonó por su lucha en pro de las trabajadoras sexuales.