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Artículos que hace décadas fueron tesoros de familias de abolengo de diferentes ciudades del país, se exhiben entre infinidad de antigüedades “rescatadas” del olvido, mientras aparece alguien que aprecie sus orígenes y pague por ellos.

Alberto Navas Robles, es el artista, que logra ver “oro” en esas piezas que a sus manos llegan apagadas o desvencijadas por el tiempo, uso o abandono.

Cuenta que hace 14 años comenzó comprando antigüedades para revenderlas, y poco a poco fue puliendo el talento que le permite devolverle vida a objetos que a muchos a primera impresión mandarían al cesto de la basura.

Un buen día decidió montar la tienda Antiques Pueblo Viejo, un sitio donde es posible viajar al pasado, apenas se cruza el portal.

Una especie de museo

La tienda parece más bien un museo, y quienes aprecian las cosas con historia pueden deleitarse con la colección que va desde el mueble más antiguo y valioso, hasta detalles que simplemente transportan al cliente a épocas inolvidables.

Un ejemplo de ello, es la presentación en botella de vidrio de la bebida Kola Shaler, y los envases de otras ya desaparecidas como la famosa Orange Crush y los galones de vidrio del aceite Corona.

Hay ruedas de carretas, pichingas lecheras, tinajones, baúles, campanas, máquinas de escribir, planchas de hierro, voltímetros, balanzas, candelabros, mesas de noche, roperos, puertas antiguas, una consola de discos de acetato de los años 70, por mencionar algunas cosas.

La lista resultaría interminable. Todo en la tienda de Navas Robles evoca al pasado.

Recicla

“Inicialmente compraba cosas viejas, piezas antiguas, las que vendía como antigüedades, pero ahora tengo nueve años de trabajar en la restauración. También hacemos muebles con un estilo particular, con un diseño más personalizado, de una cosa simple, pero con esencia”, dice Navas Robles, mientras expone que trata de hacer algo diferente “para no estar compitiendo con otras empresas”.

De la tienda cuenta que la comenzó en un local en El Raizón, carretera a Masaya desde hace cinco años, “pero pronto tendremos un local más grande donde nos instalaremos definitivamente”, anuncia. Navas Robles cuenta que su más reciente adquisición es un ropero viejo que encontró en Granada, el cual pretende restaurar.

Pero explica que hay ocasiones en que transforma productos con la misma madera, pues es una de las propuestas que también demandan los clientes. Dice que los aliados de su trabajo son los aceites naturales, el zener, las lijas, y el líquido para curar madera. No usa barniz, porque considera que esa sustancia hace ver artificial el producto.

“Compro madera de las estructuras de las casas viejas y con eso hacemos muebles nuevos. Además, con eso no perjudicamos el medioambiente. Tratamos de suplirnos siempre verde”, añade.

Fuente de empleo

Aunque Navas Robles reconoce que sus productos no se pueden vender masivamente, expresa que con altas y bajas, logra mantener puestos de trabajo para siete personas. Según dice, para tener “oxígeno”, requiere facturar al mes un mínimo de US$5,000.

El pequeño empresario asegura que sus principales clientes son los diplomáticos, empresarios y personas con cierto poder adquisitivo; pero, principalmente, aquellos capaces de reconocer el valor de este tipo piezas.

“Generalmente, nuestros clientes hacen encargos. Trabajamos bastante para organismos internacionales que amueblan sus oficinas, pero también de embajadas (muchos diplomáticos) vienen y se han llevado nuestros muebles. Hasta de Guacalito (de la Isla), pues llevaron partes rústicas donde hicieron mesas, y formamos parte de 54 talleres que participaron en ese proyecto”, menciona con orgullo el artesano.

 

A la tienda de antigüedades también llegan clientes que buscan muebles con un estilo particular, con un diseño más personalizado. “Eso es lo que yo llamo una cosa simple, pero con esencia”, dice el artesano.