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Sin más apoyo que el de Venezuela, Nicaragua se vio obligada a retirar este jueves una moción de crítica contra el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) José Miguel Insulza, y Estados Unidos, a causa de la falta de respaldo de los Estados miembros.

De esa manera, la denuncia internacional que efectuó el gobierno del presidente Daniel Ortega en contra de los supuestos “intervencionistas” que perpetraron un “plan de desestabilización” en Nicaragua, se transformó en un “boomerang” de consecuencias político-diplomáticas, que dejó en evidencia el escaso apoyo que tiene el mandatario nicaragüense en su intento por legitimar los comicios del pasado 9 de noviembre.

Batiéndose en retirada
“Nos reservamos el derecho de presentar en una reunión posterior la propuesta que sometemos a consideración de ustedes el día de hoy (jueves)”, declaró el embajador nicaragüense ante la OEA, Denis Moncada, ante sus 33 colegas.

La decisión nicaragüense se produjo durante una sesión del Consejo Permanente de la OEA en la que la mayoría de estados miembros mostraron su apoyo a Insulza.

El secretario general de la OEA expresó, poco después de la celebración de elecciones municipales en el país el 9 de noviembre, su preocupación por el clima de violencia y las denuncias de la oposición al gobierno sandinista.

Managua respondió inmediatamente y criticó públicamente a Insulza, además de acusar a Estados Unidos, que compartía esas preocupaciones, de “injerencia”.

Moncada dijo en la sesión que Insulza se sumó “al coro injerencista” y “secunda esa campaña deslegitimadora de las elecciones municipales en Nicaragua y desestabilizadora del gobierno del presidente Ortega”.

Agregó que “el secretario general de la OEA se está convirtiendo en un mensajero oficioso de sectores interesados en continuar pretendiendo descalificar y desestabilizar al gobierno popular, legítimo y constitucional” de Ortega.

La moción fracasada
Moncada presentó al inicio de la asamblea una moción a sus colegas para que se haga “un llamado al gobierno de los Estados Unidos a que cese en su actitud injerencista” y para “recordarle (...) a no utilizar la presión económica y se abstenga de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza”.

La moción tenía también como objetivo “recordarle al secretario general José Miguel Insulza que no se extralimite en sus funciones”.

“Es inaudito que el secretario general se invista de una autoridad que ni el Estado, ni el gobierno ni el pueblo de Nicaragua le han otorgado”, criticó el embajador en presencia de Insulza.

Nicaragua, secundada principalmente por Venezuela, lanzó duras acusaciones contra los Estados y organizaciones internacionales que han expresado dudas sobre la limpieza de los comicios.

Insulza salvó con relativa comodidad una delicada situación diplomática ante los inusuales ataques de Managua y Caracas, que lo acusaron la semana pasada públicamente de plegarse a Estados Unidos.

El Secretario General de la OEA había expresado su “preocupación” por la situación en el país centroamericano.

“Esa declaración no reflejaba ningún animo de tener injerencia”, aseguró Insulza ante el Consejo Permanente.

“Después de todos estos años en la vida política (...) que nadie piense que a estas alturas me voy a meter en un complot”, dijo Insulza, que recordó su lucha contra la dictadura pinochetista en Chile.

Insulza también recordó que la participación de la OEA, con 200 observadores, ayudó en 2006 a convalidar la elección del presidente Daniel Ortega.

Moción de EU tampoco prosperó
Pero a medida que la sesión del Consejo avanzaba, quedaba más patente que Nicaragua no contaba con el apoyo de los otros miembros, ni tampoco Estados Unidos, que presentó su propia moción de apoyo a la “gobernabilidad democrática de Nicaragua”.

“Lo que sucede a la democracia de uno de nuestros miembros nos afecta a todos, y tenemos el derecho a estar legítimamente preocupados cuando la democracia es atacada en cualquier estado miembro”, señaló el embajador estadounidense, Héctor Morales.

De la veintena de países que intervinieron en el debate, la mayoría dio apoyo a Insulza o no secundó la moción nicaragüense, aunque tampoco la estadounidense.

Honduras “no va a respaldar ninguno de los dos proyectos de resolución. Nosotros somos la OEA, y la OEA será lo que nosotros decidamos”, proclamó el embajador hondureño, Carlos Sosa, tras reiterar “su confianza en el secretario general”.

“México lamenta que con motivo del conflicto postelectoral se hayan producido hechos de violencia; confiamos plenamente en que el gobierno y los actores políticos adoptarán las medidas necesarias para poner fin a estos hechos”, dijo su representante, Gustavo Albin.

Venezuela mostró un apoyo total a Nicaragua, y calificó a la OEA de organización que “se resiste a morir”, en palabras de su embajador, Roy Chaderton.

Nicaragua “es el país americano más martirizado por la intervención extranjera” aseguró.

La OEA podría volver a debatir el asunto el próximo lunes.

El embajador Moncada Colindres manifestó que “el pecado” de su país “es que tiene un gobierno progresista, revolucionario, electo libremente” y que “aspira cambios democráticos y profundas transformaciones políticos, económicos y sociales”.

Agregó que las declaraciones del Departamento de Estado y del embajador en Managua, Robert J. Callahan, de que evaluarán la ayuda económica a Nicaragua “no abonan a la estabilidad de las relaciones bilaterales”.

El diplomático afirmó que la preocupación estadounidense por los comicios nicaragüenses son expresiones “para no perder el hábito ni la mala costumbre injerencista”.

Resolver con carta democrática
Dos días después de las elecciones municipales de Nicaragua denunciadas como fraudulentas por la opositora alianza Partido Liberal Constitucionalista, Insulza instó a que la controversia fuera dirimida teniendo como guía la Carta Democrática Interamericana, y señaló un agravamiento de la situación implicaría “un serio retroceso para el proceso democrático”.

“Están desconociendo la Carta de la OEA, la cual regula que ninguna de sus disposiciones autoriza a intervenir en asuntos de las jurisdicciones internas de los Estados miembros”, afirmó Moncada.

Dijo que el presidente Ortega tiene razón cuando afirma que “de nuevo Nicaragua está sufriendo una guerra de baja intensidad, ya no con armas convencionales como en los años 80, ahora es con la mentira, la infamia y las calumnias a través de los medios de comunicación al servicio de la oligarquía y del imperio que buscan socavar y derrocar al gobierno de Nicaragua”.