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Con una hora de retraso inició la esperada hípica de Masaya en honor al doctor que cura sin medicina, donde los masayas se desbordaron desde horas del mediodía para llegar a los Jardines de La Barranca, de donde salió del desfile.

David Páramo Sandoval, de la Junta Directiva del Club Hípico de Masaya, expresó que a este desfile han concurrido amigos de Matagalpa, de Chontales, de San Carlos, muchos han venido de Managua y de los municipios de Masaya como Masatepe; otros han llegado de Diriamba, de San Marcos e inclusive de Rivas.

“Hemos puesto el corazón, la energía en la organización de la hípica; hemos tenido el apoyo de grandes empresas, y te puedo decir que hemos inscrito a 2,000 caballistas, y no hallo las horas de verlos en las calles de Masaya”, dijo Páramo Sandoval, primer vocal de la Junta Directiva del Club Hípico de Masaya.

En el desfile se pudo apreciar diferentes ejemplares, entre ellos, iberos, españoles y peruanos. Los pobladores del barrio San Carlos sacaron sillas para apreciar a los corceles que parecían danzar con la música.

Pasión por el hipismo

El desfile salió de los Jardínes de La Barranca, se enrumbó hacia la calle principal del barrio San Carlos, llegó a las famosas 7 Esquinas, a salir a la calle del Asilo de Ancianos San Antonio; recorrió la calle principal del barrio San Juan, rumbo al parque central; luego dio vuelta al parque para tomar el costado este y buscar la calle de la casa cural y enrumbarse por la Avenida Real hacia la parroquia San Jerónimo, patrono de los masayas.

La montada Deymari Rodríguez, de Nandaime, aseguró que desde los tres años aprendió a montar a caballo, y desde que tiene uso de razón ha participado en todos los hípicos del país.

“Me gusta la hípica de Masaya porque es ordenada, extensa, y cada año se nota que participan más montados. Hago el llamado a los amantes de este desfile para que se diviertan sanamente”, mencionó Rodríguez.

Esta actividad en honor a Tata Chombo culminó con una tertulia realizada en el restaurante El Paraje, y una fiesta danzante amenizada por el grupo musical La Nueva Compañía.