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“Señora, no hay nada que hacer por esta niña, solo le damos unos cuantos meses de vida”, recuerda Yazel Gutiérrez que le dijeron los doctores del hospital La Mascota en 2012, cuando determinaron que su hija, Allison Landero, tenía leucemia linfoblástica aguda infantil (LLA), un tipo de cáncer en la sangre que afecta la médula ósea. La noticia la devastó. Llevaba dos años batallando por salvar a su pequeña.

En La Mascota le decían que se resignara, pero ella optó por luchar. Relata que con determinación fue de puerta en puerta buscando apoyo y, tras muchos tropiezos y decepciones, a través de un amigo residente en Boston, logró hacer contacto con el Children’s Hospital de esa ciudad, que al conocer del caso de Allison aceptó tratarla.

Allison había sido diagnosticada con cáncer en la sangre en 2010, y durante un año y medio recibió quimioterapia en el hospital La Mascota para contrarrestar la enfermedad. Lastimosamente el mal resistió y la atacó con mayor intensidad.

“Los doctores (de La Mascota) me dijeron que mi hija solo tenía dos opciones: una era intensificar la quimioterapia para alargarle la vida por unos meses más, o bien salir del país para buscar un trasplante de médula que le salvara la vida, ya que en Nicaragua no hacen este tipo de trasplante”, relata Gutiérrez.

Con el panorama claro en su mente, y sin perder las esperanzas, Gutiérrez “movió cielo y tierra” para viajar a Boston. Una vez en el Children’s Hospital, los exámenes confirmaron que Allison padecía leucemia linfoblástica aguda infantil.

Gracias al avance de la medicina, la menor fue literalmente salvada de la muerte. En Boston le practicaron los tratamientos correspondientes y hoy en día, a sus cinco años, fue declarada libre de cáncer.

Cuenta Gutiérrez que cuando encontró el apoyo, la salud de Allison había empeorado significativamente: “Ya había perdido el apetito, constantemente padecía de cansancio, solo quería pasar durmiendo y con un fuerte dolor en sus piececitos que no la dejaba tranquila”, detalla.

Periplo de angustia

Gutiérrez recuerda que su desesperación por encontrar una mano amiga la llevó a buscar ayuda en cuanto sitio le indicaron. Uno de ellos fue el hospital de niños de Texas, donde le dijeron que si no tenía 800 mil dólares, por favor no sacara cita.

Desconsolada, regresó a La Mascota a suplicar ayuda, y cuenta que una doctora que atendió a su pequeña redactó una carta para el hospital del niño de Miami, St. Jude, donde detallaba el cuadro clínico de la menor, pero en el centro le dijeron que no contaban con los recursos para atenderla.

Nueva vida

Ahora Allison solo tiene que adaptarse al trasplante de médula que le practicaron para contrarrestar el cáncer.

Para ello recibe fototerapia, un tratamiento que consiste en sacarle toda la sangre del cuerpo, aplicarle radiaciones y luego regresarle la sangre.

Al ver recuperada a su pequeña, Gutiérrez expresa un profundo agradecimiento con el Children’s Hospital de Boston y con las familias nicaragüenses Largaespada y Espinoza, que han sido incondicionales con ella durante su estadía en esa ciudad.

 

"Los doctores (de La Mascota) me dijeron que mi hija solo tenía dos opciones: una era intensificar la quimioterapia para alargarle la vida por unos meses más, o bien salir del país para buscar un trasplante de médula".

Yazel Gutiérrez, madre de Allison