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Dos versiones totalmente opuestas existen en torno a la situación que originó el estado de postración en que se encuentra el procurador auxiliar penal, Oscar Pupiro Franco.

Mientras la familia Pupiro-Franco afirma que hubo negligencia en la atención a su pariente en el Hospital Militar “Alejandro Dávila Bolaños”; las autoridades del centro asistencial aseguran haber cumplido con los procedimientos establecidos.

Con relación al reclamo de la familia de Pupiro, el jefe de la Dirección de Relaciones Públicas y Exteriores del Ejército de Nicaragua, coronel Manuel Guevara Rocha, brindó la siguiente versión: “En la atención médica —brindada a Oscar Pupiro— se realizaron los procedimientos correspondientes y si existe inquietud de parte de la familia, estamos en la disposición de atenderlos”.

La historia de Pupiro Franco comenzó hace tres meses y, según su familia, su caso debe ser una alarma para que las autoridades revisen el funcionamiento de los diferentes sistemas de atención del país.

Entre el 25 de junio y el 26 de agosto, el paciente recibió asistencia hospitalaria en tres ocasiones, en dos hubo diagnósticos equivocados y en otra —en un centro de salud— le fue suturada una herida de manera inadecuada.

Primer error

Marlene Franco, madre del joven abogado, relató que su hijo, quien mañana cumplirá 24 años, ingresó al Hospital Militar quejándose de dolor abdominal y fue operado por una supuesta apendicitis.

Pero una semana después, el cirujano Julio Zapata le pidió disculpas por haberlo intervenido y sacando el apéndice de manera innecesaria, según la denunciante.

“Discúlpanos, pero tu apéndice estaba bueno; pero ya estábamos en el quirófano y te lo sacamos”, habría dicho el galeno a Pupiro, refiere su progenitora.

Para justificar su error, Zapata dijo al paciente que con la operación le habían ahorrado dolores en el futuro por una eventual apendicitis, refirió la denunciante, agregando que el mal que aquejaba a su hijo era una irritación del colon.

Una herida mal curada

Un mes después de la cirugía equivocada, el 26 de agosto, el destino jugó otra mala pasada a Pupiro Franco, al volcarse la camioneta en que se transportaba de Managua a San Carlos, Río San Juan.

Como resultado del percance, Pupiro Franco sufrió una herida en el antebrazo izquierdo y fractura en una costilla del mismo costado. La herida fue suturada en el centro de salud de Acoyapa.

El 27 de agosto, un día después del accidente, Pupiro Franco ingresa al Hospital Militar. Ahí, al día siguiente, los médicos que le atendieron le dieron de alta, recomendándole reposo y recetándole Indometacina y Diclofenac.

El 30 de agosto la salud de Pupiro se deteriora, siendo atendido por un médico privado, quien descubrió que en la herida suturada había tierra y restos de vidrio. Ni los médicos del centro asistencial de Acoyapa ni los del Hospital Militar se percataron de esa falla.

Faltaba lo peor

Lo peor para Pupiro Franco y su familia todavía no había pasado, porque entre el 31 de agosto y la noche del 2 de septiembre, según Marlene Franco, su hijo “nadó en sus orines” ante la supuesta indolencia del personal médico.

“Yo llevaba todo de la casa para el aseo personal de mi hijo, hasta toallas grandes, porque no le cambiaban la ropa de cama”, se quejó la madre.

Según Marlene Pupiro, fue hasta la noche del 2 de septiembre, cuando ella se exaltó, que le dieron atención seria al abogado. Ordenaron tomarle una tomografía, la que reveló, solo hasta entonces, que su hijo tiene dos vértebras fracturadas.

Esta situación, según la familia denunciante, causó un shock de médula al joven abogado, dejándolo en una situación de pronóstico reservado sobre su futuro.

 

El jefe de Relaciones Públicas del Ejército, coronel Manuel Guevara Rocha, brindó la siguiente versión: “En la atención médica se realizaron los procedimientos correspondientes y si existe inquietud de parte de la familia, estamos en la disposición de atenderlos”.