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El transporte de Nicaragua está desordenado. Los buses interurbanos de Managua, a diferencia de otras ciudades de Centroamérica, tienen números y no los nombres o referentes de los lugares por donde circulan, no hay terminales sino mercados donde las terminales se ubicaron, y sólo una de ellas tiene establecidos los horarios de salida de sus buses.

Con los referentes anteriores, se puede decir entonces que recomendar a alguien viajar en buses por el país y proporcionarle una guía de transporte, es una labor titánica. Esta labor la ha realizado durante varios años el alemán Mathias Hock, a través de su guía “Nicaragua Transport”.

Hock, quien visitó por primera vez Nicaragua en 1988 --y tiene 19 visitas al país desde entonces--, destaca que la guía la vende a sus coterráneos y a otros europeos que deciden emprender giras a estas tierras en busca de aventuras.

La guía Nicaragua Transport durante muchos años no sólo ha brindado información sobre los buses, sino que incluye los itinerarios y estaciones de trenes que existieron en el país, entre ellos un tren que fue arrancado en 1994 de las entrañas nicaragüenses y vendido como chatarra.

“Yo soy un apasionado de los trenes. En mi país trabajo con trenes, y recuerdo que la primera vez que viajé a Nicaragua, en 1988, recorrí los sitios a bordo de un tren que era lento y nunca salía a tiempo, pero que permitía a turistas como yo, conocer de cerca a las personas que habitaban los pueblos por donde pasaba. Siento mucha nostalgia, porque en Nicaragua ya no hay más tren, cuando en otros países europeos, por ejemplo, se están reabriendo rutas alternas que habían sido cerradas para que nuevamente los trenes circulen”, comentó Hock.

Chatarras oscuras
Hock se declara enamorado de Nicaragua y expresa que su sueño es que en esta tierra nuevamente circule el tren, para que mejore entre otras cosas el servicio de transporte de la ciudad de Managua.

“Los buses no son una buena opción, esos autobuses viejos que se compran son chatarra, chatarra que era usada para trasladar niños en tramos cortos, no recorridos de 500 kilómetros como los que deben hacerse para llegar a la RAAN, son incómodos y oscuros, ni los que van sentados están cómodos”, comentó Hock.

Según Hock, países como Argentina, Cuba y Venezuela están comprando trenes usados a España y a otros países europeos, porque son mucho más rentables que llenar los países de buses cuya vida útil ha terminado.

“Nicaragua tiene mucho potencial para turismo, pero cuando la gente visita quiere un transporte que le garantice seguridad, y adentrarse en un bus es algo que hace sentir temerosos, sobre todo a los europeos acostumbrados a trenes con iluminación. Yo me siento dolido cuando veo la destrucción de la terminal, fui a ver la antigua estación de Managua y no había en ese lugar más que unas cuantas piedras, todo fue destruido”, dijo Hock.

Derecho de vía vigente
En la investigación realizada por Hock, se encontró que en el país el derecho de vía del ferrocarril aún continúa vigente.

“Es una inversión, pero es algo posible, los anteriores rieles que tenía el tren eran obsoletos, ahora los trenes usan rieles más anchos, de un mil 435 milímetros de ancho, y si el derecho de vía continúa vigente, entonces es posible comprar maquinaria y rieles usados a otros países, que resultarían más rentables para el Estado que subsidiar combustible a los transportistas, y es menos contaminante porque traslada a mayor número de personas”, comentó Hock.

RECUADRO
Un viaje de nostalgia
Hock manifiesta con nostalgia que el 23 de diciembre de 1993, ocho días antes del cierre definitivo del Ferrocarril de Nicaragua, alquiló un vagón e hizo un recorrido familiar de Managua a Granada.

“Faltaba una semana y fue mi forma de despedirme de ese amigo que me mostró Nicaragua; no lo olvido, y espero que los itinerarios vuelvan a tener vigencia, porque con un tren se activaría la economía de muchas localidades donde el ruido de la locomotora era la señal para despertar del letargo”, afirmó.