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La salud no está determinada solamente por la condición física de las personas, sino que es el resultado de las circunstancias en que viven y de las políticas públicas que promueve el Estado. Estas últimas no solo deben estar referidas a la atención de enfermedades sino al acceso a educación, servicios básicos, cultura, entre otros, afirma Lea Guido, especialista en Salud Pública y exministra de Salud de Nicaragua.

Guido participó en el conversatorio “Determinantes sociales de la salud. Retos para su abordaje desde las Ciencias Sociales”, realizado recientemente en la Universidad Centroamericana, UCA, con el objetivo de crear espacios de reflexión entre estudiantes de Sociología y Trabajo Social.

 

¿Qué es la salud pública?

Con salud pública nos referimos a un problema, por ejemplo el dengue, que puede tener un impacto sobre la sociedad por su magnitud; pero un problema de salud pública no es solamente una enfermedad, también puede ser la violencia que trae enfermedad, depresión, suicidio y la muerte.

 

¿Cuáles son las determinantes de la salud pública, aparte de la condición física?

El tema es que la salud y la enfermedad son procesos, porque vivimos en una casa en condiciones materiales determinadas; entonces esas condiciones pueden favorecer o desfavorecer la salud o la enfermedad. Por ejemplo, está comprobado que el hecho de que las madres tengan mayor nivel cultural influye en la salud de los niños y la mortalidad infantil.

El modo de organización de una sociedad impacta en la salud y la enfermedad. Por eso hablo que la salud es una construcción social, porque si yo no tengo comida, no tengo acceso a bienes, a la educación, si estoy sin trabajo, si soy vendedora ambulante, si vivo en un ambiente deteriorado donde las aguas negras circulan, si soy discriminada por mi color, porque soy indígena, porque soy mujer o discapacitada… esas condiciones de vida construyen mi salud.

 

¿En qué medida el sistema de salud responde a las condiciones y perspectivas que tiene cada grupo social?

Primero, el Estado debe tener políticas públicas generales para el bienestar, que va más allá de la institución salud, para la educación, para el hábitat, para el acceso a la cultura, al tiempo libre, para el acceso a los bienes, para el empleo, tiene que haber políticas de protección social. Entonces, el Ministerio de Salud, al final, lo que recibe son los enfermos en los hospitales y clínicas, pero, además de curar al que llega con un problema diabético, una hipertensión, un infarto u otro problema, el Ministerio de Salud tiene una función de prevenir y promover la buena salud, para que no nos enfermemos dando educación sanitaria. Son cuatro aspectos los que debe cubrir: promoción (de la salud), prevención, curación y rehabilitación.

 

El 10 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental, que es un tema de salud pública, ¿qué tan atendido está este aspecto?

Ese ha sido un pariente pobre. Diría que la humanidad de una sociedad se refleja en la forma en que trata a sus enfermos mentales, porque en los casos más severos hay desprotección e incluso abandono por parte de las familias. Y entonces, si esa humanidad se pierde en las instituciones, estoy hablando de los casos extremos, es un tema de vulnerabilidad de los derechos.

Por otro lado, la salud es un acercamiento al bienestar. ¿Cuántos vivimos con estrés por el trabajo o por los problemas familiares? Entonces también tiene que haber una promoción de la salud mental; no estamos hablando de enfermedades, sino de cómo podemos conservar la salud mental, haciendo yoga, deporte o teniendo tiempo libre…

 

Lea Guido

Profesión: Socióloga

Fue ministra de Bienestar Social (1979-1980) y ministra de Salud (1980-1986) en Nicaragua.

Posee un máster en Salud Pública por la Universidad Claude Bernard (Francia) y un doctorado en Salud Pública, por la Universidad Paul Sabatier Toulouse (Francia).

También fue representante de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, en Cuba y Haití.