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No hay un número exacto de cuántas personas ofrecen el servicio de “seguridad” en las calles de los repartos, residenciales, urbanizaciones, colonias y barrios de Nicaragua.

Se trata de hombres que, movidos por la necesidad, recorren las urbanizaciones a bordo de bicicletas, armados únicamente de valor y, a veces, de un machete o un palo, porque armas de fuego no tienen.

Desde hace dos años, Alfredo Arias es vigilante de calle en la colonia Centroamérica, en Managua, lugar en el que permanece ininterrumpidamente por 24 horas cuando está de turno, sin importar que sea fin de semana o feriado nacional, llueva, truene o relampaguee.

Cuando se le pregunta con cuántos hombres garantiza la seguridad, Arias responde que en su turno está solo, porque únicamente vigila dos callejones.

El problema

El precio del servicio varía de acuerdo al lugar, las horas y la condición económica del contratante: puede costar 300, 400 u 800 córdobas al mes, si el solicitante quiere que haya un vigilante por cada calle las 24 horas del día, según se conoció mediante un sondeo realizado en diversos sectores de la capital.

Janeth Granados, quien coordina el servicio de vigilancia en la colonia Centroamérica y en otro residencial ubicado en Carretera a Masaya, explicó que uno de los problemas que enfrentan en su labor de prevención de la delincuencia, es que los ladrones usan armas blancas o de fuego.

Generalmente el arma del vigilante de calle es un machete o un garrote, porque un arma de fuego requiere de una gran inversión monetaria, para la compra y legalización.

“Aquí más que todo, lo que se hace es una ayuda, porque la gente no paga gran cantidad, son C$200 o C$150 a la quincena, eso no es un pago propiamente dicho, eso es una ayuda, además, hay gente que no paga, pero a la hora de un robo acusan a los mismos vigilantes de ser ladrones”, agregó Granados.

El comisionado mayor Manuel Zambrana, jefe de la Estación Cinco de Policía de Managua, al abordar este tema, atribuyó algunas denuncias de robo con fuerza, a la falta de rigor de la ciudadanía a la hora de contratar vigilantes.

Los infiltrados

“Han habido algunas denuncias de robo con fuerza, verdad, principalmente, aquí tiene que ver mucho el que a veces muchas personas contratan vigilancia privada y muchos (de estos) no están ni siquiera autorizados ni debidamente acreditados, sino que los buscan de la forma más barata”, apuntó.

Para el jefe policial eso contribuye a que “elementos desafectos” lleguen a robar en los sitios donde están los vigilantes, luego estos “se hacen como que no vieron nada y ese tipo de cosas, pero ya estamos trabajando en función de eso”, dijo.

Granados reconoce que han habido algunos casos como los que plantea Zambrana, porque, por ejemplo, hace pocas semanas en un residencial ubicado en la jurisdicción de Masaya atraparon a unos vigilantes que robaban en las casas de los ciudadanos que no les pagaban el servicio, pero dicha situación no se puede generalizar.

En teoría, para que un vigilante de calle empiece a trabajar, debe tener el visto bueno del jefe de sector de la Policía de la zona, quien revisa los antecedentes de los candidatos, explicó Jerónimo de Jesús Espinoza, quien tiene diez años de vigilar las calles de Rubenia, en Managua.

Espinoza reconoce que el hecho de que haya robos en las zonas que se supone están vigiladas, genera desconfianza, pero precisó que algunos casos son raros, porque ni la misma Policía los ha podido esclarecer, además comentó que los ladrones “viven vigilándoles las vueltas a los mismos vigilantes”.

Falta patrullaje

Para Janeth Granera, el problema de fondo es la falta de patrullaje policial y para reforzar su argumento relata que hace poco más de 22 días hubo una balacera casi en la puerta de la casa de un muchacho de la colonia Centroamérica.

“Él (afectado) estaba montado en su carro, porque lo venía a dejar al parqueo, cuando lo encañonaron. Mi marido, que estaba de turno y tiene arma, los enfrentó a tiros, pero no pudo, eran varios y huyeron en un taxi. Como no le hallaron más nada, solo le robaron el teléfono”, explica.

Espinoza indicó que en Rubenia sí hay patrullaje constante, porque la Policía pasa de día y de noche.

El comisionado mayor Manuel Zambrana dijo que tienen un “dispositivo especial” para enfrentar los robos con fuerza y los robos con intimidación.

Además, ya están en marcha los planes de combate a la delincuencia para reducir el delito, y el de reforzamiento de las medidas de seguridad en estos tres últimos meses del año.

 

Dos veces baleado

Relato • Los vigilantes de calle no tienen Seguro Social ni nada que los respalde a la hora de una emergencia, y de eso está claro Julio Adán Espinoza, quien tras haber sido baleado dos veces en Rubenia, no tuvo más remedio que dejar de trabajar, confirmó su padre, Jerónimo Espinoza.

Julio Adán Espinoza observó que una camioneta estaba siendo chapeada por un sujeto que descendió de un carro gris, por lo que machete en mano le preguntó al ladrón qué le pasaba, pero este sacó un puñal, un arma de fuego y lo amenazó.

El vigilante empezó a forcejear con el delincuente, pero no evitó que lo apuñalara dos veces por la espalda y le pegara un tiro en el pie izquierdo.

La segunda vez que Espinoza fue herido de bala, esta vez en el abdomen, estaba evitando que dos muchachos asaltaran a una habitante de Rubenia.