Leyla Jarquín
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Centroamérica funciona como destino y tránsito de organizaciones dedicadas a la trata de personas, sin embargo, la falta de conocimiento sobre cómo funciona este delito permite que mujeres y hombres caigan en las garras de explotadores y, en muchos casos, desconozcan su condición de víctimas, según especialistas del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, Ieepp.

Dicha organización lleva tres años investigando la dinámica del delito y sus diferentes modalidades en la región, por lo que ayer lanzó una campaña para sensibilizar a la población sobre esta problemática, de cara a prevenir su incidencia. El lema de la campaña es “Vamos a cuidarnos juntas” y está dirigida principalmente a adolescentes y mujeres jóvenes.

Mireya Zepeda, coordinadora del proyecto contra la trata de personas, del Ieepp, señaló con base en cifras de la Policía Nacional, que en el 2013 se registraron en el país 45 casos de este delito, siendo las mujeres entre 16 y 31 años de edad las principales víctimas en la modalidad de explotación sexual, seguidas de los hombres en la modalidad de explotación laboral.

Muchas caras

“Entre nuestra sociedad y entre grupos vulnerables hay muy poca información sobre qué es este delito, cuál es la complejidad de este delito y cómo se tienden las telarañas para convertir en víctimas a estas personas”, indicó por su parte la directora del Ieepp, Elvira Cuadra.

Zepeda explicó que la trata de personas tiene diferentes facetas que van desde la explotación sexual y la explotación laboral hasta la mendicidad infantil y el trabajo forzado doméstico, mientras que Cuadra refirió que parte de la complejidad de este delito es que los victimarios lo disfrazan de tal manera que en muchos casos las víctimas no son conscientes de su situación.

Cuadra afirmó que existe un subregistro de casos de trata de personas, pues aparte de la falta de información entre la población para denunciarlos, “hay una gran cantidad de casos de trata interna en que muchas niñas y jóvenes salen de las comunidades y son llevadas a centros urbanos con propósitos de explotación y las van rotando de una ciudad a otra”.

 

"Es posible para los niños, para los jóvenes, construir sueños sin que se conviertan en pesadillas por la trata de personas".

Elvira Cuadra, directora del IEEPP.