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EL VIEJO, CHINANDEGA

Miles de fieles católicos procedentes de varias ciudades de Nicaragua participaron en la procesión de la venerada imagen de la Virgen del Hato, que entró triunfante la noche del domingo a esta ciudad procedente de la hacienda del mismo nombre, donde se localiza su santuario.

Antes de ingresar a El Viejo, en un pesebre halado por un tractor, la imagen con su tradicional sombrero de alas anchas y vestida de azul con blanco, fue velada en la casa de Santos Avelares, ubicada en la entrada a la comarca Aserradores; en la vivienda de la familia Pereira, situada en la comunidad Río Viejo, y en la Hacienda Toro Blanco, cerca del Ingenio Monte Rosa S.A. Muchos devotos que asistieron a la peregrinación rogaron por la paz en Nicaragua y por las libertades en general para que los opositores no sean reprimidos por el gobierno de turno.


Ruegan para evitar infierno
María del Socorro Estrada, de 94 años, originaria de El Viejo, con residencia en Managua, dijo que desde hace 82 años participa en esta festividad religiosa. “Estamos a favor de la paz y el amor a Dios, a Jesucristo, al Espíritu Santo y a la Virgen para que Nicaragua no se convierta en un infierno”, expresó la nonagenaria.

Socorro Pérez, oriunda de El Viejo, expresó que la fe está intacta, y otros católicos hubiesen querido asistir a la procesión, pero la difícil situación económica lo impide.


Peregrinos de El Salvador
Cristóbal Moreno Pomares, de la Junta Directiva de la Comunidad Indígena de la Virgen del Hato, rectora de la festividad, expresó que: “Hemos pedido en nuestras oraciones por Nicaragua, agradezco la asistencia de peregrinos de El Salvador, de la Costa Atlántica, de varias ciudades del país y de nicaragüenses residentes en Estados Unidos”, afirmó.

La venerada imagen permanecerá en su vivienda hasta el 19 de diciembre para comenzar su recorrido por el puerto de Corinto, Managua, Ticuantepe, San Juan del Sur, Masaya, y los llamados Pueblos Blancos, entre otros. Regresará el 31 de diciembre a El Viejo, y posiblemente visitará San Francisco, California, y en abril volverá a su santuario.

La tradición inició con un grupo de indígenas en 1839, cuatro años después de la erupción del volcán Cosigüina, cuyo cráter se convirtió en una inmensa laguna tras lanzar gases y rocas incandescentes que llegaron hasta México y Colombia.