Jorge Eduardo Arellano
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E. DE B., Madrid / El País

Tres vocales metálicas. Ése ha sido el primer sonido inteligible que ha emitido un hombre con el llamado síndrome de enclaustramiento, un daño neuronal que hace que la persona esté completamente inmovilizada (a veces sólo puede parpadear), pero con plenas facultades mentales.

Para ello han insertado un microchip en su cerebro, que recoge la actividad eléctrica que se produce en su interior cuando piensa en las letras y las transmite al exterior, donde un procesador de voz las transforma. El trabajo, que ha sido publicado en la edición digital de la revista científica Nature, no da datos acerca del hombre, su edad ni el motivo de su estado.

Se sabe el nombre del director del equipo científico, Frank Günther, y que éste trabaja en la Universidad de Boston (Massachussets, Estados Unidos). El experimento ha constado de dos partes. Primero, mediante técnicas de resonancia magnética, se determinaron las zonas del cerebro del paciente que se activaban cuando éste pensaba en sonidos.

Para satisfacción de los científicos, se vio que eran las mismas que en una persona sana. La segunda parte fue insertar un chip en la zona del lenguaje y prepararlo para captar las variaciones en la diferencia de potencial eléctrico que se producen cuando el hombre piensa en un sonido. Este ajuste fino, que implica no sólo detectar la actividad, sino interpretarla, ha llevado 15 años.


‘Cableado’
El uso de interfaces cerebrales es una de las aplicaciones de la electrónica a la medicina más llamativa y espectacular. La base de todo el proceso está en que el sistema nervioso viene a ser como el cableado de la máquina que es el cuerpo humano. Este caso es un paso más en la complicadísima adaptación de estas tecnologías.

Según destacan los investigadores, en otros casos (monos que mueven el cursor de un ordenador con el cerebro o personas que son capaces de activar un brazo robótico), el implante tenía que ser retirado al cabo de unos pocos meses: la presencia de un cuerpo extraño en el cerebro acababa siendo una fuente de problemas. Sin embargo, esperan que esta vez no sea así. Los terminales que se han utilizado están cubiertos de una sustancia que estimula el crecimiento de neuronas alrededor. Dado el trabajo tan meticuloso que se les pide, no es cuestión de estarlos poniendo y quitando.