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Un hoyo o fosa, machete para romper los tacos, un palo para remover que luego se convierte en un tizón, gasolina, fósforos y mascarillas son “las herramientas” que las autoridades usan en Nicaragua para incinerar la droga incautada a los narcotraficantes.

La realidad contrasta con lo que establece la ley que se refiere al uso de “instalaciones” eficaces para destruir la droga.

Las autoridades explican que, por el momento, no existe un presupuesto para adquirir o construir un horno para incinerar la droga.

En los dos últimos años, las incautaciones en Nicaragua han ido disminuyendo debido a que, por política del Estado, este país se ha convertido en un “muro de contención” contra el narcotráfico.

Sin embargo, según el Informe de Estrategia de Control de Narcóticos del gobierno estadounidense, recientemente publicado por la revista digital militar “Diálogo”, cada año más del 80% de la cocaína que transportan los narcotraficantes desde Sudamérica a Estados Unidos, pasa por Nicaragua.

Los quiebres

Solo en Rivas la Policía Nacional incautó en julio pasado más de 900 kilos de cocaína en cuatro operativos y en agosto reciente decomisó 200 kilos más.

En septiembre “cayeron” 231 kilos en Huehuete, Carazo, y en octubre, en Corn Island, se incautaron 275 kilos.

El artículo 30 de la Ley 735, Ley de Prevención, Investigación y Persecución del Crimen Organizado, señala que una vez que se ha identificado y confirmado que lo incautado es droga, a solicitud del Ministerio Público, el juez debe ordenar a la Policía destruir las sustancias en un plazo de 24 horas.

“La destrucción de la droga debe realizarse en instalaciones o lugares que aseguren mayor eficacia en su eliminación y menor afectación al medio ambiente o las personas”, explica la Ley 735.

Pero las incineraciones de droga en Nicaragua se hacen “donde se pueda”.

Casos

En Estelí, por ejemplo, se construyó una pileta de concreto en la delegación policial para quemar estupefacientes.

“La Policía ha incinerado (allí) y lo hace con las técnicas que ellos tienen. La Fiscalía nos ha acompañado, pero les hemos dicho que las cuestiones químicas afectarían a la población, máxime cuando el personal los va a ver”, comentó el magistrado del Tribunal de Apelaciones de Estelí, Roberto Petray.

Asimismo, el funcionario esteliano apuntó que con un “horno especializado” no habría espacio para insinuaciones “de que hay mano pachona” en el proceso.

El problema

En las Regiones Autónomas del Caribe Norte y Sur del país, y en Chinandega, donde se ha incautado bastante droga, la incineración tiene lugar en las bases militares de la zona.

En otros departamentos del país, como Rivas, las autoridades judiciales, policiales, fiscales y de la Procuraduría queman la droga en los basureros o en vertederos municipales.

Por su parte en Managua, la capital, cuando la cantidad de droga es importante, la destrucción se realiza en los predios de la base militar “Andrés Castro”, ubicada cerca de la laguna de Xiloá; pero si se trata de pequeñas porciones, la incineración se realiza en un barril, en el patio del Centro de Control de Evidencias del Distrito III.

Un fiscal auxiliar, que pidió el anonimato, recordó que antes en el antiguo Complejo Judicial Nejapa la quema de “alijos” pequeños de droga se hacía cerca del área de Control de Detenidos. Y los pobladores aledaños, al igual que quienes debían presenciar la destrucción de la droga, “se ponían en onda” con las emanaciones tóxicas.

Ahora en el Complejo Judicial Central no hay quema de droga, “pero considero que debería haber un lugar que preste condiciones para no contaminar el entorno”, comentó el fiscal.

Tóxico

Raomir Manzanarez, representante del Movimiento de Jóvenes Ambientalistas, y el médico internista Pío Noel Barquero indicaron por separado que las emanaciones tóxicas efectivamente tienen un efecto sobre el medio ambiente y la salud.

Barquero explicó que exponerse por largo tiempo a las emanaciones tóxicas de la droga, al quemarse, puede provocar daños.

“Acordate que la cocaína en piedra es crack y al fin y al cabo se la fuman, y las emanaciones sí pueden (si estás cerca, expuesta o en un área cerrada) darte ciertos efectos como intranquilidad o agitación”, enfatizó el especialista.

La exposición prolongada a emanaciones tóxicas puede provocar faringitis, irritación en la garganta, ataques de asma y hasta afectaciones pulmonares.

El médico recomendó a las personas que tienen que asistir a la quema de drogas, ubicarse a cierta distancia y estar al lado contrario hacia donde el viento sopla, así como usar mascarillas.

Horno

El juez Edgard Altamirano, coordinador de la Comisión Interinstitucional de Managua, explicó que el problema que supone la falta de un incinerador ya ha sido abordado y se podría resolver “poniéndole un poquito de ganas”.

“Un incinerador, tal vez no profesional pero sí semiprofesional, lo podemos hacer incluso de ladrillos de barro. Lo único que debe tener es un mecanismo donde se le pueda inyectar gas licuado, se encienda y proceda a quemar, con su respectiva torre para que los gases tóxicos salgan por arriba… sería un horno grande, como esos donde se hacen las rosquillas, pero con una torre”, propuso Altamirano.

Comentó que ha habido un poco de “desidia”, porque el costo de un incinerador “no es tan caro”. En vista de eso, la Comisión Interinstitucional de Managua le propondrá a la Corte Suprema de Justicia, CSJ, y a la Policía Nacional el proyecto de construir un horno.

El magistrado vicepresidente de la CSJ, Marvin Aguilar García, confirmó que no es posible resolver el problema a corto plazo, porque el Presupuesto de la República 2015 ya está definido.

“No tenemos, vamos a buscar los fondos, vamos a ver si algún país nos lo dona”, agregó el magistrado vicepresidente del Poder Judicial.

Aguilar precisó que para el próximo año la CSJ tendrá una partida de unos C$2,441.4 millones.