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Los medios de comunicación cotidianamente están informando acerca de acontecimientos matizados de violencia de todo signo: individuos asesinan a mansalva a dos ciudadanos, que se disponían a iniciar sus labores cotidianas en la búsqueda de procurarse honradamente el sustento de su familia; una mujer quita la vida a una criatura porque mucho lloraba; un tipo propina patadas a un bebé; mujer es asesinada por un hombre. A lo anterior se suman las muertes por conductas de riesgos practicadas al conducir vehículos automotor; o por violencia intrafamiliar, etc.

Por lo general, según explicaciones ofrecidas por especialistas, en estos hechos hay presencia de sustancias tóxicas (alcohol, drogas ilegales de todo tipo), además hay que agregar mezquindades humanas como intolerancia, odio, envidia, egoísmo, holgazanería, etc.…

El recién fallecido hombre de Dios doctor Myles Munroe decía que el reino de Dios no es una religión, sino que es una nación, cuya constitución es la Biblia, la cual recoge deberes y derechos de los ciudadanos de dicha nación.

El Dr. Munroe para ejemplificar cómo se adquiere la ciudadanía en el reino utiliza pasajes de la Biblia en los cuales se establece un diálogo entre Jesús y un hombre llamado Nicodemo, en el que este pregunta a Jesús: ¿Qué debo hacer para entrar al Reino de los Cielos?… Jesús le dijo: tienes que nacer de nuevo.

El nuevo nacimiento es espiritual, tiene que ver con renovación de creencias aparejada de transformación de conductas. En Romanos 10:17 y en 2da. de Corintios 5:17 está la clave de ese nuevo nacimiento. En el primer pasaje, la biblia, constitución del Reino de Dios dice: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios resucitó de los muertos, serás salvo” y el segundo pasaje dice: “De modo que si estás en Cristo, nueva criatura eres, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

El nuevo nacimiento marca un antes y un después en la vida de quienes confiesan que Jesús el Señor. A partir de ese momento el Señor a través de su Espíritu Santo vive en el corazón de quien se dispone a aceptarle, iniciándose ese proceso de transformación que lleva a la persona a superar adicciones, mezquindades, debilidades, todas aquellas conductas que causan daño. Esto no es mágico, no es de un día para otro, ni tampoco se alcanza la perfección. Es un proceso, se continúa siendo imperfecto, por lo tanto, sujeto de tropiezo.

En la medida que extienda el Reino de Dios en el corazón de hombres y mujeres de esta tierra, seguro estoy que ya no se verán asesinatos, ni asaltos, ni violencia intrafamiliar, ni personas destruidas física, moral y económicamente por adicciones, etc., porque el Reino de Dios es Justicia, es gozo, es paz, sobre todo es amor.

Amiga, amigo, le invito a tomarse de la mano de Jesús, El puede poner amor, paz y mansedumbre en nuestros corazones. Él le dará la ciudadanía, solo crea, ahí donde está Dígale: Jesús mío yo le acepto como Señor y Salvador de mi vida, quiero recibir esa ciudadanía y ese nuevo nacimiento quiero ser mejor cada día.

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