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“Mi mamá me dijo que cuidara a mi hermano, que no dejara que le pegaran. Ella estaba llorando y yo lloré. Era de tarde. Iba a trabajar. En la escuela me preguntan por ella. Eso fue el año pasado… (silencio)”.

Clava la mirada en el suelo para esconder las lágrimas. Levanta la cabeza un poco para mirar al frente, buscando el horizonte, pero lo que encuentra es la humilde casa de tablas donde vivió su madre Kenia de los Ángeles Chavarría Rivas, en Waspam Norte, en Managua.

Yo quiero ser cantante, como Jennifer López”, agrega esta niña de 11 años, un poco más animada, mientras ve de reojo la última foto de su madre, vestida como bailarina, con un top que le permitía mostrar el estómago y un pantalón que dejaba ver parte de la pierna izquierda a través de una malla.

Con una pequeñísima parte de la indemnización de US$2,500 que le dio el hombre que mató a su hija en un accidente de tránsito, la señora Maribel Rivas Palacios, de 51 años, dio a ampliar y a encuadrar la última foto de Kenia, a sus 24 años, y se la entregó a la mayor de sus cinco nietos.

El cuadro está colgado en el cuarto de la pequeña de 11 años.

Kenia de los Ángeles falleció la madrugada del 25 de enero de 2013, año que cerró con 577 fallecidos por accidentes de tránsito.

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Ella estaba en Bello Horizonte cuando un “bólido” conducido por un mariachi en estado de ebriedad se subió a la rotonda e irónicamente chocó contra una señal de tránsito que cayó sobre la cabeza de la joven, matándola. Dejó a cinco hijos en la orfandad.

DRAMA FAMILIAR

Maribel Rivas dice que después de la muerte de su hija la vida ha sido dura.

El mismo golpe sufrió la señora Rosa María Trejos, de 59 años, la abuela paterna de los niños y quien se hizo cargo de los menores de 10, 8, 5 y 2 años de edad, para así evitar que los separaran.

“Su sangre no iba a andar rodando”, asegura Trejos.

La tiernita que dejó la fallecida, quien ahora tiene casi dos años, vive en Tipitapa, lejos de sus hermanos por parte de madre.

Fue “adoptada” por una prima, confirmó Rivas, la abuela materna.

El esfuerzo

En Waspam Norte todos saben que Trejos, la abuela paterna de los menores, abrió una fritanga y lava ropa ajena para mantener a sus nietos huérfanos de madre y de padre, porque aunque Francisco Javier Fuentes está vivo y trabaja como ayudante de albañilería, formó otra familia a la que mantiene con un salario que se acerca a los C$5,000.

Trejos, en realidad, es una “súper abuela”, porque se hizo cargo del cuidado de nueve pequeños. Cuatro, que sus hijas dejaron al partir a trabajar a España; una niña “especial” que le dejó otro hijo, y los cuatro que perdieron a su madre en el accidente de tránsito.

Dos por cada accidentado

“Así como los accidentes tienen múltiples causas, igual son sus efectos, y uno de ellos es la parte económica. Si el papá o la mamá mueren, hay problemas económicos en la casa, por el sustento y la alimentación”, reconoce el subcomisionado José Guevara, jefe del Centro de Educación Vial de la Dirección de Tránsito Nacional.

Si en Nicaragua un matrimonio o pareja tiene uno o dos hijos, según las estimaciones del subcomisionado Guevara, cada año quedan huérfanos entre 600 y 1,200 niños, tomando en cuenta que anualmente unas 600 personas mueren en los accidentes de tránsito.

Guevara aclara que no hay datos precisos sobre el tema, “pero podemos decir que esos niños quedan huérfanos y eso es doloroso”.

¿Qué se hace para parar la ola de accidentes y muertes que, según las estimaciones de las autoridades de Tránsito, podrían marcar un récord para 2014, de más de 700 fallecidos?

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Guevara dice que Nicaragua “debe alegrarse” porque como política de Estado, el Gobierno se ha planteado desarrollar múltiples campañas educativas y trabaja arduamente para disminuir el flagelo.

Este año se creó la materia de Educación Vial, para promover la cultura del cuidado de la vida desde la escuela, hay una campaña preventiva permanente y se aumentaron los montos de las multas para quienes infringen la ley.

La reforma a la Ley 431 busca proveer los fondos presupuestarios que Tránsito Nacional necesita para comprar, quizás a mediados del próximo año, equipos que les permitan reducir el número de accidentes, además el plan es ampliar el número de agentes de regulación, mencionó Guevara.

Pensiones

Para la señora Trejos, la “súper abuela”, eso no es suficiente. Ella piensa que quienes provocan accidentes y dejan huérfana a una prole numerosa, como la que tiene a su cargo, deberían garantizar una pensión a los afectados.

El hombre que mató a la madre de sus nietos, públicamente prometió una pensión, pero lo único que entregó fue la cantidad de dinero establecida en el seguro para daños a terceros cuando hay un fallecido: US$2,500.

TRAUMA Y POBREZA

Por la misma situación de pobreza de Trejos, cuando su nieta de once años llora y se deprime por el recuerdo de su madre, no la puede llevar, ni a ella ni a los otros niños, a donde un psicólogo.

“Yo le digo que no está sola, ‘aquí estoy yo’, ‘yo soy todo para ustedes’; a veces tiene pesadillas y cuando el caso estaba reciente les agarraban cosas feas: lloraban y tenían miedo, pero yo les decía ‘no les va a pasar nada’”, señala Trejos.

La psicóloga Nancy Estrada explicó que la fortaleza familiar es súper importante para la recuperación de los niños con padres o madres muertos en accidentes, pero el acompañamiento psicológico es clave para el proceso, dado que los niños viven un duelo por la pérdida.

Los traumas derivados de una tragedia se viven de acuerdo a los estados emocionales de las personas, de forma tal que unos sufren de insomnio, dolores de cabeza, pesadillas, angustias, estrés, falta de interés hacia la vida, pérdida de la confianza, ansiedad, depresión, fobias, trastornos alimenticios, etcétera.

“Pero todo depende de la fortaleza emocional de la persona”, recalca Estrada, quien explica que los niños más grandes, como la de 11 años de esta historia, deben recibir terapia para aprender a convivir con el duelo, porque por su edad están más conscientes de lo vivido.

Programa

Walter Ramón Osejo, de la Asociación de Víctimas de Accidentes de Tránsito en Ayuda y Restauración, explicó que en conjunto con Personas Unidas en el Dolor y la Esperanza, Pude, tienen proyectado brindar atención psicológica y acompañamiento a las víctimas directas e indirectas de los accidentes de tránsito.

Para Osejo no solo sufre quien perdió a un ser querido, sino el que quedó lesionado, minusválido y sin trabajo, el que sobrevivió a una desgracia, y aún el que la provocó.

“Yo me acuerdo de mi madre todos los días y oro en la noche. Le pido a Dios que cuide a mi familia y que no les pase nada malo”, explica por su lado la niña de 11 años, que en 2013 junto a sus cuatro hermanos marcó un récord en cuanto al número de hijos dejados por una víctima de accidente de tránsito.

“Yo hice un semáforo y mi hermanito hizo una niña pasando (la calle) con un profesor (rumbo) a la escuela. Mi madre está en el Cielo”, explica la pequeña, que recién acaba de aprender a hacer señales de tránsito.

Una mirada de género al problema

MASCULINIDAD • Para la socióloga e investigadora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Politécnica de Nicaragua, Upoli, Margarita Arróliga Cortez, los accidentes de tránsito podrían verse desde una mirada de género, y preguntarse: ¿qué lleva a los hombres a chocar más?

“Fíjese bien que la accidentalidad provocada principalmente por varones tiene que ver con un comportamiento social que nunca está alejado de cómo los hombres viven la masculinidad: ser hombre es ser agresivo, ese comportamiento es aprendido socialmente, no nacen así; en cambio de las mujeres se dice que somos malas conductoras, pero somos las que menos chocamos”, mencionó.

“Cuando una mujer anda en un vehículo --no digo que no hay excepciones, porque así hay un montón de hombres que son excelentes conductores--, no anda exhibiendo un manejo ofensivo, porque por la misma socialización está pensando en ella, en el cuidado de la familia que la está esperando (en su casa)”, comentó la investigadora.

Comentó que la accidentalidad está relacionada con la creencia masculina de “yo puedo hacer todo, yo tengo permiso para hacer todo, yo soy capaz de…, y la mujer por supuesto que piensa más en los hijos a la hora de manejar”.

CIFRAS

47 decesos más que en el mismo período del año anterior registraba la Policía hasta el 13 de noviembre de 2014.

700 muertos o más es la proyección de decesos al finalizar 2014.

577 personas perdieron la vida en 2013.

600 fallecidos por accidentes hubo en 2012 en Nicaragua.