•   Granada, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Inhalar, las manos hacia arriba. Exhalar, las manos hacia abajo. En la sala de la “Casa de los Tres Mundos” en Granada, predominan las esterillas de yoga.

Sentado con las piernas cruzadas, Michael Solís, un norteamericano que vive en Managua, inicia la primera clase de yoga para un grupo de centroamericanos.

Entre veinte y treinta personas madrugaron para conocer y practicar la disciplina física y espiritual que se originó en la India hace miles de años.

En Granada se celebró recientemente un congreso regional de yoga. Entre los participantes había costarricenses y estadounidenses, pero en su mayoría eran nicaragüenses.

Observar

Algunos llevan su propia esterilla y ya tienen experiencia, como muestra la forma versada en la que siguen el ciclo de movimientos del profesor Solís.

Otros deciden espontáneamente apuntarse a la clase, se quitan los zapatos, observan y poco a poco empiezan a hacer los ejercicios. Todas las clases del congreso eran gratuitas y abiertas para todo el mundo.

Como dice Víctor Martínez Flores, el fundador y promotor del evento: “Lo que hacemos aquí es ofrecer clases de forma gratuita para todo el mundo que quisiera conocer el yoga”.

El “Español” tiene 46 años, es instructor de yoga experto y lleva siete años organizando congresos en España, con mucho éxito, como él afirma.

“En España tenemos entre 1,500 y 2,200 visitantes al año. Es ahora el mayor congreso de yoga de Europa con el mayor número de profesores unidos en un espacio amplio”.

¿Y por qué hacerlo ahora en Nicaragua? Como dice Flores, hay dos motivos: uno es personal, porque el emigrante se enamoró del país y decidió quedarse a vivir en Nicaragua.

El segundo es una visión: Flores considera que Nicaragua es un territorio muy virgen, en el sentido de que el yoga todavía no está desarrollado.

“Ofrece, entonces, un gran reto y una posibilidad muy importante, que es la creación de trabajar por el bienestar, lo que supone un nuevo motor económico a la vida social nicaragüense”, opina el “Yogui”, quien lleva el nombre espiritual “Senge Dorje”.

Desde su punto de vista, el congreso es necesario para conseguir universalizar el yoga, una disciplina que en Nicaragua todavía es muy desconocida.

Asociados

“Aquí se interpreta que el yoga es un tema para turistas, o bien para extranjeros. Pero queremos que fuera con un fuerte acento latino”, dice Flores.

Gema Benavides, dueña de la empresa Hierba Santa, quiere apoyarle a promover el yoga en Centroamérica, y específicamente en Nicaragua.

Por eso hicieron una colaboración entre tres empresas. Aparte del Instituto de Estudios de Yoga, de Flores, y Hierba Santa, de Benavides, también participa Daniela Prego, del Coco Berry Spa, de Granada.

Benavides declara por qué el yoga no es tan conocido en Nicaragua como, por ejemplo en Sudamérica, Europa o los Estados Unidos: “La gente tiene muchos paradigmas en torno al yoga, creen muchas cosas que no son reales. Sobre todo porque es un país muy religioso”, opina la yogista aficionada.

Según ella, la gente piensa que hacer yoga significa hacer rituales a ciertos dioses.

“Pero el yoga no es una religión, es espiritual, y esto es una gran diferencia”, dice.

De todos modos, tiene esperanza de que esto cambie pronto. “La gente está virando, quieren saber de qué se trata”.

Benavides practica el yoga desde hace un año y afirma que ha cambiado su vida significantemente.

“Fue increíble, me enamoré totalmente, me fascina porque me hizo conocerme a mí, a quererme”, dice.

Námaste

La mujer se levanta y se acerca a la entrada de la “Casa de los Tres Mundos”, en Granada, donde saluda a los visitantes, y les da instrucciones sobre el programa.

En la clase de Michael Solís, de nuevo los yogistas están sentados con las piernas cruzadas, la clase está por terminar y los participantes se despiden.

Juntando las manos delante del corazón, dicen la palabra “Námaste”, porque así lo requiere la tradición.