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“Bárbaaaaaraaaaaa”, le gritan en la calle. Y no, ella no se llama Bárbara. Su nombre es Nayel, es periodista, tiene 31 años y se traslada todo el tiempo en una moto automática. Por esta razón a diario recibe algún piropo o comentario morboso con silbido incluido: “Sosbárrrrbara”, “dame raid amor”.

En enero, cumplirá cinco años de tener una scooter celeste, en la que se moviliza por todo Managua. Para ella, esta es una opción mucho menos costosa: los repuestos son baratos y el consumo de combustible es bajo.

“De los buseros no tengo quejas”, cuenta Nayel Martínez, que forma parte de ese 5% del total de compradores de moto que está compuesto por mujeres.

Según Edgar Castellón, gerente de ventas de Enimosa, hace unos años las mujeres representaban apenas el 1% del total de compradores y preferían motocicletas automáticas, hoy son el 5%. “Después empezaron a comprar semiautomáticas y hoy en día ya usan motos de cambios”.

Nayel Martínez dice que es común que hombres apostados en las calles de los barrios le griten o pidan que los lleve.

“Cuando te parás frente a un semáforo, la mayoría de los conductores te queda viendo de pie a cabeza. Cuando hay otro motorizado, es hombre y lo aventajás, como que no le gusta. Hay algunos que ahí nomacito aceleran. Se sienten intimidados”, confiesa Martínez, que se ha caído de su moto en dos ocasiones.

Más cuidadosas

Eloísa Mairena atiende el taller y la tienda de repuestos de su padre, Javier “El Rapidito” Mairena, donde a diario se acercan en promedio unas tres mujeres para consultar sobre algún repuesto o cómo reparar un desperfecto en su moto.

“Normalmente vienen con el esposo, un amigo o con gente del mismo trabajo que las orienta. Hay muchas mujeres que trabajan en bancos”, relata Mairena. Uno de los motivos por los que acuden a este taller es cuando “las válvulas les andan sonando y hacen un ruido anormal”.

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Las mujeres, comenta Mairena, “son bien tequiosas”. “Una moto de una mujer nunca viene sucia al taller, ellas nunca dejan que pase el kilometraje en el que deben cambiar aceite. Siempre vienen a cambiar las fricciones al momento debido y cuando un cable o algo se les dañó, vienen a repararlo. Las mujeres son más comprensivas y quieren saber más, el hombre viene a lo que viene y ya”.

De acuerdo a Edgar Castellón, de Enimosa, entre las inquietudes de las mujeres al momento de comprar una motocicleta está la durabilidad y el acceso a los repuestos.

Pese a que suelen llegar acompañadas a escoger la moto, Castellón sostiene que “la mujer en Nicaragua decide por la compra de un carro, de una moto o de un electrodoméstico, porque el hombre cuando quiere una moto trae a su esposa para que la elija. Ella cuando viene, viene con el marido o con una amiga, pero la que decide es ella”.

“Las mujeres, a diferencia de los hombres, ven la moto como un carro, saben que tienen que detenerse detrás del vehículo, en cambio los hombres van entremedio de las vías y sin casco. Ellas son más precavidas, seguramente porque tienen más valor por la familia, los hijos, los amigos”, asevera Castellón.

Del 5% de mujeres que acude a Enimosa para comprar motos, el 2.5% elije una motocicleta de cambios, principalmente tipo mensajera, aunque hay ingenieras agrónomas que optan por las montañeras; y el restante prefiere motocicletas automáticas.

“En las mujeres entre 25 y 35 años, está el grueso de la mujer que conduce moto”, considera Castellón.

Maestra y motociclista

Esperanza Orozco es una maestra de Educación Física y Formación Cívica que viaja en una motocicleta montañera.

“En 2009, empecé a manejar moto porque en mi casa no teníamos para comprar un carro. Decidimos comprar dos motos por lo económico, porque era más rentable para hacer mandados e ir al trabajo”, recuerda Orozco.

 

motos

 

Su primera moto fue una scooter, fácil de manejar a su criterio: “Solo es acelerar, frenar y mantener el equilibrio. Tuve intentos, pero nunca me caí”. Aprendió a manejar en una mensajera. “No sentí mucha complicación, mi esposo me enseñó y me tuvo paciencia”,

Orozco vive y trabaja en Ciudad Sandino, pero ha viajado en moto hasta Rivas y Nandaime. Ha tenido malas experiencias con los buseros, los taxistas y los conductores de camiones.

“No les importa meterse en la vía y cuando avanzan, dicen vulgaridades, porque según ellos los vamos atrasando por ir en lo correcto; ellos quisieran que nos apartáramos. Yo voy siempre detrás de los vehículos, a veces cuando tengo prisa, hay vehículos estacionados y espacio por donde pasar, sí aventajo pero una vez iba aventajando y abrieron la puerta de un carro que estaba parqueado. Lo recomendable es esperar”, narra.

Últimamente ha pensando en comprarse un vehículo, aunque sea de segunda mano. “Me han intentado atropellar varias veces. Los camioneros y los buseros no respetan”, dice.

Motos solventan necesidades

Circulación• Para el comisionado Iván Escobar, secretario ejecutivo de la Dirección Nacional de Tránsito, el uso de las motocicletas “ha venido a solventar la necesidad de movilización”.

“Las casas comerciales han proporcionados diversas facilidades para obtener motocicletas y eso ha ocasionado que todo el que necesite una puede adquirirla”, asegura Escobar.

Pese a que consideran que las mujeres “son más cautelosas sobre las normas de circulación y el comportamiento al conducir, y es más precavida en su actuar, no quiere decir que no haya mujeres agresivas en determinado momento. Nos hemos topado con jovencitas y señoras conduciendo de forma temeraria”.