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Entrar a “la chureca” de Ciudad Sandino, detrás del barrio Nueva Vida, es como acercarse paso a paso a una cordillera ficticia y extraña. Con cada metro que avanzo, veo más claros los perfiles de los cerros y la dimensión de sus cuestas. En esta cordillera fabulosa, las montañas no son de piedra sino de botellas, ropa, plástico, comida, juguetes, de todo. Pero aun cuando estoy en medio del botadero, casi no logro identificar estas piezas individuales. Lo único que percibo es una masa inmensa.

Salgo del carro y por primera vez piso esta tierra, respiro este aire, siento este calor asfixiante. El viento que sopla fuerte difunde el olor a quemado y hace que incontables bolsas de plástico se deslicen sobre la tierra. Hacen ruido cuando tratan de fugarse de este sitio desesperante.

Entre humo y zopilotes, Raquel Tamaris recolecta botellas, cartón, aluminio y hierro. Este es su trabajo desde hace 16 años.

“Antes trabajábamos en ‘La Chureca’ en Managua, pero como hicieron una empresa ya no pudimos entrar. Aquí nos queda más fácil”, dice Tamaris, de 41 años, apoyándose en su gancho, que es la herramienta para hurgar entre la basura. Ella trabaja con su familia, conformada por una hija de 16 años con su bebé, un hijo y su yerno.

Recolecta y repartición

“Cada uno recolecta sus cosas”, explica la mujer de ojos enrojecidos. “Luego lo vendemos y cada día nos repartimos lo poco que agarramos”. Preguntándole por la salud, su cara cambia y sus palabras se atascan: “Muy mal pues. Esta tierra y este sol me hacen daño. A veces llego con dolor de cabeza, con ganas de vomitar, y me toca ir al hospitalito”, dice Tamaris.

“¿Pero qué voy a hacer?, tengo que ayudarles a mis hijos. Mientras uno trabaja con el cartón, otra agarra la botella. No pueden andar solitos”, señala.

La mujer afirma que ya no quiere estar en el botadero, pero a los 40 años, para ella es difícil encontrar un trabajo decente.

“Yo había salido por motivos de salud, pero regresé”, dice mientras se aleja llevando un gran saco de cartón, el material que por el momento le aporta más ingresos (el quintal vale 80 córdobas).

Los hermanos Lázaro y Jarco David son “los nuevos” en esta “chureca”. Los muchachos de 22 y 20 años empezaron hace cinco meses en el lugar.

“Tuvimos un jefe (en una empresa) que nos trataba muy mal, entonces venimos por acá. Aquí trabajamos a nuestro gusto y nadie nos manda”, subraya Lázaro.

Sin su hijo

Antes, ambos jóvenes trabajaban en una chatarrera cargando hierro a unas rastras. Lázaro tiene esposa y un hijo, pero no quiere que ellos vengan al botadero.

“Prefiero andar yo. Y con lo poco que saco aquí, puedo ayudar al niño y a la mujer”, afirma.

Con lo que venden pueden pagar los gastos de la familia, afirman los hermanos, que de broma suelen llamarse “el dúo dinámico”. Al mes estos jóvenes obtienen 5,000 córdobas cada uno.

Después de un intento fracasado para echarse al hombro la bolsa llena de cartón, Jarco David se va, cargado al máximo y acompañado por su hermano. El “dúo dinámico” ha trabajado suficiente por hoy.

Los sigo con la mirada, cuando un niño de unos tres años pasa al lado mío. Está descalzo, lleva solamente calzoncillos y todo su cuerpo está lleno de contil. Nos miramos un momento, antes de que desapareciera tras una montaña de basura.

Doy la vuelta y a contraluz veo que un trabajador mayor me hace una seña. Voy hacia él. “Gracias por su visita”, me dice, y pregunta “¿qué tal le parece este lugar?” Mientras yo, en estado de completa desorientación busco una respuesta, el mismo señor me salva: “El sol ya no lo aguantamos, y tampoco el humo. Pero ya soy viejo y no puedo seguir adelante”. Me explica que dentro de poco tiempo esta “chureca” se va a cerrar. “Dicen que solo queda hasta enero”.

Le pregunto qué piensa hacer cuando se cierre, a lo que el señor responde: “Eso lo vamos a ver. Un poco nos podremos quedar”. Cierra su bolsa de botellas de plástico y dice: “Pero ya nos vamos, este sol es demasiado fuerte”.

Basureros ilegales abundan en Ciudad Sandino

INSALUBRIDAD • Antes que esperar a que pase el tren de aseo, dos o tres veces a la semana, una buena parte de la población en Ciudad Sandino opta, aparentemente, por deshacerse de la basura a su gusto y antojo, sin importarles dónde, lo cual ha generado en los últimos cinco años la creación de unos 70 vertederos ilegales en ese municipio.

Del total de botaderos clandestinos, 62 son micro, y ocho son grandes “montañas de basura” que cubren algunas áreas en las principales calles de ese municipio.

Si viaja de Managua hacia el occidente o viceversa, podrá notar sin mayor dificultad un predio baldío a un lado de la carretera, donde la basura podría, en poco tiempo, tocar la vía.

El servicio municipal de recolección de basura tiene una deficiencia de hasta un 30% en la cobertura, según reporte de la alcaldía del año 2012, pero, además, existe falta de conciencia de los habitantes por depositar la basura en los camiones recolectores, lo cual ha sido el factor para la proliferación de los vertederos clandestinos.

El promedio de la recolección mensual de desechos sólidos en ese municipio suma 288 toneladas métricas, que representa un 70% de la cobertura para la recolección de la basura del municipio, según datos del Departamento de Servicios Municipales de la comuna, del 2012.