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Al empezar la tarde, cuando baja la temperatura en Madrid, Benjamín Gadea sale de su casa en el barrio latino de Quintana y camina por varias calles pequeñas durante 10 minutos hasta llegar al bar

Nicaragüita.

Lo hace todos los días de la semana, menos los martes cuando descansa, desde febrero del año pasado, cuando decidió abrir este  bar y restaurante de comida nicaragüense, en la Calle Gutierre, de Cetina número 4,

en Madrid.

Su esposa prepara el gallo-pinto, los tacos, enchiladas, el cerdo y la yuca. Él hace la cuajada que acompaña los platos que ofrecerá a su clientela. Los fines de semana también cocinan sopa y nacatamales.

El pequeño empresario asegura, sin titubear, que tratan de preparar la mejor comida posible por precio, pero también por calidad y atención. Eso sí, conscientes de que tienen competencia: el restaurante Los Volcanes, y el bar Los Nicas. Pero no le asustan.

“Busco por todas las tiendas en Madrid los ingredientes exactos para hacer la comida nica tal como es. Mando a traer los frijoles a Nicaragua, porque quiero que los clientes coman algo legítimo”,

comenta.

Benjamín es hacendoso, amable, sonriente, optimista, pero no siempre le ha ido bien. Se asoció hace un par de años con un cubano para montar este mismo negocio, pero al final lo estafaron y tuvo que cerrarlo meses

después.

Sin embargo, la publicidad “de boca en boca” entre los nicas residentes de la capital española ya estaba hecha. Insiste que eso al menos

le sirvió.

Un duro nicho

Tiene dos empleadas. Dos mujeres nicaragüenses, una cocinera y una mesera. Pero Benjamín casi siempre atiende a sus clientes y se acerca a todos para saber qué quieren, les pregunta si están a gusto o para hacerles sugerencias, porque en su local no existe el menú. Prefiere explicarlo todo.

Sonríe orgulloso cuando comenta que crea dos fuentes de empleo y recuerda cuando llegó sin nada a España, hace ya casi ocho años.

Era mecánico

Benjamín trabajaba como mecánico en Ocotal, Nueva Segovia. Viajó ilusionado junto a su esposa, aunque tuvieron que dejar a sus tres hijos con su madre, porque muchos le contaban “maravillas” de las oportunidades que tendría en España. Pero al llegar se arrepintió.

“No encontramos trabajo de inmediato y vivimos con nuestros ahorros. Fue difícil al inicio llegar a una ciudad tan grande”, explica.

La primera en encontrar trabajo fue su mujer, a los dos meses de pisar suelo español. Él lo consiguió cuatro meses después, en la construcción.

Una organización les ayudó a ambos a encontrar un trabajo como internos en una casa, donde actualmente sigue trabajando su esposa. Pero Benjamín quiso emprender su propio negocio.

Punto de reunión

Los mejores días en el bar Nicaragüita son los sábados y domingos, cuando venden unos 40 nacatamales y más de 50 platos de comida. Entre los comensales más fieles hay nicaragüenses, pero también muchos otros latinoamericanos.

Maryuri Montiel llegó hace cinco años a España. Para ella el bar Nicaragüita es “la única posibilidad” de recordar “ese sabor y esa amabilidad nica”.

Divorciada, con dos hijos que dejó con su hermana, dice que extraña mucho pasar tiempo con su familia en su casa en Jalapa. Por eso, encontrarse con otros compatriotas es la mejor forma de “sentirse menos sola”.

Montiel ha llevado al 'Nicaragüita' a todas las compañeras que estudian peluquería con ella. También llega con frecuencia con Jairo Gutiérrez, un colombiano de Barranquilla, quien bromea sobre “los conflictos de los políticos de nuestros países”.

“En Madrid hay muchos restaurantes latinos, la comida quizás sea hasta similar, pero la gran diferencia es la amabilidad de Benjamín, quien se apasiona con su clientela”, insiste.

Clientes de todas partes

SATISFECHOS • África Albalá Soria llegó al bar Nicaragüita por primera vez el año pasado, para celebrar una cena antes de las vacaciones navideñas, y salió del lugar “muy contenta”.

Originaria de Zaragoza, Albalá cuenta que le pareció “una experiencia muy enriquecedora” poder disfrutar de “platos exóticos” completamente diferentes a los típicos de la comida española.

Le gustó tanto, que decidió repetir con sus amigos para celebrar su cumpleaños, y se sorprendió cuando el dueño del local les regaló una botella de sidra.

“Además de la comida, el trato por parte del personal me pareció extraordinariamente cercano y el ambiente muy acogedor”, explica.

Junto a ella llegó Marta Rodríguez, a la que siempre le gusta probar comida de distintos países.

“Me gustó mucho también la cantidad de comida que te ofrecen respecto al precio. La atención fue memorable”, indica esta joven de Valladolid.

Insiste en que sintió que la diferencia con respecto a otros restaurantes de Madrid es que “en vez de estar saturados con clientela española, para ellos nosotros éramos un evento especial”.

Mientras, Javier Roibás de Vigo y Paula Guisado, de Colombia, dicen que la amabilidad de la atención ha sido el sello distintivo de este local.

“Fueron muy amables. Nos invitaron a unos tragos y eso te puede pasar en ciudades pequeñas de España, pero en Madrid es muy raro”, explica Roibás.

Para Emeline Foissey fue impresionante probar comida que no conocía, porque en su natal Francia no hay nada parecido.

“Tengo un muy buen recuerdo de los plátanos con queso, que me gustaría mucho poder hacerlos en casa, y los tacos, que creo podría comer todos los días”, expresa.

Esta joven que llegó a Madrid para hacer unas prácticas en una empresa de mercadeo digital, dice que algo que le agradó fue la música del local.

“Creo que estos locales son importantes para los nicaragüenses en España, pero también para atraer a personas extranjeras que quieran ir a Nicaragua”, menciona.

El negocio ha empezado a prosperar. Benjamín ha podido comprar una casa en Nicaragua, porque antes de llegar a España había vendido la suya. Además, envía mensualmente una remesa de 200 euros a su madre.

El propietario del bar Nicaragüita dice que quiere regresar a su natal Nicaragua. No se ve en España para siempre. Sueña con poner un restaurante en la Carretera Panamericana.

 

En el bar Nicaragüita, cada 15 días se reúnen los miembros de la Asociación de Nicaragüenses en Madrid, a disfrutar de la comida y el ambiente.