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Nicaragua enfrentó el año pasado una de las peores sequías de su historia. Casi dos meses sin lluvias que causaron la muerte de 5 mil reses y dañaron parte de las cosechas de maíz, arroz y maní.

La sequía afectó a diez departamentos del país en los que prácticamente no hubo siembra de granos básicos durante el primer período del ciclo agrícola, que va de mayo a agosto, de acuerdo a la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG).

La falta de lluvias dejó 2.5 millones de personas al borde de la hambruna en Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador.

El presidente de la UNAG, Álvaro Fiallos, asegura que finalmente no fue catastrófico porque los productores se pudieron recuperar con las siembras de apante y postrera.

“Debemos tener claro que las afectaciones del cambio climático ya están aquí y debemos aprender a adaptarnos a estos fenómenos, por eso este año debemos estar preparados ante cualquier eventualidad”, dijo a El Nuevo Diario.

Menos lluvias

Especialistas del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) vaticinaron esta semana un “régimen deficitario” de lluvias por incremento de temperaturas en los océanos.

El asesor científico del Ineter, José Milán, explicó que aunque es prematuro este pronóstico durante el mes de diciembre se observó un incremento en el nivel de temperatura en los océanos, lo que podría causar “un fenómeno del Niño débil” que provoque un primer período lluvioso escaso.

Destacó que ante ese escenario el monitoreo constante que realiza esta institución será muy importante para determinar cuál será la situación real cuando se aproxime el invierno.

En ese sentido, Milán comentó que una de las lecciones aprendidas en el 2014 fue que a veces el calentamiento del mar en el Océano Pacífico es suficiente para que exista un déficit de lluvias.

Buscar alternativas

A partir de hoy el sector privado se sentará nuevamente con el Gobierno para instalar distintas mesas de trabajo y revisar estimaciones de producción para 2015.

El presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, explicó que a raíz de los fenómenos naturales que afectaron la producción, como la sequía y los temblores, consensuaron trabajar de forma temprana para tener planes alternos ante cualquier desastre que incida en las diferentes actividades económicas.

Fiallos, desde la UNAG, apuesta por que se estudien las plantaciones y se hagan “ajustes en el tipo de siembras y la variedad de semillas”.

Señaló que los programas de asistencia técnica no se han activado lo suficiente, porque se podría llegar apenas al 15% de los productores, por eso debe ser algo en lo que se debe empezar a trabajar este año.

“La asistencia técnica ha sido siempre deficitaria e incluso los medianos y grandes productores que buscan algún tipo de asistencia todavía es muy limitada”, precisó.

Afecta economía

Mientras, el presidente de la Federación de Asociaciones Ganaderas de Nicaragua (Faganic), Salvador Castillo, precisó que la sequía mató 5 mil reses y dejó “endebles” a muchas más, sobre todo en algunas zonas donde la lluvia fue más escasa.

Sin embargo, admitió que las afectaciones fueron menores de lo que se esperaba y los productores se han visto beneficiados por los buenos precios internacionales y la demanda de compra de países como México y Estados Unidos, que también sufrieron los efectos de la falta de lluvia.

“Lo que debemos tener pendiente es que muchos productores van a vender sus reses por la falta de pasto en algunos casos y motivados por los buenos precios en otros y tampoco pueden descuidar a su ganado”, insistió.

En los primeros tres meses del año pasado, cerca de un millón y medio de personas en América Latina sufrieron las consecuencias de eventos climáticos extremos, según la Oficina de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas.

“Es algo que quizás no se pueda evitar y debemos aprender a adaptarnos”, sugiere Castillo.

América Latina afectada

En el 2050, América Latina perdería hasta 170,000 millones de dólares al año si no adopta medidas de control del calentamiento global, informó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Eso equivaldría a una pérdida del 3% del Producto Interno Bruto de la región. En la región viven 588 millones de personas con un promedio de ingresos per cápita de 9,536 dólares anuales. De mantenerse esas proyecciones, las afectaciones del cambio climático significarían una pérdida anual de 290 dólares por habitante.
El año pasado, el director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) para Latinoamérica y el Caribe, Miguel Barreto, declaró que la sequía y la plaga de roya están haciendo estragos entre la población campesina más vulnerable de Centroamérica.
“Estamos hablando de 2.5 millones de personas que viven en el corredor seco de Centroamérica. Son campesinos de subsistencia, dependientes del trabajo temporal y, debido a que no ha llovido, han perdido sus cultivos de subsistencia y adicionalmente, por la plaga de la roya en el café, tampoco tienen trabajo temporal, con lo que no tienen ingresos”, explicó.
“La sequía en Centroamérica es lo más urgente y crítico que manejamos actualmente en la región”, aseveró Barreto.