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El futuro de la educación universitaria en los Estados Unidos de América, en la próxima década, será decidido por las interrelaciones que surjan entre cinco eventos y/o tendencias que se están dando en mi país. Estas son: cambios en el perfil demográfico de los estudiantes; aumentos insostenibles en el costo de la educación universitaria; revisiones al Acta de Educación Universitaria de 1965 por el Senado y el Congreso; la propuesta del presidente Obama que todos los ciudadanos estadounidenses estudien los dos primeros años de estudios universitarios sin pagar un centavo en los Community Colleges; y cambios extraordinarios en la tecnología de la enseñanza.

En el frente demográfico, una tendencia salta a la vista: la matrícula universitaria crecerá más lentamente en el futuro. Los graduados de la secundaria, la fuente primordial de nuevos estudiantes universitarios, están descendiendo en el país con la excepción de tan solo 18 estados. Como resultado de estos cambios, mientras que la matrícula de estudiantes universitarios nuevos creció 38% en los últimos ocho años, en los próximos ocho años aumentará tan solo en un 10%.

En el frente financiero, una tendencia sobresale a todas las demás: durante el período 1978-2008, los aranceles universitarios más hospedaje y cuotas aumentaron tres veces más que el aumento en el costo de la vida. La reacción en el ámbito político no se hizo esperar. Por una parte, el Senado de EE.UU. elaboró una propuesta de cambio al Acta de Educación Superior de 1965, la cual, de ser aprobada, no solo reestructurará dicha acto, sino también simplificará el proceso de obtención de préstamos gubernamentales en apoyo a la educación universitaria y aumentará los fondos para asistencia no-reembolsable.

Por otro lado, el presidente Obama hace pocos días presentó el America´s College Promise Proposal, que le permitiría a todos los ciudadanos estadounidenses tener acceso gratuito a los dos primeros años universitarios ofrecidos por los Community Colleges en aquel país, sujeto naturalmente a estándares mínimos de desempeño. Apenas puedo exagerar las implicaciones de esta propuesta, la cual, sin lugar a dudas, va a tener un impacto tremendo en la educación superior de ser aprobada.

En el frente que tiene que ver con el proceso de obtención de credenciales universitarias, el aprendizaje previo, la evaluación en base a competencias, el uso de microcredenciales (conocido en inglés como ‘badges’) continuarán adquiriendo una importancia cada vez más grande en el arsenal de herramientas disponibles a los Programas de Educación Continua para facilitarles a los adultos trabajadores la obtención de un título universitario.

Finalmente, en el ámbito tecnológico, la educación en línea continuará expandiéndose. Los MOOCs se usarán como suplementos en las clases presenciales. El área donde observaremos los mayores y más sorprendentes cambios, creo que es en la integración de nuevas y existentes tecnologías de enseñanza en el aula. Esto incluirá el uso de equipo inteligente que captará las señales biométricas y emocionales emitidas por los estudiantes hacia contenidos académicos presentados, a fin de ajustar dichos contenidos; el uso de anteojos (gogles) que sobrepondrán información nueva sobre la realidad que observan los estudiantes, provocando experiencias virtuales-visuales de inmersión educativa realmente extraordinarias; y escritorios cuya superficie superior será una pantalla de control dactilar donde el estudiante podrá capturar o procesar información digitando sobre ella, y sobre la cual podrá proyectar imágenes holográficas de su profesor explicando un tema.

La revolución tecnológica-educativa va a incorporar muchas innovaciones pedagógicas recientes, resultante de investigaciones de la ciencia del aprendizaje. Yo preveo que en los próximos diez años vamos a terminar con un abanico de instituciones educativas, tecnologías educativas con diferentes niveles de integración y sistemas de aprendizaje. ¿Cuál va a ser el perfil de este abanico? Solo el tiempo lo dirá.