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Ante la llegada de un grupo de estudiantes de American College a la fase eliminatoria de un concurso internacional de proyectos sociales, impulsado por la Agencia de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, el rector de esta alma máter, Mauricio Herdocia, habla de la importancia de abrir nuevos espacios a los estudiantes y centrar la educación en el potencial de cada uno.

A su juicio, uno de los principales obstáculos para que existan más historias de éxito de nicaragüenses a nivel nacional e internacional, es que persiste la creencia de no contar con las cualidades suficientes.

“El nicaragüense tiene un potencial gigantesco, pero no lo ha desarrollado todavía, y por eso la labor nuestra como universidad es desatar la fuerza de ese potencial”, asegura.

 

¿Cuál cree que fue la clave para que estos jóvenes lograran quedar como finalistas en un concurso internacional de proyectos?

En la universidad procuramos que el joven no solamente participe en las aulas, sino que forme clubes de negocios, lo cual significa que sea un actor de grandes y medianos proyectos, y eso ha llevado a la formación del grupo de negocios que tiene un fuerte componente de emprendimiento y de innovación, donde siempre están planeando proyectos creativos que satisfagan necesidades de la sociedad en Nicaragua y que, eventualmente, sean replicables globalmente. Los estudiantes se han venido preparando para participar en diferentes eventos internacionales y fuimos convocados por Unicef, que tiene un programa global de diseño que se llama Unicef Challenge.

 

¿Qué tantas posibilidades tienen los estudiantes universitarios nicaragüenses para perfilarse a nivel internacional?

Lo primero que tienen que hacer las universidades es abrir las puertas a este tipo de contactos y promover un tipo de educación que impulse al estudiante a convertirse en un innovador, y también abrir las puertas al contacto social, por eso es que ahora (el Departamento) Vida Estudiantil ya no es simplemente para regular la vida interna en la universidad, sino para llevar la universidad a la sociedad. El nicaragüense es muy creativo, el nicaragüense tiene un potencial gigantesco, pero no lo ha desarrollado todavía, y por eso la labor nuestra como universidad es desatar la fuerza de ese potencial.

Hay que abandonar ese mito de que el nicaragüense o el estudiante nicaragüense no puede competir a nivel global, ese es el mensaje fundamental que hay que dejar aquí, que si se proponen las universidades darles un espacio y una oportunidad a sus estudiantes para vincularse al mundo exterior y aprovechar los beneficios del conocimiento, van a obtener respuestas como las que se están obteniendo en American College con el Club de Negocios; es decir, jóvenes que están compitiendo a nivel mundial con sus proyectos, pienso que eso va a reforzar enormemente la autoestima de los jóvenes.

 

¿Con qué retos cuentan las universidades para poder brindar esta apertura a los estudiantes?

Lo principal es aprovechar la existencia en Nicaragua de las organizaciones internacionales, las universidades estamos obligadas a contactar a las organizaciones internacionales, no solo a Unicef, (porque) aquí hay una enorme cantidad de organismos internacionales que realizan una labor extraordinaria en el interior de Nicaragua y a nivel global, entonces la función ahora de la universidad es salir a reclutar nuevos actores para forjar una nueva educación y un nuevo cambio cultural.

Los jóvenes nicaragüenses tienen un potencial enorme, pero lo usan limitadamente, muchas veces no creen ser capaces de competir a nivel global y en este sentido este es un ejemplo de que cuando se lo proponen tienen toda la potencialidad, no solamente de competir, sino de ganar reconocimiento a nivel internacional, y para eso hay que invitar a nuevos actores a unirse a los procesos educativos.

 

¿Cree que el uso limitado de su potencial es algo que los jóvenes arrastran desde la educación básica y media?

Nosotros en la universidad siempre hemos dicho, y eso es aplicable en todo el modelo educativo en Nicaragua, que primero hay que desatar la confianza, el espíritu de emprendimiento, la cultura de transformación y de cambio y los grandes valores que deben acompañar a un joven, (pero) esa área ha sido descuidada porque se supone que la cubren otros actores como la familia, lo cual es cierto, pero la universidad tiene también el deber de formar para que los jóvenes exploten ese inmenso potencial que llevan dentro y que usan limitadamente. Ello implica trabajar la manera en que ellos piensan, por eso es que nosotros en la universidad iniciamos los cursos con una asignatura que se llama Desarrollo del Potencial Humano. Pienso que eso va a ir transformando a las comunidades educativas, porque mientras sigamos pensando que la educación es el conocimiento externo, vamos a estar apostando solo a la mitad del ser humano, porque la otra mitad está adentro y es la más importante, porque sin esa no hay motor, no hay capacidad de emprender, innovar y transformar.

 

¿Cree que en la educación básica y media está faltando ese ingrediente?

Claro, volver la vista al interior de la persona, a la forma en que se piensa, a la fijación de metas y objetivos y a que el joven no sea un receptor pasivo de la educación, sino un actor, un protagonista en el proceso educativo.

Nuestro sueño hubiera sido que este Club de Negocios que tiene la universidad fuera interuniversitario y tener otros jóvenes trabajando armoniosamente; todos somos nicaragüenses y todos debemos trabajar por el desarrollo del país, entonces creo que todas las universidades tenemos que poner más énfasis en el desarrollo del potencial humano interno.